
Andrés M. Carretero se distinguió por la exhaustiva búsqueda de documentos históricos sobre la vida del gaucho
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En la trayectoria de Andrés Manuel Carretero hubo una constante: la exposición y el análisis de los hechos históricos se basaba en una rigurosa labor documental. Según él mismo contó, pasaba largas horas en el Archivo General de la Nación, el Museo Mitre, la Biblioteca Nacional y la Academia Nacional de la Historia, buscando citas, documentos iné-ditos e imágenes, para ilustrar algún hecho preciso.
Este investigador de la historia argentina, que falleció el 10 del actual, a los 77 años, reflejó en sus crónicas un fuerte interés por situar los hechos en el marco económico y social en el que se desenvolvían, y superar, de ese modo, lo que consideraba valoraciones arbitrarias. Aun quienes discreparon con él, admitieron la franqueza de sus planteos y la independencia de su pensamiento.
Construyó su saber con la libertad y el empeño del autodidacto. Reconocía que la disciplina que se adquiere en la universidad había podido conquistarla en las tardes que pasaba hojeando viejos archivos.
Hay que aclarar, sin embargo, que la atención que ponía en la letra escrita se trasladaba también a las escenas callejeras.
Es decir, su interés por la historia no estaba desvinculado de su inquietud por el presente. Los libros dedicados a los chicos de la calle y a la historia de la prostitución en Buenos Aires muestran un espíritu sensible hacia la marginalidad creciente.
Escribió más de una veintena de libros, en su mayoría agotados. Entre esas obras se destacan: "Los Anchorena", "Dorrego", "Anarquía y Caudillismo", "La llegada de Rosas al poder", "Ida y Vuelta de José Hernández" (ensayo en el que estudia la iniciación política y periodística del autor del Martín Fierro), "Orígenes de la dependencia económica argentina", "Anarquía y caudillismo", "La Santa Federación", y "Tango, testigo social". También merecen destacarse los recientes tres tomos de "Vida Cotidiana en Buenos Aires", que cubren el período que va de 1810 a 1970, y el "Gaucho argentino. Pasado y presente".
Estos trabajos le valieron la incorporación en la Academia de la Historia de la Ciudad de Buenos Aires, y en la Academia Nacional del Tango, donde trabajó como director de la biblioteca. Hasta sus últimos días dio clases en la Escuela Nacional de Tango, ubicada en el Centro Cultural Borges. Hace pocos meses Ediciones Margus publicó su último trabajo: "El tango, la otra historia".
Carretero llevó adelante una editorial propia: "Pampa y Cielo", que publicó, en 1965, 5 tomos: "La época de Rosas", de Ernesto Quesada; "Historia económica argentina", de Ricardo M. Ortiz, "La conquista del desierto", de Eduardo Racedo, y "Diario de la expedición al desierto", de Juan Manuel de Rosas. En sus viajes por el interior del país, durante los años en los cuales trabajó como vendedor de libros, había comprobado el interés del lector medio por los asuntos históricos, de ahí que, como editor, se preocupara por facilitar el acceso a las fuentes. Carretero también volcó sus conocimientos en notas que fueron publicadas en el diario Clarín, en La Gaceta de Tucumán, y en las revistas Todo es Historia y Noticias. Hace muchos años había intentado llevar adelante un periódico escolar que bautizó "El día de la historia", y que, con el aval del Ministerio de Educación, llegó a repartirse en algunas escuelas. El proyecto tenía por objetivo difundir las efemérides entre los más chicos, y acercarles información documental, que complementara el contenido de los libros escolares.
Reivindicación del gaucho
"El gaucho, mito y símbolos tergiversados" (Escorpio, 1964) fue la base de una investigación posterior, que dio como resultado un nuevo libro sobre el tema, en el que reconoce que "el gaucho tiene vigencia en nosotros porque no queremos someternos a nadie. Nuestra búsqueda de una libertad sin restricciones es herencia espiritual del gaucho", había dicho a LA NACION.
Desde el prólogo, el autor señalaba que había tratado de mantener un delicado equilibrio entre los documentos históricos, la bibliografía editada, las apreciaciones vertidas con anterioridad por otros autores y sus propias ideas, para evitar la gauchofobia y la gauchofilia.
En este sentido indicaba que "en las actas de los distintos cabildos se reitera la designación de vagos sin oficio ni beneficio, simplificando en unas pocas palabras a los hombres que huyen de las obligaciones maritales, vivanderos, pícaros, ladrones, bribones de toda laya, a los que se agregaban prostitutas, cómicos de la lengua, desertores, desvalidos, pobres de solemnidad y otras categorizaciones que la sociedad capitalista tenía para designar a los desposeídos de propiedad y que se resistían a ingresar al ejército reglado de la mano de obra".
La legislación -insistía- reflejó la precaria ubicación del gaucho en la sociedad de su tiempo. El autor apuntó, además, que la transformación del gaucho en compadrito no ha sido debidamente estudiada. En ese nuevo personaje -subrayaba-, el gaucho pervive a través de la tradición cultural materializada en la guitarra.
Las investigaciones de Andrés M. Carretero -en algunos casos, monumentales- resultan valiosa referencia para comprender los vertiginosos escenarios sociales de distintas épocas de la Argentina.
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