Arréglalo despacio, estamos apurados

Jorge Oviedo
Jorge Oviedo LA NACION
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18 de enero de 2016  

El ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, ha dejado en estos días en claro que la política fiscal para terminar con el déficit y la inflación, que son las mismas cosas, irá despacio. Que lo rápido fue la salida del cepo. El resto se ajustará, en la medida en que la economía vuelva a crecer. Razonable para un gobierno acosado por una oposición conspirativa y golpista, que abiertamente confiesa sus intenciones de derrocar a Mauricio Macri, en un nivel de acoso que no se veía desde los tiempos en que los militares que querían la impunidad acosaban las gestiones de Raúl Alfonsín y Carlos Menem.

En ese marco, un programa fiscal más duro con los gastos se habría encontrado con un nivel de resistencia insólito aun mayor que el que ya se ve, incluso desde la izquierda, que sale a defender a cualquiera que cobre un estipendio del Estado, aunque ni siquiera concurra a trabajar. ¿Alguno de ellos llamó alguna vez a una movilización en contra de la aplicación del impuesto a las ganancias a trabajadores de bajos ingresos cuando hacían horas extra?

Los supuestos revolucionarios argentinos parecen más bien decididos a montar "la revolución de los ñoquis". Miles de personas han sido tomadas sin concurso y sin reunir los requisitos para el cargo, lo dicen los decretos de Cristina Kirchner. ¿Está mal revisar eso en defensa de otros trabajadores que pagan impuestos y merecen servicios públicos dignos? Los kirchneristas y algunos otros antimacristas creen que sí, y están dispuestos para ello a defender privilegios y a empobrecer, a base de impuestos, a trabajadores leales y eficientes.

El margen es delgado y por eso, como decía el gran economista Rudiger Dornbusch, Prat-Gay y el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, aplican "política monetaria dura y política fiscal blanda". Sin duda, siguiendo a Dornbusch, están priorizando el crecimiento por sobre la baja de la inflación.

Claro que toda estrategia tiene sus peligros. "Ir lento en estos momentos, sobre todo en este escenario político, es razonable, pero también tiene sus riesgos", dice un ex ministro que prefiere mantenerse en el anonimato. "Bajar la inflación de a poco puede llevar a no lograrlo o a dejar crecer otros problemas, como distorsiones cambiarias", sostiene. Pasó muchas veces.

También cree que se requiere mucha habilidad, conocimiento y astucia por parte del secretario de Hacienda, que sepa la manera de desbaratar los bolsones de gasto inútil sin que haya demasiado conflicto. Una tarea nada sencilla para Gustavo Marconato.

La gestión internacional para volver a relaciones normales con el mundo no parece un dato menor. Incluso el presidente Macri podría encontrar en la OCDE una vía para restablecer las cosas sin empezar por el FMI, a quien el kirchnerismo pagó como nadie en la Historia, mientras lo insultaba. Para luego financiarse con intereses de más del doble con la Venezuela de Hugo Chávez.

La OCDE hace un relevamiento periódico. Es menos controversial que la revisión del Artículo IV° del estatuto del FMI, a la que se somete China, pero que Venezuela y la Argentina kirchnerista no la permitieron. Una "pavada atómica", diría Kicillof. Comenzar por ese escrutinio de la OCDE podría abrir la puerta a la normalización de relaciones con el FMI, como lo exigen los acuerdos crediticios firmados con China por Cristina Kirchner.

La situación política y el acoso destituyente exigen cuidado y evitar traspiés, como el de Prat-Gay cuando habló de la "grasa" al referirse a los planteles estatales. Alguien que lo conoce y respalda desde sus tiempos de estudiante dijo: "Alfonso, cuando habla de finanzas, muchas veces piensa en inglés y va traduciendo al castellano a medida que habla". Explicó que por eso "cuando dijo ?grasa' estaba pensando en la palabra fat, que en inglés financiero significa gasto excedentario e innecesario, es decir, el primero que se corta".

El empresario dedicado a la producción destacó: "Alfonso es un buen ministro de Hacienda, pero necesita que alguien lo baje a tierra, se hace demasiado el canchero en las conferencias de prensa, con chistes futboleros que no son graciosos".

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