
Los partidos de Villarino y Carmen de Patagones producen la mayor parte del volumen que la Argentina comercializa en el exterior
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CARMEN DE PATAGONES.- Los partidos de Villarino y Carmen de Patagones, en el sur de la provincia de Buenos Aires, producen el 85 por ciento de la hortaliza que más se exporta en el país: la cebolla. En esta región, la superficie cultivada varía anualmente entre las 9000 y las 12.000 hectáreas, a las que hay sumar entre 1500 y 2000 de General Conesa, río Colorado, Alto Valle, Medio e Inferior del río Negro. En la campaña 2006 se exportó hasta la fecha casi un nueve por ciento más que en la de 2005. Este aumento de oferta se debió a un incremento del tres por ciento de la superficie sembrada, aunque, según una proyección estimada, faltarían 1000 camiones para alcanzar el récord histórico de 1999, que fue de 221.689 toneladas.
Cada año la Región Protegida Patagónica, zona libre de plagas y enfermedades que lucha por la erradicación de la mosca de los frutos y aquellas plagas que afectan la producción ganadera y frutihortícola, exporta entre 120.000 y 210.000 toneladas de cebolla y abastece al mercado interno con un volumen que oscila entre las 120.000 y 158.000 toneladas. En términos generales, el 65 por ciento de lo producido en esta zona se exporta y el 35% queda en el mercado interno.
Hasta el 31 de mayo de este año, el volumen exportado fue de 157.202 toneladas, siendo el mayor comprador Brasil. En los primeros cinco meses, las exportaciones al principal socio del Mercosur (Mercado Común del Sur) ascendieron a 123.365 toneladas y las destinadas a la Unión Europea a aproximadamente 33.417, siendo los principales destinos Bélgica y Alemania. Otros países que demandan en menor escala son Uruguay, Puerto Rico y Chile.
La cebolla, de origen asiático y cultivada desde épocas remotas (se la ha encontrado en grabados de las tumbas egipcias), fue introducida en América por los primeros colonizadores. En esta región del sur bonaerense comenzó a tomar relevancia como cultivo entre 1920 y 1930, época en la que todas las tareas se hacían de forma manual. Aunque luego se introdujeron algunas máquinas descoladoras, la recolección siguió siendo parcialmente mecanizada. Aún hoy éste es el modo en que se realiza en la mayoría de los campos.
El tipo de clima semiárido con estación seca durante el mes de cosecha (febrero-marzo) permite un excelente curado de los bulbos, siendo la principal ventaja productiva del Valle Bonaerense del Río Colorado (VBRC). Las precipitaciones rondan los 600 milímetros y los suelos son franco arenosos con una media 1,5 por ciento de materia orgánica, lo que redondea una excelente aptitud para este tipo de cultivo.
No obstante estos beneficios de la naturaleza, la región hoy enfrenta un nuevo desafío: la optimización de los rindes. La mayor demanda de los dos principales compradores provocó un aumento de la superficie sembrada, pero este incremento no se vio reflejado en la producción total. "La zona llegó a un techo", señaló el productor Héctor Zotta.
En 10 años la superficie sembrada creció un 214 por ciento y aumentó los rindes por hectárea en un 27 por ciento, pero de todos modos actualmente la producción zonal ha llegado a un techo. Una de las causas es que se sigue produciendo sobre la base del conocimiento transmitido de generación en generación, muchos productores cuentan que sus abuelos producían en la zona desde hace más de 60 años.
Si bien se introdujeron nuevas variedades, como Grano de Oro, que es resistente a Fusarium, hongo patógeno que provoca la podredumbre del bulbo (principal limitante), y se trató de captar nuevos mercados, el cambio tecnológico no ha hecho su aporte por ejemplo en lo que a sistematización de suelos se refiere. "Algunos productores se han arriesgado a sembrar sobre suelos sin las obras de drenaje correspondientes", afirmó el asesor técnico Cristian Pereyra.
Este especialista agregó que si se tiene en cuenta que además del problema de drenaje existe una falta de rotación de cultivo necesaria para evitar el ataque de Fusarium y recuperar la fertilidad física, no es difícil entender por qué el aumento de la superficie sembrada no se corresponde con un incremento de la producción.
Aun así, las bondades con que la naturaleza ha dotado a esta zona en lo que se refiere a este cultivo alimentan las expectativas exportadoras. "La sanidad y el largo período de conservación que permite esta región aseguran una certificación de origen para exportación", indicó Ursula García Lorenzana, coordinadora de la Fundación Barrera Zoofitosanitaria Patagónica (Funbapa).
Potencial para explotar
En lo que a infraestructura se refiere, hoy existen 81 plantas de empaque habilitadas por el Senasa, en las que la clasificación y el empaque se realizan en galpón de acuerdo con los requerimientos de calidad de exportación exigidos por la legislación vigente.
Si bien este ajuste a las normas sanitarias es beneficioso en el nivel general, para los productores en particular significa cierto sacrificio de rentabilidad, puesto que se pierde un 20 por ciento de producto en la manipulación y cerca de 15 en descolar, clasificar y empacar en bolsas de 22 kilos. Esto obligó a un cambio.
Según un análisis participativo del proceso de transformación productiva e institucional en el VBRC, la dinámica del negocio de la cebolla sufre las problemáticas propias de los cultivos intensivos: alta variabilidad de precios, restricciones de estacionalidad e instalación de empacadores/importadores brasileños que marcan la tendencia en la comercialización, entre otras.
Hoy la zona argentina que mayor volumen de cebolla produce se encuentra ante la oportunidad de explotar todo su potencial, si corrige algunas de las cuestiones mencionadas. Pero sobre todo será fundamental lograr una integración regional, utilizando el ejemplo de Italia. Allí, en la región de la Emilia Romagna, a fines de los 90 incentivó a los productores a crear por cada producto una cadena integrada.
"Aún no logramos eso porque hoy el mercado es inestable y se depende de la demanda de Brasil y Europa y no de la fortalezas productivas y de la capacidad empresarial con la que cuenta la zona", resaltó Horacio Brion, de la Asociación de Productores y Empacadores de Cebolla (Aproec).
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