
Boliches, velorios y bailes eran sitios propicios para desplegar el depurado arte de la ironía y de la sátira
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El tipo de humor argentino ha sido siempre motivo de conversación. Suele destacarse en América latina, a pesar de algunas raíces comunes. Por supuesto, lo humorístico no toca una sola cuerda y, en lo que hace al nuestro, indudablemente se destaca, más que por lo cómico, por la sátira y la ironía.
En el caso del humor "gauchesco", propio del ambiente rural rioplatense, estos últimos tópicos fueron detectados por viajeros y visitantes en el siglo XIX. Tal vez basado en ellos, incluso en la observación del naturalista inglés Charles Darwin, quien se sorprendió del carácter animado de los gauchos, Jorge Luis Borges escribió que los gauchos "a diferencia de otros campesinos, eran capaces de ironía".
Indudablemente, la ironía denota inteligencia, ya que para ejercerla es necesario pensar "con cabeza propia", tomar distancia de lo instituido, tener una especial capacidad verbal y cierto repentismo. Además, para que el humor popular brote requiere de un ambiente social que lo promueva. Los hay muchos en el campo y el espacio pueblerino: el boliche, el baile, la kermés, la fiesta de casamiento y hasta el velorio.
Las bromas, los cuentos y los dichos de almacén son, justamente, una de las canteras más preciosas del humor campesino rioplatense.
Avelino Lobos -que fue chacarero, juez de paz y bolichero en Winifreda, La Pampa- tuvo la feliz ocurrencia de referir en un escrito acerca de los parroquianos más famosos que pasaron por su mostrador. Y escribió: "Aquí van algunas de las grandes figuras que desfilaron por mi boliche: Gallina Negra, el Chimango Blanco, Lester, el Chile Nuestro, el Laucha, el Tolín, el Lucio, el chileno Matus, el Mondongo de Toro, el Lepra, Rabito, el Tobito, el Zito, Peperina, el Lobo del Pajonal, Azufre, Jardín Florido, Raviol de Fonda, Pocas Plumas, Poncho Corto, Don Juan Sin Miedo, Sonrisal, el Pobre Viejo, el Ciruja; y aunque yo sé que hay otros tantos que escapan a mi memoria, éstos (titulares y suplentes) fueron muy dignos de jugar en el primer equipo del Tucea (Todos Unidos Contra El Agua)."
Como se advierte, la mayoría figura por su apodo. Y aunque es difícil discernir la razón de los mismos, es factible que a Raviol de Fonda le dijeran así porque era "cuadrado y sin seso". En ese sentido se suele utilizar el mote, y si no que nos perdone el susodicho.
Es que el humor busca acentuarse sobre los arquetipos y estereotipos: el haragán, el borrachín, el amarrete, el acomodaticio ("le dicen Girasol, porque se va poniendo de donde más calienta el sol"); en los que tienen alguna característica física elocuente, como el petiso, el cabezón, el gordo ("le dicen Pollito, porque hay que apagarle la luz para que deje de comer"). Algunos pueden aprovecharse bien de una de esas características y decir, por ejemplo, "Como el hueso de la cola, pelado pero sabroso".
En este tipo de ocurrencias se destacan los cordobeses. Pero hay un matiz del humor pampeano muy propio, que tiene el color de la exclamación supuestamente sorprendida.
Así, con una cuota de ironía negra, se dice: "¡Qué suerte la del inglés, ahogarse y salvar la ropa!" O bien: "¡Cómo será el cañadón si el sapo lo cruza al trote!" Otras frases poseen el tono sentencioso y reflexivo, como si se tratasen de los consejos de Fierro a sus hijos. Algunas de ellas son: "No me fío del padrillo que ve yegua y no relincha", "Cualquier cuzco es rumbeador si le enseñan el camino" o "No ensille ajeno aparcero si no averiguó la marca".
Es seguro que la última recomendación sea para dar en los bailes.
Seguramente allí es donde el burlón de boca suelta y tono alto diga al llegar: "Si laguna cerca no hay, ¿de ande sale tanto bagre?" Es tan ocurrente como agresivo y puede provocar el festejo o la pelea. Son riesgos que se asumen.
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