
En las tierras de Victoria se alberga la primera abadía benedictina del país, famosa por los alimentos elaborados por los monjes, como licores, dulce de leche y quesos, hechos sobre la base de la producción agropecuaria de la zona
1 minuto de lectura'
VICTORIA, Entre Ríos.- En el centro del templo de la abadía del Niño Dios, de fines del siglo XIX, se distingue un vitral con un niño sostenido en brazos maternos. Desde allí es como si se contemplara la misma luminosidad del cielo, que eleva por un instante al incomprensible dogma de la Trinidad, en una disposición de los colores que se alternan en un juego gracioso.
Pero el verdadero origen de la abadía del Niño Dios fue el 30 de agosto de 1889, y no precisamente por un juego, sino por una iniciativa del entonces obispo de Paraná, Rosendo de La Lastra y Gordillo.
Todo comenzó cuando el prelado le contó un pedido (que hizo muy piadosamente delante de una imagen) al sacerdote francés Arbelbide, quien no dudó mucho en ponerlo en camino hacia la Abadía de Belloc, casa fundadora de la abadía de Victoria.
Cuando llegaron los benedictinos a la zona, se vieron urgidos a abrir un colegio agrícola industrial, como una forma de no tener inconvenientes con las autoridades.
"A todo esto se sumaron las expectativas y tratativas de la comunidad victoriense de tener una orden religiosa que ofreciera nuevos caminos al progreso, con una educación cristiana", aseguró el religioso Luis do Nascimento, conocedor de la historia del lugar.
Así, en los claustros de Victoria, las enseñanzas impartidas no sólo abarcaron el conocimiento del campo, sino entre otras cosas, también al arte. Eso es atestiguado por la imagen del fundador de esta legendaria orden, Benito de Nurcia, hecha en Victoria con rasgos finos y alargados semejantes a El Greco. Asombra descalzo, como símbolo de la pobreza, portando en la mano derecha un báculo de bronce, por la dignidad del abad, y en la mano izquierda un libro, que representa la Regla de la orden.
Precisamente, fue el adinerado Benito quien decidió fundar una comunidad en el 540 en la montaña de Cassino, Italia. El mismo desierto en el monte Subiaco, luego de mucha profundidad, le inspiró la Regla benedictina, en la que logró un texto magistral, mitad legislativo, mitad doctrinal y espiritual. "Ella marcó la vida monástica, espiritual y social en el Viejo Continente, luego de una orden dada por el emperador Carlos V, de tomar solo dicha regla. Hoy es padre de Europa, y dejó su marca en aquellos que pretenden ir un poco más allá de las cosas lindas de esta vida", dijo el historiador Oscar Lami.
Licores y dulces sabrosos
Luego, los benedictinos se expandieron por El Siambón (Tucumán), la Argentina, Uruguay y Chile.
La regla es un ordenamiento que consiste en la organización de un grupo que vive en común, denominado Cenobita, que tiene como pilares de vida, la oración y el trabajo. Además, para poder vivir con el esfuerzo de sus manos, realizan una gran variedad de productos artesanales, como licores, dulce de leche, mermeladas, escabeches, dulces, conservas de todo tipo y uno de los productores que distinguen a la orden: el licor benedictino, hecho con una receta única y propia de los monjes.
"Obtenemos más de 3000 litros de leche por día, que se procesan para consumo interno, y la restante se vende a una Cooperativa de Paraná. Con lo que queda preparamos un dulce de leche casero original que hacemos con un sistema de cocción por goteo, no continuo, como el industrial", contó Luis Nacimiento.
Con este sistema, en el que la leche cae muy despacito por goteo, los monjes llegan a elaborar más de 400 kilos de dulce.
Además, para hacer el queso (otro de los productos famosos de la Abadía del Niño Dios), se compran los fermentos necesarios y se elaboran de forma natural, con leche fresca.
Estos distinguidos y sabrosos productos, entre ellos el famoso licor, que deleitan al cuerpo y al espíritu, se comercializan con la marca Monacal, que ya es un símbolo de calidad y prestigio en todo el país.
"También contamos con hierbas medicinales para la elaboración de fitoterápicos. Compramos una esencia para hacerlos. Ellas consisten en una mezcla de hierbas a medida, para la curación de distintas dolencias y ansiedades", comentó el hermano Luis, sonriente.
Además, el religioso agregó que la congregación, desde 1889, fue pionera en apicultura en Entre Ríos, con la elaboración de jaleas y propóleos.
La elaboración del licor es una de las actividades productivas más originales que hacen los monjes, debido a que la aprobación de las 73 hierbas necesarias para su realización las hizo un monje de la orden, luego de combinar durante 13 años distintas esencias. Esta experiencia de años le habría dado al hermano licorero la habilidad necesaria para ser alguien que no se embriaga con rapidez. El es además el único que tiene la fórmula con la que modula las hierbas para que no resalte una sobre otra.
El secreto misterioso de los licores está en la mezcla, que sólo se elabora una vez al año.
Oración y trabajo
Siguiendo fielmente el lema Oración y Trabajo, anteponiendo todo a la obra de Dios, un día en la vida de un religioso de clausura en la Abadía del Niño Dios comienza temprano, a las 5 de la mañana, con un oficio de una hora a base de los salmos.
