Censo agropecuario 2018: la foto que reflejará la nueva realidad del campo argentino

Roberto Bisang, flamante director de Estadísticas del Sector Primario del Indec
Roberto Bisang, flamante director de Estadísticas del Sector Primario del Indec Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Nespolo
María Martini
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5 de mayo de 2018  • 22:00

Una nueva luz permitirá quitarle las telarañas a la actual foto del campo, que data de 2002, cuando se realizó el último censo agropecuario publicable. Todos los motores del Indec están en marcha para que en septiembre próximo comience una nueva encuesta luego del frustrado intento de 2008, que se realizó con un instituto intervenido, en medio del conflicto entre el campo y el gobierno anterior, y que fracasó no se sabe si por inoperancia de la anterior conducción del organismo o por una decisión explícita de no difundir datos que pudieran servir de argumento a las entidades agropecuarias contra la política hacia el sector. Lo más probable es que fuera una combinación de ambas. Eso sí, los gastos se estimaron, en 2008, en alrededor de $ 30 millones de aquel entonces.

De esta forma, el organismo que fue hasta 2015 el blanco de intervenciones de una administración que quiso sistemáticamente tapar el sol con la mano, cumpliría, seis años más tarde, con el mandato legal de relevar datos cada diez años. Roberto Bisang, flamante director de Estadísticas del Sector Primario del Indec, trabaja desde diciembre pasado con un equipo de más de 20 personas en el diseño y en la organización del censo agropecuario, que trae varias novedades.

El primero, un claro salto tecnológico. Las tabletas reemplazarán las tradicionales planillas en las que antes se rubricaban las respuestas con lápiz, y los mapas georreferenciados, la cartografía en papel. De esta forma, los dispositivos electrónicos permitirán procesar y disponer de los datos con mayor celeridad. Se estima que durante el primer trimestre de 2019 se podrá contar con la información actualizada, accesible online y en forma interactiva.

Por otra parte, se abordarán características del campo que no se tuvieron en cuenta en anteriores experiencias. "El censo de 2002 se hizo sobre una situación económica cuanto menos calificada de inestable. Toma datos de la salida de la convertibilidad, un momento de producción cuasi irrepetible o, por lo menos, no deseable. Además, ese censo no captura en su plenitud tres o cuatro cosas que hoy son el abecé del sector agropecuario: el impacto pleno de la biotecnología y las nuevas formas de producción -la palabra "dron" no existía, para poner un ejemplo-, la consolidación de la siembra directa y el uso de eventos transgénicos, la tendencia a alquilar tierras para producir en forma más masiva y el hecho de que una parte relevante de las actividades es desarrollada por contratistas", resume Bisang.

Además, en relación con 2002, hay una creciente tendencia a manufacturar o a sumar procesos industriales dentro de la explotación agropecuaria, desde los más simples, como transformar uvas en pasas, hasta otros mas complejos, como los biocombustibles, por ejemplo. Esto también quedará plasmado en el estudio.

Por otra parte, se incorporará el desarrollo de la industria genética, que habitualmente no se luce en la mirada urbana, y que nunca entró en el radar de anteriores censos. Se incluirá en la nueva encuesta a la industria semillera y a las actividades de las cabañas bovinas, así como el trabajo en genética que se realiza con caballos, pollos y cerdos.

Otra particularidad es que quien será censado es el "decisor", que en varios casos toma decisiones sobre diferentes explotaciones agropecuarias localizadas en distintos lugares, lo que permitirá saber además si vive en el campo o en otro lugar. De hecho, se habilitó a la ciudad de Buenos Aires como uno de los lugares del censo ya que no escapa a los organizadores que una buena proporción de los "decisores" habita allí.

A través de la tableta, cada censista rigurosamente seleccionado para que sea alguien preferentemente conocido en su zona abarcará preguntas sobre seis grandes áreas. Primero, los datos del productor: su edad, sexo, educación, si lleva registro contable, la forma en que organiza su administración, la complejidad del tratamiento de los datos (planillas Excel, etc.), y si pertenece a alguna organización de productores, técnica o si está afiliado a alguna gremial. El segundo y el tercer capítulo están destinados al uso de la tierra, alquilada o propia, y acerca del tipo de actividad que desarrolla.

