Buzos que ganan $77.000 al mes
Trabajan un tercio del año en el sector petrolero
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RIO DE JANEIRO.- Una carta sobre la heladera da la señal para que el joven Bruno comience a llorar. Su padre va a estar cuatro asados de domingo lejos de casa. Con esa despedida del primogénito Bruno, de 13 años, y de Luisa, de 10 años, comienza la rutina del buzo Marcos Pedrosa, que desde hace 17 años queda confinado 28 días en una cámara hiperbárica, sólo saliendo a las profundidades del mar, un total de cuatro meses al año.
Ese es el plazo máximo permitido por ley para ese trabajo en Brasil. Son pocos los que se atreven a descender a 300 metros para hacer arreglos y mantenimiento de las plataformas de producción de petróleo y gas de Petrobras y de otras empresas.
El salario de hasta 35.000 reales brutos por mes (el equivalente a unos 77.000 pesos argentinos) es uno de los atractivos para el buceo de profundidad. Sin buceo, el salario es de alrededor de 4000 reales ($ 8800). Pero todos coinciden al afirmar que el buceo es una cachaza (diversión). Pedrosa, en los descansos, que son de la misma extensión que los períodos de confinamiento, se divierte haciendo caza submarina.
"No lloro más cuando veo a mi papá irse. Sólo cuando nos deja las cartas, porque estamos durmiendo o en la escuela", cuenta Bruno.
A partir de esa despedida, la familia de Pedrosa estará compuesta por los tres compañeros con los que comparte la vida dentro de una cámara hiperbárica (dentro de un navío de apoyo) durante 28 días seguidos.
Es el único trabajo confinado del planeta y también el más peligroso. Sólo se da algo similar fuera de la atmósfera terrestre, en el caso de los astronautas. Salir de la cámara antes del tiempo necesario para la despresurización puede significar la muerte. Los buzos deben permanecer en el compartimento de 28 metros cúbicos para adaptarse a la presión atmosférica que encuentran al trabajar a 100, 200, 300 metros de profundidad, lo que corresponde a un edificio de cien pisos, como el World Trade Center, debajo del agua:
"Nos quedamos en la cámara, respirando una mezcla de gas helio y oxígeno para adaptarnos a la presión del fondo del mar. Para bucear a 300 metros, tenemos que pasar 24 horas respirando esa mezcla antes de descender", explica Diómedes Caetano de Moraes, buzo desde hace 28 años, que pretende dejar de trabajar en breve. "Quiero atender a mi nietita María Eduarda, de 2 años, y tener una novia."
En medio de la madrugada
Ahora es María Eduarda la que llora al ver al padre salir para trabajar embarcado. El yerno de Caetano también es buzo, pero de aguas playas, sin confinamiento. En esa categoría hay cerca de mil trabajadores, según Pedrosa, que es dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores Subacuáticos y Afines (Sintasa). Hay 150 buzos de aguas profundas.
La oscuridad es completa a partir de los 150 metros de profundidad. La luz del sol no penetra en el lugar de trabajo de esos buzos. Sólo las linternas de los cascos y del robot que filma a los buzos iluminan el tiempo pasado en el fondo del mar, que varía de tres a seis horas, según la profundidad.
"Después del trabajo tenemos que descansar 12 horas. Luego de eso, podemos ser activados en cualquier momento. Da ganas de renunciar cuando estamos durmiendo, calentitos, y nos llaman a las 2 de la mañana para bucear."
Para contar el tiempo, igual que el joven Bruno, los buzos usan el menú. El domingo hay asado, el sábado feijoada, el viernes toca guiso, todo servido en el barco. "Son cuatro asados hasta volver a casa", cuentan.
El teléfono dentro de la cámara fue una de las mayores conquistas cinco años atrás. Así es posible hablar con la familia todos los días. El problema es que la mujer y los hijos se tienen que acostumbrar a la voz modificada por el gas helio. Bruno, cuando tenía 6 o 7 años, al atender la primera llamada de su padre, llamó a su mamá y le dijo: "Mamá, el Pato Donald quiere hablar con vos". El gas helio deja la voz como el graznido de un pato, dificultando la comprensión.
En el confinamiento de la cámara hay mucho ocio. Actualmente tienen televisión con canales cerrados y abiertos y muchas revistas. Aunque también el confinamiento crea situaciones dramáticas. No se le puede contar al buzo de la muerte de un hijo, de la madre, de la mujer. La familia ya sabe que debe dar esas noticias al personal de apoyo.
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