
Su monasterio, donde se producen quesos y dulce de leche, fue creado a comienzos de 1948 por doce monjes suizos y aprobado por la Santa Sede de Einsiedein; allí trabajan para mantener vivo el mensaje dejado por San Benito
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LOS TOLDOS.- Cuenta esta historia que doce monjes suizos aceptaron ocupar un terreno donado por una viuda que, en memoria de su esposo, decidió destinarlo para una obra de bien. Así fue como a comienzos de mayo de 1948 los monjes benedictinos se instalaron en esta ciudad para fundar lo que se conoce como el Monasterio Santa María de Los Toldos.
En el lugar se emplazó un claustro de hombres con una escuela agrícola y también una casa de hermanas benedictinas.
El 3 de mayo se cumplieron 57 años de su llegada a la Argentina y de trabajo por ser "memoria viviente" del mensaje que dejó San Benito.
"Nosotros somos muy sensibles a la fecha de nuestro aniversario, porque significa que cumplimos un año más con la misión de transmitir nuestra tradición monástica iniciada en el siglo III, que recorrió Europa y hoy crece en América latina", señaló Enrique, el abad del Monasterio.
Muy diferente de las referencias que aparecen en libros y novelas de época, la versión 2005 del Monasterio Benedictino muestra a sacerdotes de camisa y mocasines. Antes usaban el clásico hábito negro, pero a partir de 1984, por iniciativa del entonces abad, padre Mamerto Menapace, comenzaron a usar unas túnicas blancas llamadas cogulla, pero sólo para celebrar las misas en la capilla.
Este y otros cambios fueron posibles a partir de que la Santa Sede de Einsiedeln aprobara la independencia del Monasterio Santa María de Los Toldos en julio de 1968. Sólo entonces pudieron elegir sus propios superiores e iniciar una etapa de intensa interacción con la comunidad y otros monasterios sudamericanos.
El abad Enrique es un hombre de voz suave y mirada paciente. Tiene un acento provinciano difícil de descifrar, quizás adquirido en sus viajes por el país y el mundo. Se nota a simple vista que una de sus virtudes es la paciencia. Cuenta que el grupo fundador "vino con el objetivo de instalar una abadía para llevar una vida de oración, atendiendo a las personas que se acercaran buscando lo mismo". Para poder concretar ese propósito debían generar recursos, entonces instalaron una explotación agrícolo-ganadera para subsistir, que sirvió como marco curricular de la escuela.
"¿Por qué estos objetivos? Porque para nosotros es muy importante todo lo que tiene que ver con el trabajo manual y el trabajo intelectual. Pero además llevamos una vida interna muy intensa como comunidad, aunque eso no se ve desde afuera; sólo puede sentirse", explicó el abad, que aclaró que no es una decisión sencilla y que muchos aspirantes desistieron en la preparación.
Actualmente son 18 los monjes que permanecen en Santa María de Los Toldos, pero hay algunos que se fueron a un monasterio que fundaron en Paraguay; otros ayudan en una abadía de Córdoba y otros están en la iglesia de la ciudad. Justamente, ocuparse de los feligreses toldenses es una actividad que celebran mucho, ya que es el pueblo que los recibió de buen grado.
Históricamente, las abadías benedictinas se sostienen a partir de donaciones y alguna explotación agropecuaria. Este es el caso del monasterio toldense, ya que posee un tambo para producción de quesos.
Silencio y moderación
La rutina de estos sacerdotes está muy alejada de la vida cotidiana de las ciudades o incluso de los pequeños pueblos. El fresco silencio que recorre los pasillos y llena los ambientes de la abadía es una virtud para ellos; y la moderación, su meta de vida.
Enrique explica que la moderación tiene que ver con una actividad muy ordenada y metódica, que se traduce no sólo en la vida interior sino también en las prácticas cotidianas. "Nos levantamos muy temprano. Tenemos la primera oración a las 5 y la misa a las 7.30, luego cada uno se ocupa de sus tareas. Algunos estudiamos, otros se ocupan del mantenimiento de los lugares de la casa y otros se encargan de atender a la gente que viene a visitarnos. Pasado el mediodía tenemos otra oración, almorzamos y luego descansamos".
