
Los productores poseen una muy buena calidad de vida y están integrados con la industria y con los supermercados
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WAGENINGEN, Holanda (De un enviado especial).- "Mi abuelo tenía 60 vacas, mi padre tenía 60 vacas y yo tengo 60 vacas", dice el joven tambero Gerit de Baat, mientras su esposa Mirjam asiente con una sonrisa. Padres de tres hijos, Gerit y Mirjam parecen representar la típica imagen de los productores holandeses: son felices con la vida que llevan.
Gerit encabeza la sexta generación de tamberos al frente de un establecimiento que tiene 160 años de existencia y posee 40 hectáreas, dedicado principalmente a la producción lechera. Su comprador es Campina, una empresa láctea holandesa que exporta a Alemania, Rusia, Polonia y Rumania, entre otros países. Tiene establecida una cuota anual de producción y si quiere aumentarla debe comprarla a otros productores. Hace pocos años Mirjam lo convenció de que utilizar una parte de la amplia casa de dos plantas que poseen para alojar huéspedes. Publicaron un aviso en una página de Internet y comenzaron a recibir viajeros de Francia y Gran Bretaña. Actualmente, el turismo rural representa el 10% de sus ingresos. Cruzando la ruta, frente a la casa, tienen un jardín con toda clase de flores y una huerta en la que el padre de Gerit planta zanahorias, col y cebollas mientras cuatro patos van y vienen. La tranquilidad apenas es alterada por el movimiento de las aguas del canal que corre próximo al jardín. No hay alambrados que separen la casa del vecino ni perros que asusten a los visitantes.
La calidad de vida de los productores holandeses es sorprendente. No por el lujo ni por la ostentación sino por el marco cultural y económico en el que se desarrollan. Es un país agropecuario que no está exento de problemas. El principal es la lucha por el espacio. En sólo 3,7 millones de hectáreas viven 16 millones de personas, lo que representa una de las mayores densidades de población del mundo con 475 habitantes por kilómetro cuadrado. Las ciudades se van expandiendo y la demanda por ocupar terreno hace subir los precios de la tierra. Se estima que una hectárea cuesta unos 42.000 dólares. Hay productores que, por necesidad de expansión, van a buscar campos en Europa del Este, Canadá y Estados Unidos. "Ellos son nuestros principales competidores porque tienen costos más bajos", se queja el tambero Ad van Rees.
Variedad productiva
Holanda, que es el tercer exportador mundial de productos agrícolas, también exhibe una notable variedad productiva. Tiene un rodeo de ganado vacuno de 4 millones de cabezas, unos 14 millones de cerdos, 1,3 millón de ovejas y 100 millones de gallinas. Produce queso, leche, carnes, flores, papas, remolacha azucarera, trigo y maíz, entre otros productos. Buena parte de ese amplio espectro productivo se debe al dominio que ejerce sobre la naturaleza. Gran parte del territorio se encuentra por debajo del nivel del mar, y la construcción de pólders, tierras ganadas mar mediante la construcción de diques y canales, permitió incrementar la superficie dedicada a la producción agropecuaria.
Otra característica del agro holandés es el grado de integración que tienen los productores con la industria. En el caso de los tamberos mantienen acuerdos con empresas que les aseguran un nivel de compra en forma constante. En agricultura, también están avanzadas las relaciones con las industrias y los supermercados. Jam Willemsens, que cultiva en 80 hectáreas papas, remolacha, trigo y maíz tiene un acuerdo con la cadena de supermercados Albert Hejin por el cual debe cumplir con ciertos niveles de calidad en las variedades sembradas, así como utilizar fertilizantes orgánicos.
La relación estrecha no impide que haya conflictos como sucede en otras partes del mundo. Willemsens cobra por kilogramo de papas 8 centavos de euro, mientras que el supermercado vende a los consumidores a 60 centavos el kilogramo.
El productor tiene reparos respecto de la reciente aprobación de la reforma de la Política Agrícola Común (PAC), en especial en el capítulo referido a incrementar las ayudas al medio ambiente y al desarrollo rural."Cuando vendo granos u hortalizas recibo dinero a cambio por un producto concreto; en cambio, el cobro de subsidios por cuidar el paisaje es intangible", opina el productor.
Dificultades para los más jóvenes
WAGENINGEN, Holanda (De un enviado especial).- A pesar de los diversos mecanismos de protección, aquí también se pueden oír voces que advierten sobre la reducción del número de productores.
En Holanda, según un documento del centro de investigación Alterra, el número de explotaciones está decreciendo, mientras que el promedio de edad de los productores va en aumento. "Los productores jóvenes no pueden compensar en forma suficiente el aumento de escala porque no consiguen afrontar la compra de nuevas tierras", señala.
Los productores veteranos retienen las tierras "y esperan la ocasión para venderlas con propósitos no agrícolas", añade.
Según las estimaciones de Alterra, en los próximos diez años el número de tamberos se reducirá a la mitad si no se facilita la evolución de las áreas rurales que padecen la competencia de las áreas urbanas.
Para los especialistas, los productores deben incrementar la utilización de la tecnología y enfocarse hacia las demandas del mercado. "Hay que hacer alianzas con el resto de la cadena, ser cada vez más internacional y proactivo", advirtió Aalt Dijkhuizen, presidente del comité ejecutivo del centro de investigación de la Universidad de Wageningen. "El mercado vota todos los días y define sus preferencias", señaló.






