Primer paso: con la fundación de la Sociedad Rural Argentina el campo pasó a tener un papel preponderante en la vida económico-política del país.
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Un capítulo aparte. La Sociedad Rural Argentina (SRA) sin duda lo merece. Muchos leerán sorprendidos que en 1826, por iniciativa de Bernardino Rivadavia, el cónsul inglés Parish y Domingo Olivera, secretario de Relaciones Exteriores, fue fundada la primera sociedad. Se trataba de una unión comercial por acciones que tenía por objeto negociar ganados.
La empresa se desarrolló bien hasta 1829, en que sufrió los efectos de los malones, que le llevaron seis mil vacas y todos los yeguarizos, según detalla la Gran Enciclopedia Argentina.
Pero realmente en 1866 fue reanimada la primera idea de crear una sociedad rural por José y Benjamín Martínez de Hoz y otros ganaderos prominentes. Aprobadas las bases de Olivera se le dio el nombre emblemático de Sociedad Rural Argentina el 16 de agosto de ese año.
"Cultivar el suelo es servir a la patria" se constituyó más tarde en el lema legendario de la entidad. Y el organo de difusión creado en 1867 se llamó Anales de la Sociedad Rural Argentina, que hoy sigue saliendo. La primera exposición de ganadería se realizó en el local de Florida y Paraguay, un sitio cedido por Leonardo Pereyra, en 1875.
Con el paso de los años las exposiciones se transformaron en un acontecimiento de la vida social en el país y sus premios fueron un constante aliciente para las mejoras de las razas y el esmero en la superación.
Se le puede atribuir a esta entidad un aspecto sobresaliente de la prosperidad argentina y del prestigio de su producción ganadera en el mundo consumidor de carnes. Los hombres de la Sociedad Rural, por su posición económica sólida, por su participación en la renta nacional, tuvieron gravitación indudable en la vida política y social del país.
"Primando su criterio y sus intereses hasta que el desarrollo industrial, resultante de las dos guerras mundiales, comenzó a establecer un equilibrio de fuerzas e influencias", detalla la enciclopedia en la página 568.
Hoy, la remosada SRA, con flamantes salas de conferencias, espacios techados y toda la tecnología digna invita a que la Capital Federal observe año tras año que el campo tiene vida propia, poblada de sortilegios.
Ahí radica la importancia actual de la muestra: enseñar lo que muchos ignoran.




