
Perspectivas: se registra un significativo crecimiento de la superficie cultivada, el volumen obtenido y el nivel de las exportaciones.
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El sector productor de arroz aportó al récord de la cosecha de granos 96/97 su propia marca histórica, al lograr por primera vez una producción superior al millón de toneladas y superar en más del 180 por ciento los volúmenes que se obtenían hace seis años atrás.
Movilizados por una demanda creciente y precios internacionales en alza, los productores arroceros ya habían logrado en el ciclo agrícola 95/96 una siembra récord sobre más de 200 mil hectáreas, según indica un informe de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación.
En la última temporada volvieron a incrementar el área destinada al cultivo, llegando a las 227 mil hectáreas, un setenta por ciento mayor al del período 89/90.
La explicación del dinamismo que ganó la actividad debe buscar se en la demanda de Brasil. Ese país aumentó sus importaciones de arroz hasta más de 1,5 millones de toneladas.
Como la producción nacional se concentra en Entre Ríos y Corrientes, la Argentina cuenta con inmejorables posibilidades para cubrir buena parte del volumen requerido por el país limítrofe.
En ese marco, las exportaciones de arroz -en mayor medida del tipo largo fino- crecieron nada menos que un cuatrocientos por ciento desde 1990, para situarse en 377.847 toneladas el año último.
Tan alentadoras son las perspectivas para esta actividad que varios arrozales están apareciendo fuera de las tradicionales regiones productoras del grano. Chaco, Formosa, Misiones y Santa Fe, ya tienen lotes con el cultivo.
También se inició la explotación de arroz en las provincias de Salta y Buenos Aires.
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Apuesta en Formosa
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El arroz es una alternativa de producción que evoluciona en Formosa. La producción obtenida en esa provincia se coloca anticipadamente en Brasil. Históricamente se cultivaron 10.000 hectáreas, pero se aguarda un incremento importante para este nuevo ciclo.
La explotación de este cultivo está a cargo de un grupo de arroceros arrendatarios, aparceros y, en menor medida, de productores que se dedicaban habitualmente al ganado de cría.
Fruto del intenso trabajo, se obtienen rendimientos del orden de los 5000 kilos por hectárea y en algunos casos se llega hasta los 8000.
Estos valores son elocuentes si se considera que en la década del ´70 sólo se promediaban los 3500 kilos.
El crecimiento del volumen producido se explica por la apuesta a la nueva tecnología.
En Formosa, la producción arrocera no entra en colisión con la ganadería extensiva. Se comprobó que son complementarias y que los rendimientos se mejoran mutuamente.
Las tierras que ofrece la provincia en su región este son significativas en superficie. Por eso llama la tención que el empresariado no lograra movilizar con mayor fuerza sus potencialidades en una región considerada como la más apta del país para el cultivo arrocero.
No quedan dudas de que el arroz puede ser el cultivo que identifique a Formosa en el futuro. Más aún considerando la ubicación clave de la provincia respecto del Mercosur y las vías de comunicación directas hacia el Atlántico y el Pacífico (sobre todo en este caso, pues a partir de Iquique o Mejillones se puede lograr un avance hacia el mercado asiático).
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La exportación
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Si bien Uruguay tuvo una tradición exportadora ininterrumpida, mientras que la Argentina sufrió el cierre de los mercados de Europa e Irán en la década anterior, ambos países concentraron sus exportaciones en los últimos años en el principal socio del Mercosur, Brasil.
Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, la producción brasileña alcanzó un máximo de 12 millones de toneladas en 1988 y, tras una fuerte caída de la producción de arroz de secano, el incremento del arroz irrigado impulsó una recuperación hasta alcanzar nuevamente 11,3 millones de toneladas en 1995.
En las dos últimas campañas se registró una fuerte caída de la producción brasileña, en medio de una crisis financiera generalizada en el sector y de la disminución de la participación del Estado en la comercialización.
Con un consumo de 11,7 millones de toneladas, las importaciones se incrementaron en los últimos años. Estas fueron acompañadas por un crecimiento superior en la producción de arroz de la Argentina y Uruguay.
La nueva ley agrícola de los Estados Unidos y la siguiente merma de la producción, que impulsó la eliminación de los subsidios vía precios sostén, determinaron una situación favorable para las exportaciones de la región en mercados fuera de Brasil.
Un muy ajustado balance de la oferta y de la demanda en los Estados Unidos afectó la competitividad de sus exportaciones y los países exportadores de América del Sur pudieron colocar importantes volúmenes de ventas en el continente e Irán, principalmente.
No obstante, fue necesario un amplio margen de precios entre los valores de la región y los operados en el golfo de México para ingresar en esos mercados.
La principal restricción fue la calidad, en cuanto la producción regional se concentró en variedades tropicales competitivas dentro del mercado brasileño, pero que no tiene la misma aceptación por los países acostumbrados a la alta calidad de los arroces americanos. Al mismo tiempo, dentro del mercado argentino, la falta de uniformidad de una molienda atomizada y de las dificultades para juntar lotes importantes constituyeron una limitación adicional.
El ingreso de las trading multinacionales de granos a las exportaciones de arroz aportaron el know how necesario para mejorar la operatoria comercial y de transporte en los negocios fuera de la zona.
La desaparición de los stocks y una producción inferior a los niveles de consumo, asegurarán la necesidad de importaciones, aunque no está asegurada la colocación de todo el saldo exportable de la Argentina y Uruguay en Brasil.
