
En la chacra El Sosiego, la familia Vescovo produce verduras y carnes con un sistema cuya consigna es preservar el suelo y la salud del consumidor
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ROLDAN, Santa Fe.- A pocos kilómetros de aquí hay, desde hace casi un año, una chacra dedicada a producir verduras y carnes, cuyo desafío es desarrollar proyectos tendientes a lograr cantidad, calidad y continuidad. La principal característica es que los alimentos se obtienen renunciando al uso de agroquímicos y prestando cuidado a la preservación del suelo.
Claudia Vescovo, su esposo Emilio y sus hijas María Emilia (9) y María Soledad (6) son los encargados de llevar adelante el cultivo de casi 20 tipos de verduras y la crianza de pollos, conejos, cerdos y perdices españolas, en el contexto de la producción orgánica.
Para la familia, el propósito final es que la gente confíe en una larga cadena que comienza con el cuidado de la tierra y finaliza con la entrega del producto final.
En el kilómetro 326 de la ruta nacional 9 -cerca de Rosario- hay un casco de estancia que tiene un cartel que dice: "Chacra El Sosiego, productos orgánicos". Al ingresar, uno se encuentra con la simpleza de una familia que pretende trabajar la tierra y producir pensando en preservar la salud de la población y proteger la naturaleza.
La familia vivió muchos años en la Capital Federal, hasta que decidió adquirir un casco de estancia con diez hectáreas de terreno. Tras emprender tareas de reciclaje en la vivienda (de impecable estilo colonial), comenzó en marzo de 1997 a producir verduras orgánicas.
Anteriormente, en la estancia funcionaba un tambo. Claudia explicó que tenía un suelo rico en nutrientes; no obstante, se tuvo que talar un monte y colocar 11 camionadas de tierra. Además de la superficie dedicada a la producción orgánica, junto al INTA Roldán, se destinó un sector del predio a conformar un centro experimental de multiplicación de hierbas aromáticas. "Los pollos corren libres por el campo y tienen una alimentación sana sobre la base de maíz y alfalfa. Tienen un crecimiento más lento, pero la carne es más sabrosa", acotó la productora. La actividad se complementa con la producción de huevos de gallina y dulces. Señaló que la producción de verduras orgánicas tiene otros fundamentos que son diferentes de la producción de las convencionales, y agregó que cada cultivo está asociado a otro diferente para que intercambien nutrientes y se ayuden para combatir las plagas.
Las asociaciones conservan la fertilidad del suelo. Juntas logran compartir ciertas sustancias que sirven de herbicidas. Para repeler las plagas se utilizan preparados naturales hechos con tabaco. El puré de ortiga (se macera y se fermenta en un tanque) se usa para fertilizar la planta y estimular el crecimiento. Hay otros preparados de ajo y ají. Las hormigas se repelen con una sustancia que involucra al fruto de la planta de paraíso.
"Lo importante es lograr un control biológico y un manejo de lo natural que no perjudique a los enemigos naturales de las plagas", acotó la productora, que ejemplificó: "El uso de insecticidas mata a la totalidad de los insectos, y para nosotros eso es perjudicial".
El compostado se produce en el campo y está hecho sobre la base de estiércol de pollo y de conejo. Es una forma de reciclar todo lo indispensable para que el suelo contenga los elementos necesarios y las verduras puedan desarrollarse sanas y vigorosas. "La gente concurre al establecimiento porque valora un sabor diferente y se siente bien al consumirlas", señaló Claudia a La Nación .
Al ser consultada sobre las diferencias que existen entre una verdura orgánica y otra convencional, indicó que la lechuga tiene un 72 por ciento de calcio contra un 17 por ciento que posee la convencional.
"Al margen de la rentabilidad, intento concientizar a la gente sobre el cuidado de la salud", recalcó Claudia.






