
Como gaucho, el término cargó con un sentido despectivo desde el siglo XVI
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Si bien el término gaucho soportó diversos tintes, el vocablo campesino no alcanzó mejor fama, pese a que ambos tuvieron su humilde etapa de reivindicación.
Entre los insultos históricos contemplados por la lengua castellana, campesino es uno de los que mayor difusión alcanzó desde tiempos remotos.
El sustantivo, mencionado por el Universal Vocabulario de Palencia, era considerado, en el siglo XVI, sinónimo de "desordenado, nescio y dado a villanía o a costumbre aldeaniega".
Este eufemismo es reflejo de las tensiones que afectaron desde siempre a las sociedades inclinadas a la disyuntiva: campo-ciudad, hombre-mujer, los de adentro-los de afuera, porteños-provincianos...
Sin embargo, la alusión a la gente del campo, utilizada como imprecación, ha sido practicada desde hace siglos por los demás sectores de la sociedad.
Según los testimonios aportados por la literatura universal, nobles como burgueses europeos, prostitutas, intelectuales, militares, curas y ladrones coinciden en considerar al campesino -injusta y exageradamente- "un ser ignorante, grosero".
Por la reivindicación
Por más que la mayoría de las instituciones y centros regionalistas se empeñan en reivindicar el valor del trabajo rural, limpiar la imagen del término agrícola (que era tenido por insulto en la antigua Grecia) sigue siendo un desafío en muchos puntos del planeta.
Ni siquiera corrientes ideológicas como el comunismo pudieron alterar esta ancestral condena; "Koljoz" (campesino en ruso) tiene por segunda definición "ignorante".
Entre las variantes de campesino, la mayoría fue utilizada como insulto, al menos en suelo español: cabrero, pueblerino, provinciano, morral, rústico, patán, villanchón, cateto.
En Hispanoamérica existen otras denominaciones despectivas, propias de cada lugar. Junto a gaucho conforman el listado jíbaro, guaso, machín y guanaco.
También para denigrar chacarero, aprovechándose de su supuesto complejo pueblerino, se ha utilizado en España, según apuntan los autores de "El arte del Insulto", "desertor del arado, aplicado a los agentes de policía y a algún alto funcionario".
Por nuestros pagos resulta significativo el testimonio de Pedro "Gitano" Salazar, un vendedor de autos usados en Ayacucho: "Yo hago negocios con los paisanos, los puebleros están todos avivados. El paisanito da su palabra y cumple. El pueblero es más ligero, hay que ir a los papeles".





