
Buffalo Bill, un gigante del afiche
Un cartel fechado en 1878 del espectáculo del oeste de Buffalo Bill acaba de ser descubierto durante las tareas de demolición de un antiguo muro en la ciudad de Jamestown, Estados Unidos. El Arts Council del condado se abocó inmediatamente a la restauración de la obra, de extrema fragilidad debido a los materiales empleados, papel sobre madera. La noticia la dio a conocer Associated Press.
Se trata de uno de los primeros afiches que promocionaron el show "Buffalo Bill´s Wild West", que comenzó en teatros de provincia en 1872, antes de instalarse bajo grandes carpas que permitieron dramatizar en gran escala las hazañas de "los mejores jinetes del mundo", las emboscadas de carretas en las que invariablemente perdían los indios, y las proezas con el rifle de la legendaria tiradora Annie Oakley.
El circo de William F. Cody prologó, en vivo, las películas de vaqueros y globalizó la leyenda del cazador de búfalos mucho antes que Hollywood. El espectáculo, en el que no faltaron los "south american gauchos", ni extravagancias como "los caballos que juegan al fútbol", haciendo rodar una pelota más grande que los equinos, se paseó por Europa encandilando a aristócratas y prominentes funcionarios. De la platea, la reina Isabel, el príncipe de Gales y Gladstone y otras celebridades pasaron a adornar los carteles de promoción en respaldo de la frase "Distinguished visitors to Buffalo Bill´s Wild West".
Los anuncios reflejaron, incluso superaron, los colosales despliegues de los centauros del oeste norteamericano, y convirtieron a su inspirador, Buffalo Bill, también en un pionero del "outdoor" o publicidad exterior.
Un francés, Jean Alexis Rouchon, aplicó por primera vez la técnica del color al cartel publicitario, iniciando la revolución cromática en la vía pública. Fue en 1840, seis años antes de que naciera Buffalo Bill. Rouchon murió en 1878, dejando anuncios que llegaron a tener tres metros de alto.
Buffalo Bill los estiró hasta alcanzar dimensiones monumentales, que hacia 1899 desbordaron los 40 metros. El hallado recientemente en Jamestown, uno de los que iniciaron la larga serie que bajo el cuidado personal del héroe de la pradera duró hasta principios del siglo pasado, mide 8 x 3 metros.
Si los anuncios de Rouchon acabaron para siempre con las paredes grises de París, los de Buffalo Bill festonearon con impresionantes imágenes las calles y rutas de acceso a los lugares donde se asentaba el circo. Pero no sólo por sus excepcionales medidas, desconocidas hasta ese momento, sino también por su contenido, que a veces abarcaba varias escenas concatenadas, los carteles de Bill fueron a la publicidad lo que el cinemascope significó luego para el cine.
Uno de ellos enlazaba jinetes al galope corriendo en ayuda de un tren de diligencias atacado por los indios. Mostraba caballos despanzurrados, cadáveres desparramados en la pradera, mujeres con niños en los brazos pidiendo ayuda a gritos.
La visión de los vaqueros y los indios emplumados que adoptó Hollywood y que desde entonces recorre el mundo fue acuñada por Buffalo Bill; siempre empleó a miembros de la tribu sioux en sus espectáculos (los apaches eran menos decorativos, no usaban plumas), con los que mantuvo una mortal relación durante sus años de cazador de búfalos al servicio del ferrocarril.
Las empresas tenían que alimentar a miles de trabajadores en lugares inhóspitos, donde el único alimento a mano eran esos animales. Pero había que cazarlos. Bill llegó a matar los solicitados, doce por día, a cambio de un salario de 500 dólares mensuales, una fortuna para la época.
Este trabajo sirvió para acuñar el apodo con que se lo conocería no sólo en los Estados Unidos, sino también en el mundo entero, e inspiró más tarde el espectáculo que lo haría famoso.
William F. Cody, su verdadero nombre, había comenzado como correo del legendario Pony Express, en 1860; poco después se alistó en la caballería y participó de la guerra civil. Finalmente la emprendió contra los indios.
Un adelantado
Las novelas de diez centavos, a fuerza de exagerar sus proezas, iniciaron su popularidad. La dramatización de sus aventuras en teatros, circos y ferias hizo el resto.
Jack Rennert, en su excelente introducción y comentario de "100 posters of Buffalo Bill´s Wild West", consigna que de 1883 a 1916 (Bill murió en 1917) el show fue visto por más de 50 millones de personas en 1000 ciudades de doce países. Bill no sólo inventó el cartel gigante, también fue un adelantado de la globalización.
"Cuando invadió Inglaterra, en 1887, con doscientas personas y otros tantos animales, llevó con él un arsenal de afiches, que provocaron tanto interés como el propio espectáculo", consigna Rennert. Bellos testimonios de aventuras de una violencia y crueldad diluidas por el tiempo y la nostalgia de la vida silvestre, los afiches duraron mucho más que las paredes, las vallas y los soportes de hierro que los sostuvieron. La última prueba de su resistencia al tiempo acaba de darla el hallazgo de Jamestown.