Habrá consultas referidas a los stocks (al 30/6/18), a la producción y a su destino para saber si la comercializa o industrializa. Además, se indagará sobre las prácticas de producción y la tecnología empleada. Esto tanto para la agricultura, las economías regionales y la ganadería, que tiene una sección sobre altas y bajas, mortandad, porcentaje de destete, etc.

Más adelante, hay un rubro sobre las máquinas y los equipos, y las mejoras fijas. También habrá consultas sobre la producción de bioenergía o biogás, si se cuenta con paneles solares, y sobre los procesos de industrialización que se llevan adelante en los establecimientos. Por último, el personal ocupado, tanto residente como temporario y su calificación, y un punto interesante, el tipo de vivienda.

Utilidad

El censo podría mejorar la capacidad para contar con estimaciones sobre la producción de las diferentes actividades. "Los censos sirven para corregir modelos de estimación al mejorar los datos sobre los sistemas productivos", destaca Cristian Feldkamp, de Aacrea. Y explica que a través de este censo se podrán mejorar los datos sobe emisiones de gases de efecto invernadero, que la Argentina está obligada a informar cada dos años a Naciones Unidas en el marco del compromiso por disminuirlos.

Desde el Ministerio de Agroindustria, que colaboró de cerca en el armado de la encuesta, están convencidos de que la información del censo permitirá generar un mejor clima de inversión. "Cuanta más información y más transparente, mayor confianza", dice Santiago del Solar, jefe de gabinete del Ministerio. Además, cree que los datos que emanen del censo servirán para dar respuestas más quirúrgicas al sector y, de esta forma, acortar las brechas tecnológicas entre productores. Al tener una foto más precisa de la situación real, se podrán plantear soluciones a problemas concretos sobre bases científicas sólidas, como los bajos porcentajes de preñez en algunas zonas ganaderas. Es que, a pesar de las hipótesis previas, todavía se debe develar la incógnita: no se sabe si el campo es el que se ve en las exposiciones, con tecnología de punta, o un modelo anterior que todavía no incorporó todos los cambios tecnológicos disponibles. "Seguramente, el censo refleje que existe una dinámica moderna y otra porción del modelo que todavía quedó anclado en el pasado", dice Bisang.

Afirman que cuidarán el secreto estadístico

Uno de los aspectos que más se ocupan de resaltar en el Indec es que el censo agropecuario se llevará a cabo bajo un estricto secreto estadístico. "El Indec es el primer interesado en resguardar los datos personales de los censados", resalta Roberto Bisang. Las preguntas no abordarán ningún valor monetario, como monto de ventas, o planilla de salarios. La información que se obtenga no se cruzará con la Afip, enfatizan los organizadores. Existe un especial énfasis en el instituto en crear reputación y confianza en que la información que se proporcionará se usará solo con fines estadísticos.

La legislación argentina no permite difundir información estadística oficial sin presentarla de tal forma que sea imposible determinar la identidad de quien la informa. El propio Jorge Todesca, director del Indec, ha admitido que esto puede generar "cierta tensión entre los responsables de las políticas públicas y otras organizaciones que demandan más apertura de la información". Es interesante la experiencia del USDA, cuyas estadísticas tienen un enorme valor económico e influyen en los precios de los commodities. Ninguno de los empleados encargados de generar el reporte cuenta con toda la información, sino que cada uno posee una parte. El día que se difunde el informe de producción, los empleados ingresan a un cuarto sin señal de wifi, sin posibilidad de enviar mails ni usar celulares. Todos permanecen en ese cuarto hasta que el reporte se hace público.

Los números del censo

  • 800 supervisores serán los que trabajarán en el censo agropecuario para auditar la labor de los censistas. Cada censista cobrará $60.000 incluidos los viáticos por 45 días de trabajo, según informó el organismo.
  • 15 septiembre: es la fecha de comienzo prevista para el Censo Agropecuario 2018. Se estima que terminará el 30 de octubre próximo. Las consultas abarcarán a todo el país y también llegarán a la ciudad de Buenos Aires.
  • Se hicieron dos pruebas de laboratorio con focus groups para ajustar las preguntas y los aspectos técnicos de la consulta. En junio próximo se realizará un censo experimental en la localidad bonaerense de Lobos.

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