Desde Federcitrus advirtieron que no hay menciones específicas a frutas y apuntan a que la apertura del mercado norteamericano se incorpore en futuras conversaciones
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La firma del acuerdo de reciprocidad comercial entre la Argentina y Estados Unidos, concretada la semana pasada, generó expectativas dispares en el entramado agroexportador. Mientras algunos sectores lograron definiciones arancelarias y cuotificación concreta, otros quedaron fuera del texto a la espera de que se conozcan los puntos de exigencia y las prioridades que finalmente planteará la Argentina en la mesa bilateral. Entre ellos, la citricultura dulce —naranja y mandarina—, que desde hace años trabaja para acceder al mercado norteamericano y que esperaba una mención explícita en el entendimiento sellado entre ambos países.
El documento del acuerdo no detalla el ingreso de los cítricos dulces argentinos a Estados Unidos. “No hay referencia específica ni a la citricultura ni a las frutas en general. Simplemente una invocación a agilizar todos los trámites para eliminar trabas al comercio de bienes originarios del agro”, dijo a LA NACION José Carbonell, presidente de Federcitrus.
De acuerdo con los analistas del sector, el acuerdo establece concesiones arancelarias relevantes, aunque desiguales. En términos de posiciones arancelarias, Estados Unidos concede 931 posiciones y la Argentina 5615. Además, la Argentina lleva a un arancel cero unas 4600 posiciones, mientras que Estados Unidos reduce a cero alrededor de 350. Entre los productos beneficiados aparecen insumos para la industria farmacéutica, aviones, minerales raros y algunos productos agroindustriales, como panificados y té. En ese listado, los cítricos figuran mencionados de manera general, pero sin una habilitación concreta ni un protocolo sanitario específico para seguir en tratativas.

“Lo que sí tiene el acuerdo es una definición puntual para algunos rubros, como acero o aluminio, y una mención genérica a los sectores que podrían ser beneficiados luego de análisis y ponderaciones. En el caso de la Argentina, eso se refiere en forma amplia a productos agrícolas. Hasta ahí llega el texto; no hay más precisiones”, detalló Carbonell.
Según remarcó, esto no los tomó por sorpresa, aunque sí tenían toda la expectativa de estar incluidos dentro del marco general por el trabajo acumulado en los últimos años con los diferentes funcionarios. “Desde que se abrió el mercado para el limón en 2017, y como esa apertura fue exclusiva para ese producto, comenzamos toda la tarea para lograr el ingreso de los cítricos dulces portátiles de la Argentina, que hoy son naranja y mandarina”, recordó.
Según detalló, el proceso de inclusión se dio a través de gestiones continuas ante distintos gobiernos, contactos con encargados de negocios y un seguimiento técnico exhaustivo ante el Servicio de Inspección y Seguridad Alimentaria de Estados Unidos (FSIS). “La Embajada Argentina en Washington conoce de memoria nuestros argumentos y todo el trámite que se hizo. Hemos invertido en viajes, tiempo y recursos. Hoy nos falta acceder al nuevo canciller, Pablo Quirno, para retomar formalmente la gestión”, explicó.

Carbonell destacó, además, el papel que había tenido el excanciller Gerardo Werthein en instancias previas con respecto a este tema: “Con él tuvimos una relación muy estrecha, al punto de que mencionó la apertura de los cítricos dulces en declaraciones públicas, incluso como uno de los primeros temas del acuerdo Mercosur-Unión Europea. Quirno no lo conoció como canciller, sino desde su paso por Economía”.
Más allá de la omisión en el acuerdo, el sector mantiene intacta la confianza en que el ingreso al mercado estadounidense es viable. “Nos tenemos confianza porque están dadas todas las condiciones”, afirmó Carbonell. Entre los factores clave se mencionó la fuerte caída de la producción norteamericana de naranjas, especialmente en Florida. “De producir unas 400 millones de cajas, hoy se habla de apenas 10 o 12 millones. Es una caída brutal”, graficó.
Según mencionó, este escenario obligó a Estados Unidos a incrementar importaciones desde otros orígenes, como Uruguay. “Buena parte de nuestra naranja ya está entrando a Brasil por medio de Rio, sin problemas. Además, no le vamos a quitar espacio a nadie: los volúmenes iniciales serán bajos”, aclaró.
Actualmente la Argentina exporta naranjas a Europa y a países limítrofes como Paraguay y Brasil, tanto para industria como para consumo en fresco. “El mercado norteamericano tiene características muy distintivas, no solo por precios. El solo hecho de estar habilitado, de contar con un protocolo aprobado, es un blasón que califica y abre puertas en otros destinos”, subrayó.

El dirigente fue enfático en destacar la estrategia de prudencia. “Las expectativas son absolutamente bajas, porque no queremos entrar en conflicto ni con negocios ya armados de importadores y proveedores, ni con los propios productores californianos, que pesan mucho en estas decisiones”, explicó y puso como ejemplo el caso del limón: “Arrancamos con cantidades muy pequeñas y en 2024 se llegó a exportar casi 100.000 toneladas. Tal vez fue un poco más de lo conveniente, porque sobre el final de la campaña los precios fueron muy bajos y hubo quebrantos. En 2025 la exportación bajó a la mitad y no tuvimos problemas”.
Señaló que, en paralelo, la producción de naranja en la Argentina muestra una tendencia ascendente. “En Tucumán se erradicaron muchas hectáreas de limón y algunas se implantaron con naranja. También hubo crecimiento en Jujuy, Salta, Entre Ríos y Corrientes”, detalló. Si bien aclaró que la naranja es un cultivo de maduración más lenta, aseguró que “a cinco o seis años la Argentina va a tener cantidad y calidad suficiente para abastecer no solo al mercado norteamericano, sino a otros que vayan surgiendo”.
El sector prevé una producción de naranjas que podría asemejarse en volumen a la del limón, aunque con un clúster industrial menor, dado el peso del mercado interno y la fuerte absorción regional. “Había expectativa de que esto estuviera expresamente consignado, por todo lo que se había iniciado. Tenemos que redoblar el esfuerzo para que en el primer texto de las autoridades negociadoras argentinas el tema esté claro. Falta esa parte: por ahora solo tenemos una versión”, resumió.
El año pasado, la Argentina exportó a Estados Unidos 48.742 toneladas de limón fresco, por un valor estimado de 33 millones de dólares, según datos del Indec.
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