Art Attack: cuando el arte invade la organización

La obra “Despertando al tigre”, de Ananké Asseff, se luce en las oficinas de Balanz Capital
La obra “Despertando al tigre”, de Ananké Asseff, se luce en las oficinas de Balanz Capital
Invertir en una colección es una forma de conectarse con las emociones, sobre todo cuando el negocio de la compañía es “frío”
Andrés Hatum
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27 de febrero de 2019  

Muchas veces nos imaginamos que Google puede sorprendernos por lo que iremos a encontrar en las oficinas. Sin embargo, entrar en Balanz Capital, una de las financieras más importantes del país, puede sorprender a más de un distraído. Esculturas, instalaciones y cuadros se mezclan con las pantallas de los traders repletos de títulos, acciones y bonos. ¿Por qué una organización financiera está focalizada en generar un ambiente rodeado de arte? ¿Qué impacto tiene?

El origen y el trasfondo. Claudio Porcel no es un desconocido en el mundo de las finanzas. Exdirector de Argencard y exdirector del Banco Liniers, hoy es accionista y presidente de Balanz Capital. "Esto empezó hace siete años, cuando después de arrancar la empresa nos había ido bien, luego de mucho esfuerzo. En ese momento nos dimos cuenta de que vendemos inteligencia, vendemos un servicio. Es algo que no se toca. Por eso nos surgió el tema del arte, que es algo muy tangible. Invertimos parte del fruto de nuestro trabajo en algo que no esté en el mercado financiero, en una reserva de valor. El arte nos movilizó más que comprar un campo o ladrillo", explica.

Isabel Pita, socia de la firma, considera que la inversión en arte es una forma de conectarse con las emociones de quienes trabajan allí. "Manejar dinero es bastante frío. No se puede transcurrir la vida con cosas frías y distantes. El arte nos permite estar conectado con cosas que trascienden, con las que sos feliz. El arte es una pasión. Y eso es lo que nos caracteriza como empresa: la búsqueda del valor, la pasión y la excelencia. Con respecto a nuestra colección, refleja el cambio como organización. No fuimos en búsqueda de cosas tradicionales, sino a cosas más arriesgadas. Tenemos obras que provocan reacción del cliente", cuenta.

La evolución de la colección. Balanz y sus socios fueron aprendiendo sobre arte contemporáneo a medida que daban impulso a la colección que tiene la empresa, una de las más grandes del país en su especialidad. "Primero contratamos a una curadora que nos enseñó mucho –aclara Porcel–. Leímos mucho sobre el tema. Así se nos fue acercando gente que nos presentó obras, galeristas, fuimos a ferias y a arteBA. Empezamos a conocer a los artistas y fuimos a sus talleres. Hasta que en arteBA nos llamaron para aportar para una donación para que el Tate Modern (Museo de Arte Contemporáneo de Londres) comprase una obra de un artista argentino. Finalmente se compró una obra con el aporte de cinco personas, entre las que estuvimos nosotros. Hoy participamos en el board del Tate. Compraron una obra de Marta Minujín, El Partenón de Libros. Esa obra está colgada del nuevo edificio del Tate. Esas son cosas que abren a la visibilidad del arte argentino".

El impacto en el cliente. Según Porcel, los clientes entran hablando de finanzas y se van hablando de arte. "Algunos se quedan perplejos mirando el tocador de Nicola Costantino. Pero la reunión financiera ocurre y, cuando termina, inexorablemente surge el impacto que genera la colección. Moviliza. Este no es un arte que es solo estético, sino que te pasan cosas desde lo emocional. La gente se va encantada desde lo que le sucedió. Por ahí está lejos de este arte, pero se va contenta y no se olvida", añade.

El impacto dentro de la organización. Juliana Fontalva es licenciada en Gestión de la Cultura y desde este año trabaja en Balanz en la gestión y administración de la colección. "Mi idea es generar una red entre todas las obras. Es un lugar raro el que tengo en la empresa, pero una vez que el resto de los empleados me tuvo confianza, se empiezan a involucrar con el arte. Los clientes también te piden que les expliques. Esto llama mucho la atención", cuenta sobre su rol.

Además de gestionar la gran cantidad de obras, Fontalva es el nexo entre las obras, los empleados y clientes. Existen en Balanz visitas guiadas para quien quiera tomarlas y entender más de la colección. El impacto de una nueva obra en las oficinas es grande, sobre todo cuando es polémica. Pita recuerda: "Cuando llegó El Ángel de la Corona, una obra de Alberto Heredia, fue toda una revolución. Es una escultura roja, hecha de madera y telas, con un pequeño angelito que sostiene una corona de espinas. Es un artista que habla de la época de extremismos y de la dictadura, y su obra tenía relación con lo que no se podía hablar y pasaba en el país. Al llegar la obra, la expusimos y se produjo el debate. Son debates que no suceden en otras organizaciones. Acá una obra nueva genera diferentes emociones en la gente".

El efecto en los recursos humanos. Cynthia Petrello es la directora de Recursos Humanos de la empresa. Según ella, el arte le facilita su trabajo. "Cuando entrevistamos gente y ven las obras dicen: ‘¿Este es el ambiente de trabajo?’ ‘¿Rodeado de esto voy a estar?’ ‘¡Vengo de una oficina donde no me da la luz!’", cuenta.

"Acá en Balanz no podemos mentir con el ambiente de trabajo. Ves lo que somos. Internamente, el arte es un disparador para seguir hablando entre todos. Me acuerdo la primera obra de arte que tuvimos. Salimos de hablar del dólar a meternos a otros temas más emocionales", recuerda, y añade: "El arte mezclado entre la gente de la oficina nos pone en un lugar de valor, de elegidos, de especialistas. Algunos empleados es la primera vez que tienen acercamiento al arte. Una vez que se animan, se vienen todos a preguntar".

El futuro. "En el subsuelo del edificio estamos armando un lugar especial, con mesas comunes y rodeado de arte. Son los lugares típicos de Nueva York, con techos altos, más fabriles. Ahí las obras van a dialogar en otro contexto y esperamos recibir a clientes en ese ambiente. Ahí vamos a poner instalaciones y grandes esculturas que no están acá por un tema de espacio. Nos gusta convivir con lo que nos da placer", comenta Pita.

Porcel reflexiona: "En la vida hay que ser protagonista. Esa es la personalidad de esta empresa. Lo que nos caracteriza. Es nuestro espíritu. Nos gusta ganar, hacerlo mejor que nadie y buscar de la excelencia. Y queremos hacerlo divertido, pasarla bien".

"Somos apasionados –concluye Pita–. El arte es parte de lo que somos, de esa impronta de innovación, pasión y convicción de lo que hacemos". El futuro dirá cómo evolucionó la colección... y la empresa.

Obras y finanzas

"Esto empezó hace siete años, cuando luego de arrancar la empresa nos había ido bien, con mucho esfuerzo. En ese momento nos dimos cuenta de que vendemos inteligencia, un servicio. Es algo que no se toca. Por eso surgió el tema del arte, que es algo muy tangible. Invertimos parte del fruto de nuestro trabajo en algo que no esté en el mercado financiero, en una reserva de valor. El arte nos movilizó más que comprar un campo o ladrillo", explica Claudio Porcel, presidente de Balanz Capital

El autor es PhD y profesor de la Escuela de Negocios de la UTDT

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