
Cae la actividad económica en los pueblos que sufren la sequía
En Coronel Pringles, los comercios venden menos por la desaceleración del agro
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CORONEL PRINGLES.- Carlos Llano no tiene campo ni piensa tenerlo. Entre sus parientes no hay productores ni adherentes a la Sociedad Rural. Sin embargo, reza todos los días para que la lluvia vuelva a Pringles y traiga una cosecha gruesa aceptable.
Su problema es que Llano es propietario de la gomería que atiende al 80% de los establecimientos agropecuarios del pueblo. Y paga los efectos de la seca como un productor más. "Mi venta normal mensual de gomas grandes es de 40 o 50 por mes. Entre julio y agosto vendí 6 en total. Estoy a pérdida", dijo Llano, mientras supervisaba la reparación de un auto en la fosa. Los clientes particulares, el 50% del negocio, son los que le están salvando el mes. Al otro 50%, los clientes del agro, ni se los ve, por la paralización que viven las faenas agropecuarias por la falta de agua.
Llano es uno de los tantos comerciantes de Coronel Pringles que está de brazos cruzados por culpa de la fase seca que vive la región desde 2004. Con sus 542.000 hectáreas, los habitantes del partido viven del movimiento que generan sus 380.000 cabezas de ganado, 90.000 hectáreas de trigo, 40.000 de girasol y 7000 de maíz. Al igual que los vecinos Saavedra o Puán, la gente de Pringles vive por y para el agro. Y desde 2004 sufre a causa de él.
"Tenemos un 40 por ciento menos de acopio de cereal, por culpa de la mala cosecha de 2005. No sé qué va a pasar en 2007, ya que se sembró un 40 por ciento menos", explicó Oscar Desiderio, de Cersem, un acopio de 20.000 toneladas. "Mi negocio se achicó un 40 por ciento por la seca. Y ya venimos de un par de años malos", dijo Jorge Bastard, propietario desde hace 47 años de las casas de repuestos más grandes del pueblo.
Cuarenta es el número al que todos juegan en la quiniela en Coronel Pringles. Hay 40% menos de ventas en los comercios que dependen del agro (la mayoría, porque el campo es el mayor generador de actividad económica del lugar) y 40% menos de trigo sembrado. Con el girasol y el resultado del trigo, nadie se atreve a arriesgar un número. "Además del 30 o 40 por ciento menos que se sembró, del resto sólo la mitad estaría en condiciones aceptables. Es decir: sólo un 45 por ciento de la cosecha se salvaría", explicó Manuel Domínguez, presidente de la Sociedad Rural local y delegado de Carbap.
La ganadería es la actividad más crítica. Domínguez estima que la mortandad de animales por alimentación deficiente ya alcanza al 15% de los rodeos y que se fueron 90.000 animales del partido. "Se vendieron mal, pero muchos prefieren malvenderlos que tenerlos en el campo y que se mueran", agregó el productor.
Aumento de costos
Los que salvaron los animales tuvieron que pagar mucho. Rafael Bastard, por ejemplo, ya tuvo un costo en alimentación de 60 centavos por kilo (en un planteo pastoril) y duplicó el número de rollos. Reinaldo Arosteguy ya está 200 animales por debajo del promedio histórico de su campo (700 cabezas) y tuvo que usar maíz y pellet de afrechillo para alimentar a las vacas (260 y 300 pesos la tonelada, respectivamente). Arosteguy y Bastard son socios en otro negocio, que podría ser la salvación, de no ser porque también depende del movimiento agropecuario: la proveedora de insumos R&R. "Estuvimos casi todo el año parados hasta hace unas semanas, cuando, muy lentamente, se empezó a mover un poco la cosa, por los 20 milímetros que cayeron", contaron los socios. "Hay una mezcla de factores negativos que se potencian entre sí: la sequía que afecta a la zona, y la incertidumbre, cuando no se sabe qué va a pasar con el mercado del trigo en los próximos meses", reflexionó Ricardo Villar, del acopio Pucará SA.
En medio de las quejas de los comerciantes, los responsables de las estaciones de servicio agregaron otro problema: el desabastecimiento. Algunos, como Fabián Peyotte, de la estación La Tacuarí, de YPF, tiene un aumento de demanda debido a la escasez en otros pueblos. Jorge Uruñuela compensa la pérdida de clientes del agro con el aumento del tránsito de camiones.
Otros, como Alberto Martínez, de Estación Atalaya, hace malabarismos para distribuir la cuota que tiene (200.000 litros), un 50% de la de años anteriores. Todos están en una disyuntiva: saben que la seca es mala, pero también saben que si llueve el problema de la sequía será reemplazado por el de la falta de gasoil, en una de las épocas de mayor demanda del año por las tareas de siembra de los granos gruesos.
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