
El pediatra Angel Rico reconvirtió un agotado campo algodonero con este cultivo
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LA BANDA, Santiago del Estero (De una enviada especial).- En un lote de 35 hectáreas, tradicionalmente dedicado al cultivo de algodón, el pediatra Angel Rico cultiva alcaparras.
En esa propiedad, los rindes habían decrecido por agotamiento del suelo. Y los precios no eran un incentivo para continuar la actividad. Pero Rico no quería desprenderse del lugar que, aunque degradado, conservaba la impronta de su suegro, agricultor de toda la vida.
Entonces empezó la búsqueda de alternativas. Frente a un artículo periodístico descubrió que "las alcaparras se adaptan a tierras pobres y climas áridos. Y que en la Argentina se consumen 20 toneladas". En ese instante, le nació una pregunta o, mejor dicho, un desafío: ¿por qué no intentarlo?
"Me aventuré porque no había competencia en el país", confía. Hoy, Rico observa los manchones de salitre donde no crece nada... excepto alcaparras, "que no son las más grandes ni las más bellas, pero demuestran lo que se puede hacer en campos marginales".
Para los distraídos, presenta su producto: "Lo que consumimos como alcaparras son botones florales cerrados, cuyo tamaño no sobrepasa al de una arveja. Las raíces de esta planta pueden extenderse hasta 10 metros en busca de humedad".
En el campo se efectúa la multiplicación. Cada año se obtienen entre 4000 y 5000 plantines para trasplantar.
"Nos gustaría que gente de la zona produjera alcaparras para expandir el negocio. Nos llegan pedidos que exceden nuestra capacidad productiva. Desde España, por ejemplo, necesitan 20 toneladas mensuales y ¡no tenemos producción ni para llenar un contenedor!"
¿Por qué piensa en abrir el juego en lugar de multiplicar su escala y capitanear el negocio? "Ya es demasiado trabajo manejar nuestras 15 hectáreas, necesitaría más gente para la cosecha y aquí no es fácil encontrar mano de obra."
El productor cuenta que si bien hay gente interesada, se desmoraliza al enterarse de que, para alcanzar una ecuación económica rentable es necesario esperar cinco años. Pero enseguida argumenta: "Es un cultivo alternativo... Mientras se espera la rentabilidad, se vive de la estructura ya montada".
Sin embargo, aclara que la inversión inicial es mínima. "Los plantines cuestan $ 2 y cada hectárea demanda 625. Si se considera que la vida útil se proyecta 45 años y que por hectárea pueden obtenerse hasta 3500 kilos anuales, el negocio resulta interesante. Además, en lotes chicos no se necesita maquinaria, basta con una pala, una azada y una tijera de podar".
Para apuntalar la decisión, Rico informa que, a granel, el kilo de alcaparras no sobrepasa los 5 dólares, pero en forma fraccionada, ronda los 15 dólares.
"Ganar un mercado es tan difícil como hacer plantas. Vimos cómo las firmas españolas e italianas presentan sus productos en las góndolas locales. Y como no encontramos frascos parecidos, buscamos unos que le dieran carácter diferencial."
El primer supermercado al que conquistó fue Disco. Ahora también concreta negocios con Norte.
También consiguió armar una cartera de restaurantes tucumanos. Los buscó en la guía telefónica y les envió una carta. Pactó con una distribuidora y ahora vende entre 60 y 70 kilos por bimestre.
Llegar a lugares más lejanos y con producciones bajas es para él un esfuerzo desmesurado. Por eso forma parte de la recién inaugurada Cámara Argentina de Productos Alimenticios Finos. "El objetivo es darnos apoyo mutuo. Y eso implica, entre otras cosas, presentarnos los clientes."
Para consolidarse, Rico lanzará un producto original: alcaparras deshidratadas, que sirven como condimento.
A la hora de evaluar su trayectoria, sintetiza: "Cometimos errores en todo, pero asimilamos lo aprendido... Hoy somos más cautos".
"Para dedicarse a las alcaparras sólo se necesita paciencia y creatividad", vocifera desde este campo rodeado por el monte virgen.






