
El impulso agropecuario del vecino país surge de políticas de Estado que superan las distintas administraciones
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Nuestro vecino del Mercosur, Brasil, es el primer exportador mundial de porotos de soja, tiene el 25% del comercio mundial de azúcar y produce el 80% del jugo de naranja que se vende en el mundo. Además, desde 1975 hasta 2006 duplicó la cantidad de tierras dedicadas a la agricultura, que pasó de 40 a 77 millones de hectáreas, más que duplicó su cantidad de tractores, incrementó su rodeo vacuno de 102 a 170 millones de cabezas, y aumentó su producción de leche de 8,5 a 21,4 millones de litros.
Desde 1990 a 2006, triplicó la producción de carne de ave y duplicó la producción de manzanas. Entre 1996 y 2005, sextuplicó las ventas de bananas, que pasaron de 30 a 210 mil toneladas, incrementó las ventas de café de 780 mil a 1,4 millones de toneladas, multiplicó 250 veces las ventas de algodón no cardado, incrementó la venta de azúcar de caña no refinado de 4 a 11,5 millones de toneladas, cuadruplicó las ventas de carne de ave y multiplicó por ¡22,5 veces! las ventas externas de carne vacuna refrigerada y congelada, que pasaron de 47 mil a 1.1 millones de toneladas.
En síntesis, sus negocios de la cadena agropecuaria representan el 34% del Producto Interno Bruto nacional, emplean al 37% de la fuerza laboral del país y es responsable del 43% de las exportaciones nacionales. ¿"Milagro" brasileño o casualidad? De ninguna manera ¿Acaso es solo una cuestión de escala? No necesariamente. Los números del agro brasileño son el resultado de la aplicación de políticas agropecuarias que forman parte de una política de estado que va mas allá de las sucesivas administraciones federales.
Para ello, Brasil no sólo cuenta con un ministerio dedicado al agro, sino con dos: El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento, y el Ministerio de Desarrollo Rural. El primero tiene como misión promover e incentivar el desarrollo sustentable, y el aumento de la producción y la competitividad de los agronegocios. Integra aspectos metodológicos, tecnológicos, científicos y ambientales, tanto para atender al consumidor brasileño como a los mercados internacionales. Además, busca la sanidad animal y vegetal, la organización de la cadena productiva del agro, la modernización de la política agropecuaria, el incentivo a las exportaciones, el uso sustentable de los recursos naturales y el bienestar social. Su estructura está integrada por las áreas de la política agropecuaria, producción y fomento agropecuario, comercialización y abastecimiento agropecuario, información agropecuaria defensa sanitaria, fiscalización de los insumos agropecuarios, clasificación e inspección de productos de origen animal y vegetal, investigación tecnológica, agrometeorología, cooperativismo y asociativismo rural, electrificación rural y asistencia y extensión rural.
En el caso del Ministerio de Desarrollo Rural, su misión y objetivos son los de promover el desarrollo sustentable del sector rural constituido por los agricultores familiares. La estructura del Ministerio se divide en 2 grandes áreas, la Secretaría de Agricultura Familiar y la Secretaría de Desarrollo Territorial. La primera tiene entre sus objetivos: crear, desarrollar, adaptar y perfeccionar programas, proyectos y actividades de apoyo a los agricultores familiares en el otorgamiento de crédito rural, infraestructura y servicios municipales, asistencia técnica, extensión rural, investigación agropecuaria, capacitación, profesionalización y inserción en el mercado. La Secretaría de Desarrollo Territorial asiste al desarrollo integral de las regiones donde predominan agricultores familiares y beneficiarios de la reforma y reordenamiento agrario. Una herramienta fundamental para el desarrollo del agro brasileño es la Empresa Nacional de Investigaciones Agropecuarias, Embrapa. Su misión es buscar el desarrollo sustentable de los agronegocios mediante la generación, adaptación y transferencia de conocimientos y tecnologías. Coordina el Sistema Nacional de Investigaciones Agropecuarias, constituido por instituciones públicas nacionales, provinciales, universidades, empresas privadas y fundaciones que, en forma asociada, investigan en el campo del conocimiento científico. Tiene 38 unidades de investigación, 3 servicios y 13 unidades administrativas, y 68 acuerdos bilaterales de cooperación técnica con países e instituciones. Con el apoyo del Banco Mundial instaló, en el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos y la Universidad de Montpellier en Francia, laboratorios para el desarrollo de investigación de tecnología de punta. Además, Embrapa África presta asistencia técnica y explora oportunidades para los agronegocios brasileros.
El agro brasileño cuenta desde hace muchos años con planes desarrollados por los 2 ministerios mencionados, entre los que se pueden mencionar: Plan Plurianual Agrícola y Ganadero, Plan Nacional de Agroenergía, Programa Nacional de Erradicación de la Fiebre Aftosa; Programa de Desarrollo de la Ganadería Lechera, Programa de Control de la Mosca de la Fruta, Programa de Conservación de Suelos, Programa de Mecanización Agrícola, Plan Cosecha para la Agricultura Familiar, y Plan de Minimización de Riesgos Climáticos.
Además, cuenta con una batería de legislación acorde a su importancia. Desde 1991 a la fecha se promulgaron más de 50 leyes específicas para el agro y la cadena agropecuaria, por ejemplo: la Ley de Seguro Rural, la Ley de Defensa Agropecuaria, Ley de Política Agrícola, leyes para regulación del crédito agrario, y leyes para protección sanitaria.
Apoyo fundamental
Ahora bien, para que el agro brasileño haya podido y pueda contar con tantas leyes, tiene un apoyo fundamental dentro del congreso: el Frente Parlamentario de Apoyo al Agro y la Ganadería, más conocida como "bancada ruralista". Se trata de un grupo conformado por legisladores de distintos partidos políticos que, a la hora de defender al agro, votan como un solo bloque. No todos sus miembros representan algún eslabón de la cadena, sino que integran el grupo quienes consideran al agro brasileño como merecedor de una política de estado. Su influencia es tal que su opinión es vinculante a la hora de nombrar ministros y funcionarios del área.
Se dirá, y con cierta razón, que el agro en Brasil tiene algunos problemas, como la infraestructura vial y de acopio, la cuestión de los ocupantes sin título de tierras, los costos de producción y algunos más. Pero, como ya se señalara, el problema es para las sucesivas administraciones -federales y estaduales- porque el agro es una cuestión de estado. Entonces, si el agro argentino, que sin lugar a dudas, es el sector más dinámico, más competitivo, más tecnológicamente avanzado y el más dinamizador de las economías regionales; ha conseguido todo lo que consiguió y llegó donde ha llegado sin políticas agropecuarias explícitas ¿No será la hora de mirar a nuestro vecino y copiarle alguna de sus buenas ideas? ¿Qué no se puede? Por supuesto que se puede. Es cuestión de voluntad, consenso y persistencia. ¿Por dónde empezar? Primero, que los todos los actores de la cadena se junten y convengan un programa común; segundo; que se lo lleven sus representantes en todos los ámbitos legislativos a don de éstos estén cumpliendo un mandato; tercero, empezando a considerar seria y responsablemente la idea de que hay que empezar a involucrarse en política no como una obligación sino como un deber cívico para con sus pares y con el país todo. Conviene repasar la Constitución de la Nación Argentina, allí está todo.
El autor pertenece al Grupo Pampa Sur, delegación La Plata.






