
Con diálogo es como los Magnasco zanjan los problemas empresariales
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TANDIL (De un enviado especial).- Es muy difícil que en una empresa familiar no haya roces y problemas. El diálogo franco y fluido es en estas circunstancias el mejor aliado para encontrar las soluciones. Ese es el mensaje que dejan los Magnasco, en su fábrica de Tandil.
La familia tiene una historia que arranca en 1855 con su llegada al país procedente de Génova (Italia) y su relación con la producción e industrialización de leche tiene un largo recorrido.
En los hechos más recientes Atilio R. Magnasco, descendiente directo de aquellos pioneros, abre en 1973 el primer tambo y desde ese momento el negocio comienza a manejarse como empresa familiar y 20 años después inauguran la fábrica de quesos Don Atilio.
Los reyes
Todas las decisiones pasan por un directorio colegiado, en el que nadie tiene autoridad sobre nadie. Lo conforman Atilio R. Magnasco y su esposa María Silvia González Pagliere de Magnasco.
"Ellos son los reyes, que reinan pero no gobiernan, pero que tienen la última palabra cuando hay que tomar decisiones fundamentales", comentó a La Nación Atilio (h.), integrante del cuerpo y encargado de la producción primaria.
Esta segunda generación la conforman otros cuatro hijos: Alicia Magnasco de Vidarguren, a cargo de la comercialización de quesos; Alejandro, responsable de la compra de insumos; Esteban, encargado de la fábrica y de la sanidad, y Silvia Magnasco de Otero, en la administración. Completa el directorio Adrián Speranza (esposo de Mercedes, hermana de los anteriores), a quien cariñosamente califican como el tábano sobre la cabeza del noble , porque es quien hace la auditoría externa de la gestión administrativa de la empresa.
Por último, como tercera generación trabajan en la empresa Laura Otero de Bilbao (hija de Silvia M. de Otero), encargada de los tambos, y Federico, hijo de Atilio (h.), pasante.
Puerta giratoria
"Quien dice que en una empresa familiar no hay discusiones, miente" dijo Atilio (h.). Agregó que no es fácil resolver los problemas, pero que cambiando ideas, discutiendo, aunque con enojos, se puede lograr.
Por su parte, Speranza explicó que lo importante es que aquí funciona la división del trabajo, lo que evita en gran medida que surjan problemas.
Según Atilio (h.) los problemas que más surgen son en materia de inversiones. "Una vez al mes hacemos reuniones para tratar estos temas y lógicamente muchas veces hay enojos y portazos", señaló.
Pero en la empresa hay puertas giratorias , insistió Adrián, para expresar que el que se enoja, se puede levantar y retirarse del salón, pero al rato vuelve a la mesa "porque de una u otra forma, de la discusión siempre nace la luz".
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