
En la última década, y en mayor medida a partir de la pesificación, la cacería se ha transformado en untentador sistema de producción organizado y rentable para muchos productores agropecuarios con campos en la provincia
1 minuto de lectura'
SANTA ROSA.- Apoyada en la presencia de especies silvestres como el ciervo, el puma y el jabalí, la caza mayor siempre fue una actividad recreativa tradicional en los campos de La Pampa. Sin embargo, en la última década, la cacería se ha transformado en un sistema de producción organizado y rentable para los productores agropecuarios de la provincia, cada vez más abiertos a invertir en la reconversión de sus estancias. Este año, el turismo cinegético (relativo a la caza), especialmente destinado a cazadores extranjeros que gastan decenas de miles de dólares en sus excursiones por los campos pampeanos, se muestra como una de las actividades rurales de mayor crecimiento: más de 1000 cazadores de todo el mundo pasarán durante 2005 por los 30 cotos de La Pampa, en un movimiento turístico que genera recursos difíciles de calcular, estimados entre los 15 y los 25 millones de dólares.
El mejor territorio de caza mayor en La Pampa se ubica en el centro del mapa, en estancias alrededor de la pequeña localidad de Quehué, y en las praderas que se extienden hacia el oeste de la provincia, en los departamentos de Utracán, Toay y Loventué. En esta zona, durante los últimos diez años, muchos productores reconvirtieron sus estancias ganaderas en prósperos cotos de caza, y los históricos cascos fueron transformados en modernos y cómodos alojamientos, con menús exóticos, Internet, televisión satelital y un programa de "excitantes cacerías guiadas por el monte".
Entre los visitantes de cada año predominan los españoles y norteamericanos, arribados a Santa Rosa en vuelos regulares desde Buenos Aires e inmediatamente trasladados hasta los campos cercanos.
El propietario del coto La Colorada (Quehué), Luis Bertone, calcula que este año recibirá en sus cabañas "más de 150 cazadores extranjeros en toda la temporada, que se extiende hasta octubre". Ubicado unos 90 kilómetros al sudoeste de Santa Rosa, este coto consiste en una reserva de 1000 hectáreas cercadas, donde conviven unas 15 especies, entre las que predominan el ciervo colorado y el jabalí. Durante su estadía, los visitantes pueden cazar también axis, ciervos dama, antílopes, cabras salvajes, cabras de cuatro cuernos, muflones, carneros, búfalos, pumas.
Su niñez en la zona rural de Rancul (norte de La Pampa) le dejó a Luis Bertone, de 30 años, la pasión por la caza mayor en los montes de caldén, afición que conservó durante sus años en la Universidad de San Andrés, de la que egresó como licenciado en Economía, y durante su trabajo como operador de metales de Aluar, en Londres y Nueva York.
Hijo de productores rurales, en 2001 Bertone había ahorrado suficiente para adquirir un campo de 2000 hectáreas en Quehué, que rápidamente transformó en coto. "Invertí 350.000 pesos para construir el Club House, dos cabañas para alojamiento de cazadores, y cercar la reserva, que ocupa la mitad de la superficie del campo."
La valiosa cornamenta
"La mayoría de nuestros visitantes son españoles y norteamericanos, aunque hemos tenido algunos italianos, alemanes y mexicanos", cuenta Bertone, que promociona su coto en ferias internacionales como la Venatoria de Madrid (España), el Safari Club International de Reno (Nevada, Estados Unidos) y las citas anuales de Dortmund (Alemania) y Monterrey (México).
Casi todos los cotos ofrecen programas similares para los cazadores; una estadía normal se prolonga por espacio de una semana y cuesta entre 120 y 250 dólares por día. El precio incluye alojamiento, comida, bebidas, transporte terrestre dentro del coto y dos salidas diarias de cacería (mañana y media tarde). Los permisos de caza, las piezas cobradas, los viajes a Santa Rosa, las armas y municiones, corren por cuenta del cazador.
El producto de las cacerías abastece también la cocina, donde chefs especialistas en gastronomía cinegética elaboran delicados platos con los animales abatidos. Durante la temporada, en el comedor de los cotos se alternan almuerzos y cenas con carne de ciervo, antílope y jabalí, acompañada de salsas agridulces, ensaladas y frutas. Si la salida es de caza menor (por lo general en torno de lagunas o de algún sembradío), las presas que pasarán por la cocina serán palomas, gansos o avutardas.
Un cazador debe gestionar los permisos de caza establecidos por la Ley 1194 ("Conservación de la fauna silvestre") para matar un animal, que en los cotos puede costar entre 500 y 20.000 dólares. El valor de la pieza cobrada es muy relativo, y directamente proporcional a su calidad como trofeo; suele estimarse de acuerdo con los puntos que otorga el ranking internacional: una cornamenta de ciervo colorado cobra importancia a partir de los 200 puntos, y un animal así puede costar 3000 dólares. En 2002, el estadounidense Duane Stroupe cazó en La Colorada un imponente ciervo de 399 puntos Safari Club International (SCI) y 238 puntos de la Federación Internacional de la Caza, y al término de la temporada recibió el premio "South American Mayor Award 2002" (mejor trofeo sudamericano). Y el español Rafael Malo Silvestre obtuvo una cornamenta de 28 puntas en el coto La Escondida.