El sector arrocero argentino enfrenta un nuevo desafío. Evolucionó notablemente en sus sistema productivo, pero queda por incorporar masivamente variedades americanas de altos rendimientos que sustituyan a las tropicales.
En tanto los mayores cambios deben producirse en las estructuras de comercialización, industrialización y transporte.
Para ser abastecedores confiables de los nuevos mercados, el sector arrocero regional debe integrarse y globalizarse.
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Se busca un cultivo con buena resistencia al frío
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Al escuchar el primer disparo, una bandada de cotorras se elevó, chillando desesperada, y se mezcló con algunas palomas que huían. Una liebre se agazapó en su nido, y se preparó para escapar. El hombre que acababa de colocar el nuevo espantapájaros para plantaciones de arroz sonrió. Todo parecía funcionar como esperaba.
Pero antes de que finalizara esa semana, los bichos se habían acostumbado al aparato y atacaban nuevamente la cosecha, burlándose de otro invento de los hombres.
Esto sucedó en una región en la que las plagas del arroz se desarrollaron, por ser esa una zona en donde ese cultivo es tradicional.
Un ambicioso proyecto de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) intenta ampliar las áreas de siembra más al Sur, hacia la cuenca del río Salado, en la provincia de Buenos Aires.
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En busca de un nuevo grano
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El 90% de la producción de arroz de la Argentina proviene de las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Chaco y Santa Fe, ya que es un cultivo de zonas subtropicales.
En la Facultad de Agricultura de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), un grupo de genetistas intenta revertir -o al menos modificar- esta afirmación. Dirigidos por el ingeniero Leopoldo Génova, titular de riego de esa institución y de la Universidad de Buenos Aires, investigan para lograr variedades de arroz que resistan bajas temperaturas estivales.
"Cuando hablamos de bajas temperaturas en arroz nos referimos a 6 o 7 grados durante uno o dos días en el período de floración. La planta que no resiste este enfriamiento corta su floración", señala Génova.
Actualmente, el desarrollo de este tipo de semillas está probándose a campo en Lobos, Saladillo, General Alvear, Dolores y Carmen de Areco.
El plan está llevándose a cabo con el apoyo de la Secretaría de Ciencia y Técnica y del Conicet, con la utilización de fondos del Banco Interamericano de Desarrollo. La idea está orientada a transformar tierras de clase 3 o clase 4 -que se destinan una ganadería escasamente rentable- en zona de cultivo de arroz.
"Si llegara a sembrarse en esos suelos trigo, soja o maíz, los resultados serían pésimos", asegura Leopoldo Génova. En cambio, si la alternativa del arroz se generalizara, su alta rentabilidad generaría una gran reactivación económica como consecuencia de la incorporación de tecnología, de insumos y de mano de obra.
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Por un arroz mejor
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La UNLP tiene un convenio con el Instituto de Investigación de Arroz, de Filipinas. Este se relaciona con diversos centros de estudios en el mundo para mejorar genéticamente la calidad de ese grano. Para eso intercambia bancos de germoplasma -material genético o semillas que tienen distintas características- con las que se realizan las pruebas en las diferentes regiones.
Este año la producción general en el Litoral tuvo rindes regulares o malos como consecuencia de la temperatura -en la primera y la tercera semanas de febrero hubo entre 3 y 7 grados-. "Algunos de los fracasos se debieron a la utilización de semillas no resistentes al frío", explica Génova.
El arroz que se produce en la Argentina es más duro (de mejor calidad culinaria) que el del sudeste asiático, lo que lo hace más solicitado. Esta nueva variedad de arroz, resistente al frío estival, no tiene diferencias respecto de las otras al momento de ser utilizado en la cocina.
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Los costos
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Para el cultivo de arroz, si se parte de cero, el costo por hectárea ronda los $ 500 y $ 700. Esto incluye labranza, sistematización (construcción de bordos y taipas para retener el agua), siembra, insumos, combustible para riego y costo de la cosecha.
Para estudiar los recursos naturales disponibles se eligieron cuatro partidos piloto: Magdalena, Roque Pérez, Chascomús y General Alvear.
Los investigadores recogen información sobre la existencia de agua superficial y subterránea para diseñar un mapa con los resultados.
La dotación de agua imprescindible para lograr buenos rindes depende del tipo de suelo, pero se encuentra en el orden de 1 y 3 litros por segundo por hectárea. Conviene que las tierras que soportan el cultivo de arroz roten para descansar y mantener el rendimiento. Para eso, cada dos años de cultivo habría que intecalar tres o cuatro de ganadería.
Con la mejora del pastizal general o con la siembra de algún tipo de pasturas puede aprovecharse la fertilidad del suelo y la capacidad de riego para obtener mayor cantidad y calidad de forraje. En consecuencia, también hay un incremento en la producción ganadera.
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Más beneficios
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Para la producción orgánica de arroz se plantea la utilización de los campos naturales existentes en la zona. La mayor parte de ellos jamás recibió agroquímicos, lo cual facilita el inicio de experiencias para producir de este tipo de grano.
También ayuda el que las plagas, por no ser la cuenca del Salado una región arrocera tradicional, no se hayan desarrollado.
Los flagelos tradicionales son el capín, una maleza cuya semilla es similar a la del arroz que disminuye la calidad de la cosecha; la piricularia, un hongo -aunque ya hay material genético que lo resiste-; la chinche, que es la plaga más común y el azote que representan los distintos tipos de aves -cotorras, palomas, patos-.
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