La siesta no está ausente por estos parajes y es justo en ese momento, cuando todo parece entrar en una gran pausa que parece detener el tiempo. "A las 15 volvemos a nuestras actividades hasta las 19, cuando celebramos la última oración del día que, eventualmente, compartimos con los huéspedes. Después cenamos y a las nueve ya nos retiramos a nuestros cuartos", detalló.
Los visitantes pueden seguir este ritmo de vida, aunque no es algo que los monjes esperen. Simplemente, respetan los tiempos de descanso y oración de los demás, mientras no se alteren los suyos. El abad cuenta que más allá de sus objetivos de vida personales, a los monjes les interesa vincularse con la comunidad, puesto que "nadie se santifica solo".
Por ello es que abrieron sus puertas a todos los que quisieran compartir algunas de sus propuestas. "Nosotros elegimos seguir a Cristo, pero en compañía de otros y en relación comunitaria, como siempre lo ha hecho este monasterio, compartiendo su mensaje con los aborígenes y demás laicos que quisieran acercarse. Creo que nadie tiene como objetivo de fe quedarse solo."
Los monjes que estudian, en realidad, se preparan para dar clases, tanto en el ámbito de las abadías como en colegios y otras instituciones religiosas y educativas. "Ahora estoy dando un curso por Internet sobre los Padres de la Iglesia a un grupo de monjes y monjas", contó Enrique. Y es que lejos de lo que se puede imaginar, estos monjes dejaron atrás los hábitos de hermetismo, para abrirse cada vez más a la sociedad con un mensaje claro: llevar una vida simple en la oración.
Dentro de esta metódica vida, también hay algunos que se ocupan de mantenerse en forma. Este es el caso del padre Fintan, uno de los suizos fundadores, de 84 años, que todos los días se pone sus pantalones cortos y sale a correr por las cercanías del monasterio. Y si el tiempo no es bueno, corre por los extensos pasillos. También hay un monje que se ocupa de mantener el parque y el monte de frutales. Otro es carpintero y repara el mobiliario de la residencia y el campo, y otro lleva adelante la producción apícola (sus mieles también se comercializan).
El padre Meinrado Hux, otro de los fundadores, se convirtió en historiador de los antiguos habitantes de la zona. A partir del estudio de documentos viejos, reconstruyó el pasado de los aborígenes que vivían por aquí y descubrió datos que ni los mismos descendientes conocían.
San Benito es el padre y guía de estos monjes; él fue quien escribió la "Regla" que siguen históricamente. Nació en la ciudad italiana de Nursia y cerca de los veinte años se retiró a la montaña para vivir en oración y penitencia. Poco después se convirtió en guía espiritual de varios pastores y comenzó a atraer hasta su cueva cada vez más personas deseosas de escuchar sus prédicas.
Hacia el año 537, San Benito redactó la Santa Regla con los lineamientos que deberían seguir los que quisieran acompañarlo: moderación, una vida simple entre la celebración de la liturgia, el trabajo manual y la lectura. Esta se convirtió en la inspiración de vida para todos los monjes que continuaron su obra en todo el mundo.
Enrique subraya que el motivo principal por el que los benedictinos se consagran a vivir en comunidad dentro de un claustro "es una necesidad interior de conectarse con Dios, de rezar por los hombres y ayudarlos en su camino espiritual, ya que el servicio a la comunidad es fundamental para esta congregación".
De todas maneras afirma que es difícil de comprender, incluso para los mismos monjes, porque es un llamado muy profundo al que hay que obedecer con humildad.
Imponente construcción
A poco más de 200 metros del tambo y las oficinas, el camino polvoriento conduce hasta el Monasterio. En el trayecto se ven los galpones para la maquinaria y los silos al frente, el taller mecánico a un lado y detrás la carpintería; en otro sector se divisa un potrero donde descansan los terneros.
La abadía es una construcción imponente de gruesas paredes de color amarillo pálido y techo de tejas. Claro que cuando llegaron los primeros monjes sólo contaba con la capilla y la casona donde se alojaron originalmente.