Los madrileños Enrique Plaza Cano y Javier Bort Alonso, habituados a cazar en Africa, Rusia y Alaska, y amantes de las tradicionales "monterías" españolas, llegaron esta temporada a La Pampa "en busca del mítico puma argentino". Alojados en "La Colorada", los españoles se mostraron conformes "por la calidad de los cotos pampeanos, con hermosos montes cerrados y animales muy grandes", y exhibieron satisfechos las fotografías de un imponente jabalí abatido unas horas antes. Dos días después, en unos campos ubicados más al Sur, los madrileños cumplieron el deseo que los trajo por aquí: abatieron dos ejemplares de puma, que engrosarán sus récords personales.
En las mil hectáreas de La Colorada hay actualmente 150 ejemplares de ciervo colorado, unos 20 axis, 20 ciervos dama, unos 50 antílopes, una manada de búfalos y varias especies de cabras salvajes. "Algunas de estas especies pueden presentar dificultades para el manejo, como los axis, que sufren cuando son transportados y presentan altos porcentajes de mortandad", advierte Bertone.
Es que para mantener la existencia de animales en sus reservas, además de aprovechar reproducción natural de sus manadas, los propietarios de cotos buscan animales criaderos de Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes, Córdoba o Santiago del Estero, movimiento destinado a mejorar la genética, como a incrementar el número de presas disponibles.
Aunque se trata de animales silvestres, el manejo del campo tiene similitudes con la cría de especies domésticas. Para proporcionar comida abundante a sus ejemplares, los productores siembran pasturas en los espacios abiertos o las picadas dentro del monte, y durante los meses fríos suelen complementar a sus manadas con alimento balanceado, de elevado valor proteico y sales minerales. "La buena alimentación mejora la calidad de los ejemplares, garantiza óptimas condiciones físicas y permite obtener cornamentas más grandes", explica Bertone.
Muchos cotos cuentan ya con modernos sistemas de alimentadores, detectores de horarios, cebos naturales y artificiales, y cómodos apostaderos, además de señuelos eléctricos para la caza de palomas y señuelos artificiales para patos y gansos.
La ley 1194 declara de interés público la conservación de la fauna silvestre de ecosistemas terrestres, acuáticos y mixtos de La Pampa. Esta norma, además, habilita la caza y pesca deportiva y comercial, la caza con fines culturales y/o científicos, la captura de control y la captura de ejemplares vivos para fomento, inicio o mantenimiento de criaderos.
Cotos y campos libres
Es decir que en La Pampa está permitido cazar de forma sustentable, con obligación de respetar las especies, cupos y temporadas, obtener los permisos correspondientes y sólo en los sitios permitidos: cotos de caza y "campos libres" inscriptos en el registro provincial.
Para ser habilitado, un coto debe cumplir requisitos específicos como la aprobación de un Plan de Manejo diseñado por un profesional y la obtención de las Guías de Caza extendidas por la Dirección de Recursos Naturales. Mediante el decreto N° 65/02 está permitida dentro de los cotos la caza deportiva de antílope, muflón, búfalo, ciervo axis, ciervo dama, caprinos y ovinos.
Prácticamente todos los propietarios rurales de Quehué se han registrado alguna vez como "campos libres" en el Registro de Recursos Naturales. Allí desarrollan su actividad cinegética miles de cazadores argentinos, que para circular deben poseer el permiso de caza gubernamental, y una autorización suscripta por el propietario del campo donde desarrollará la práctica. Sin cercos especiales de contención, los animales deambulan libres y salvajes por estos campos, a diferencia de los cotos, donde se encuentran atrapados en reservas y resultan presas más seguras.
Otra diferencia importante es que en los cotos está permitido cazar todo el año, mientras que la temporada de caza del ciervo colorado en los campos libres se circunscribe a la época de brama, del 15 de marzo al 15 de mayo.
Un día de cacería: una opción turística
Una actividad que se practicó desde siempre en el campo, en los últimos tiempos, se ha convertido en un exitoso recurso turístico, que convoca visitantes de todo el mundo y aporta gran movimiento económico en toda la provincia.
El legado de Pedro Luro
- El ciervo colorado y el chancho jabalí son europeos, y colonizaron los campos pampeanos mientras sus introductores construían pueblos en la antigua tierra ranquel. Tan europea como el ciervo es la costumbre de cazarlo en plena temporada de apareamiento. Aunque no sería prudente atribuirle el mérito absoluto en este sentido, se considera introductor de los ciervos colorados en el país a Pedro Luro, que pretendió conformar "el coto de caza más grande del mundo" en La Pampa. El casco de su estancia "San Huberto" fue declarado Monumento Histórico Nacional y es el centro del actual Parque Luro.





