
Por Marcela Gimeno Para LA NACION
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A partir del 2 del actual no pueden moverse terneros del rodeo nacional, cualquiera sea su destino, si antes los ganaderos no obtuvieron su Clave Unica de Identificación Ganadera (CUIG), hayan caravaneado sus terneros o al menos acrediten haber solicitado las nuevas caravanas, según la Resolución 113/07 de Senasa del 5 de marzo último.
El año pasado, un equipo de profesionales trabajó para instrumentar un sistema que "ordene la información y permita una mejor gestión sanitaria", según lo expuesto en la información oficial. Sin embargo, los aspectos coyunturales desfavorables y los errores conceptuarles sobre la base en que se desarrollará este nuevo sistema tecnológico, generan dudas y desconformismo en el ámbito ganadero. Algunos productores consultados sostienen que el sistema prioriza lo fiscal sobre los productivo-sanitario.
Esta clave relaciona al productor o propietario de la hacienda con el establecimiento y sus animales, exigiendo una numeración correlativa de su propio rodeo, buscando el conocimiento de toda la hacienda de su propiedad y facilitando el cruzamiento de datos.
No le exige al productor directamente un historial sanitario de los animales que comercializa (vacunaciones, alimentación, genética, etc).
Por otro lado, los productores que ya han iniciado trámites observan improvisaciones operativas que existen en las oficinas locales del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) en todo el país, tal vez por la no experimentación a campo del sistema, con pruebas pilotos o demostraciones prácticas en, al menos, alguna región ganadera. Esto hubiera facilitado, no sólo comprender mejor la mecánica o la operatoria sino también evitar los desordenes que se están presentando sobre la marcha.
En resumen, el nuevo sistema crea la CUIG, que identificará individualmente a los productores pecuarios del país y que consiste en un código alfanumérico que forma parte de la identificación individual del animal en la caravana. Al mismo tiempo el CUIG se vincula al número de Registro Nacional de Productores Agropecuarios (Renspa), tradicional del productor.
En relación con el dispositivo de identificación, se contempla la aplicación de una "caravana tarjeta" de lectura en la oreja izquierda y una "caravana botón-botón", de seguridad, en la derecha. Su aplicación es obligatoria y la colocación será responsabilidad del productor, como ya lo es para el mercado exportador.
El cuestionamiento que presenta la aplicación del nuevo sistema se debe no sólo a la crisis que viene enfrentando la ganadería sino, en este caso, por la aún no definida homologación de los lenguajes electrónicos o de los sistemas que ya existen en las distintas integraciones empresariales y que respaldan hoy a los distintos tipos de producción. Tal es el caso del programa de control lechero, de las asociaciones de criadores o animales de pedigree que en sus distintas razas tienen más de 100 años de tradición en identificación animal.
Estos grupos están todavía en tratativas para integrar sus sistemas al exigido en el orden nacional y evitar duplicaciones innecesarias y costosas para los actores privados.
Al mismo tiempo, la crisis de 2005-2006 vinculada al control de precios en los mercados fijados por el Gobierno, colocan a la problemática de identificación en un plano diferente a la que prometían los primeros tres años del 2000.
Los sistemas de identificación ganadera se vienen desarrollando progresivamente en los países que han adoptado políticas de crecimiento y apoyo hacia el sector ganadero, como es el caso de Brasil, Estados Unidos y Uruguay.
En la Argentina, según los datos del Indec, en los últimos años el stock ganadero aparentemente viene disminuyendo, con una matanza promedio, de 1990 a 2000, de 12,7 millones, que representan unos 2,7 M de toneladas de carne con hueso por año.
La serie anual de faena de hembras, aumentó desde 2002 y llegó en 2004 a 46,4%. Esto representa cierto peligro de liquidación de stock porque los índices actuales demuestran esa tendencia.
Nuestra ganadería vacuna está estancada, comparada con los países mencionados. Con un consumo interno que si bien disminuyó progresivamente desde la década del 80 cuando llegaba a 86 kg por habitante por año, bajando en los 90, a 60 kg y aumentó nuevamente en los últimos dos años, a 64 kg. Actualmente, continúa en ascenso.
La identificación es un tema importante en cuanto a la mejora tecnológica, siempre que acompañe el crecimiento de la producción. Sin embargo, las condiciones a la que viene expuesto este sector de la producción primaria en las últimas décadas, sumado la situación actual por el control de precios y las políticas de favorecer el consumo a costa de la exportación, generan una falta de aliciente para desarrollar la identificación y la trazabilidad en la ganaderia argentina.
La autora es directora general de Expotrazar 2007 y de Guías de Trazabilidad de Alimentos Argentinos