Más tarde, comenzaron a construir el resto del edificio como estaba pensado: un ala destinada a la escuela agrícola con capacidad para unos 30 alumnos internos y otras dos alas con vastas dependencias, para que se instalaran los monjes.
En una segunda etapa de edificación se anexó un ala más con dormitorios, que fue lugar para el noviciado, pero hoy funciona como hospedaje para quienes deciden hacer retiros y convivir con la comunidad monástica.
Con todo esto, el monasterio forma un cuadrado, al estilo de los viejos cascos de estancias, y en el centro, el parque con pinos, cítricos y palmeras. Justamente, una de las primeras tareas que realizaron los recién llegados fue colocar grandes cantidades de plantas en el terreno del claustro. Es por ello que hoy hay un hermoso parque arbolado con canteros repletos de flores de estación y lavandas.
Frente a la capilla se ve el camino que conduce hasta la casa de las hermanas benedictinas. Cruzando una alameda de pinos se llega a la casona blanca con grandes ventanales en forma de arcadas. Hay un jagüel frente a la capilla y espumillas rosadas alrededor. No hay movimiento, todavía es la siesta. Ellas, al igual que los hermanos, llevan una vida apacible.
Se levantan a las cinco de la mañana y luego de la primera oración y la misa realizan sus estudios y demás tareas; a las 21, después del último rezo, se retiran a sus cuartos.
Abadía del Niño de Dios
- El primer Monasterio Benedictino que se instaló en la Argentina fue la Abadía del Niño de Dios que llegó a Entre Ríos en 1899. Actualmente, hay en el país 14 monasterios de monjes y monjas. También hay otros en Chile, Uruguay y Paraguay; además de las más de 1300 abadías existentes en el resto del mundo. Lejos de evadir la realidad, los monjes benedictinos llegan siempre con el propósito de transformar las comunidades en las que son recibidos, con su mensaje y su accionar. En esta misión monástica hay un compromiso con lo que le pasa a la gente y una elección de vida centrada en escuchar a Dios y a los otros.
El museo del indio
"Un museo recupera la memoria, honra a los antepasados de quienes somos hermanos", dice en la puerta del museo que fue instalado en el área contigua a la biblioteca, donde antes se hospedaban los novicios.
Un amplio espacio acondicionado con vitrinas y exhibidores donde se pueden ver objetos y documentos de los aborígenes mapuche-araucanos que habitaban la región.
El museo fue creado a mediados de septiembre de 1962, fecha en que se recuerdan los 100 años del arribo de los indios a Los Toldos. El padre Meinrado Hux expresó en su español todavía rígido: "Justamente porque no encontré nada, me puse a investigar. Fue difícil hallar antecedentes, ya que ni los mismos descendientes sabían de sus antepasados".
Rincones históricos
El museo cuenta con varios "rincones históricos", en uno de ellos se puede ver las costumbres de los indios, boleadoras y vestimentas; otro está dedicado a la mujer aborigen, sus utensilios, matras araucanas y sofisticados collares. En otro, se expone la vida del conquistador, con recreación de los fortines y un mapa que representa las "reducciones" cristianas de las misiones.
Meinrado recuerda que cuando llegaron, en 1948, debían cruzar por los campos que eran de los descendientes de los indios, y como eran vecinos sintió curiosidad por saber realmente quiénes eran. Así comenzó a indagar en archivos públicos, cartas del cacique redactadas por traductores y anécdotas de los descendientes que aún hoy viven en las cercanías del Monasterio.
Estos indios habían cruzado a Chile por la cordillera varias veces; ya en 1750 la tribu de los Coliqueos rondaba la zona del río Salado, donde había una misión jesuítica.
El cacique Ignacio Coliqueo fue el primer hombre en habitar la zona de Los Toldos. Luego, esta tribu y los indios de otros clanes fueron masacrados en el contexto de los enfrentamientos entre las tropas de Urquiza y Rosas. En este territorio, en 1892, el comerciante Electo Urquizo fundó la ciudad de Los Toldos.