Seguidamente, cada monje tiene una hora de oración en su celda, y luego el desayuno. Posteriormente, sigue el trabajo (por ejemplo, en la elaboración de los productos que llevan la marca Monacal) hasta el mediodía, trabajo que sólo es interrumpido con el almuerzo y la oración, a las 12.30.
Luego, viene un tiempo de descanso, que termina a las tres de la tarde con la oración, seguida de otro período de trabajo hasta las seis. A partir de ese momento se realiza una hora de silencio profundo, antes de rezar al caer la tarde.
Enseguida del momento de oración llega la misa, y luego la cena, que termina con un recreo comunitario, en donde el padre de la comunidad puede pedir algo en especial para tener en cuenta. Finalmente, todo concluye con una última oración nocturna.
La filosofía de vida de los Benedictinos consiste en ser de Dios y de los demás, pero no para huir del mundo, sino para orar al Creador por todos.
La regla benedictina sostiene que la verdadera esencia de los monjes está en vivir del fruto del trabajo de sus manos.
Victoria, pago de la semilla y de la fe
La ciudad es la segunda productora de cereales de la provincia
VICTORIA, Entre Ríos.- "Ocupamos el segundo puesto de la provincia en producción agropecuaria, y nos benefició el surgimiento del industrialismo en el siglo XVIII. Esta realidad fue la que llevó a priorizar, junto con la educación, una fuerte actividad agropecuaria con el aporte de los benedictinos", aseguró el historiador victoriense, Oscar Lami.
A 112 km de Paraná, surge un camino con suaves lomadas de distintos verdes, en el cual se divisa una iglesia de estilo neorrománico, del histórico monasterio.
Victoria realiza una actividad agropecuaria destacada en la provincia, con tecnología de punta. También es rica en historia porque surgió en plena época de ebullición nacional. Además, cuenta con la presencia del primer monasterio benedictino de Hispanoamérica, que realiza una considerable labor educativa y productiva.
Los orígenes de este pueblo se remontan a finales de 1749, cuando los sables portados por las tropas de Antonio Vera y Mugica diezmaron a un grupo de etnias aborígenes que quedaron en esta región (minuanes, chanatimbúes y guaraníes). Posteriormente, se originó un poblado sobre un cerro, que consistió primeramente en agrupaciones de ranchadas espontáneas.
A esta ciudad de las siete colinas en sus orígenes se la conoció como el "pago de La Matanza". Cuando surgió la necesidad de una organización, el clérigo Joaquín de Ezpeleta, junto con un grupo de españoles y vascos, decidió levantar una capilla y fundar un pueblo.
Pero, a principios del siglo XIX, estallaron los sucesos que rodearon a la Revolución de Mayo, que provocaron una demora en la fundación del poblado. Por eso sólo se aprobó la construcción de una capilla, que se fundó el 13 de mayo de 1810 con una celebración religiosa. A este acontecimiento espiritual se lo tomó como la fecha oficial de fundación de Victoria.
Aunque no se sabe a ciencia cierta el origen de este nombre, algunos historiadores lo refirieron al enfrentamiento victorioso que tuvieron las tropas entrerrianas frente a las del general Juan Lavalle.
"En 1830, llegó a Victoria una gran inmigración italiana, de fuerte presencia genovesa, que dio origen a la industria de la cal con el aceite de sábalo y la fundación de un puerto importante", agregó Lami.
Gran movimiento
Actualmente, Victoria es la segunda productora de granos de la provincia. "Soy productor desde 1971, y cosechamos alrededor de 3000 kg de trigo/ha. El maíz, en 7 t, y la soja, en 2,8 aproximadamente. Esto es más de 3 quintales para el trigo, 28.000 kilos por la soja y 7000 kilos por hectárea de maíz, lo que origina un gran movimiento acá", aseguró el productor Domingo Maiocco. "Eso sí, tuvimos que recurrir hace tres años atrás al INTA Paraná para implementar la técnica de la conservación por terrazas para evitar la erosión", afirmó Maiocco.
"Empecé con la agricultura en 1975 y hoy cuento con 6000 hectáreas aproximadamente. Con otro grupo armamos una planta de silos y nos fuimos ampliando. En el departamento ayudó mucho la siembra directa", dijo Miguel Curmona, gerente de Agrosur (una de las firmas tradicionales).
Actualmente, Victoria produce 800.000 toneladas de diferentes cereales y tiene 170.000 cabezas de ganado en las islas, según el presidente de la Sociedad Rural local, Carlos Basaldua. "Además, del puerto salen 1.200.000 kg de pescado por mes y el pueblo produce 1.500.000 piezas de nutrias por temporada", contó el presidente municipal de Victoria, Juan Garcilazo.
1
2Ya se quemaron 83.000 hectáreas: por el fuego en La Pampa denuncian la muerte de ganado y hay un temor latente
3Ganadores de 2025: diez exportadores se quedaron con el 90,5% de la venta al exterior de granos y subproductos
4Más dólares del campo: en 2025 la agroexportación ingresó US$31.338 millones, un 25% más


