
Los cordobeses Scarafía se desprendieron de su fábrica LIA y montaron todo un complejo agroindustrial
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Después de vender la fábrica de galletitas LIA -tenían un 10 por ciento del capital-, los Scarafía se instalaron de lleno en el mundo rural.
Cordobeses con tonada y un profundo cariño por las serranías ondulantes, la familia que supo hacer de las galletas un business millonario, desde hace poco tiempo encara sin reservas la explotación rural. Lo realiza desde la producción agrícola ganadera enlazada con un emprendimiento turístico al convertir una estancia que era de Julio A. Roca en un hotel al pie de las sierras chicas.
Los Scarafía vuelven al negocio del campo, el mismo que habían dejado de lado allá por 1993 porque sus obligaciones en la industria no les permitía atenderlo como correspondía.
"Lo hacemos profesionalmente, convencidos de la potencialidad que tiene la Argentina como futuro proveedor de alimentos en el mundo", comenta Guillermo Scarafía, que en esta nota habla en representación del grupo formado por don Néstor y sus hermanos Marcelo, Guillermo y Enzo.
Regresan por medio de la sociedad Estancia La Paz e inician un nuevo ciclo económico. Gente de empuje, empiezan a trabajar con un grupo de tierras significativo y una inversión de 8 millones de pesos.
Trilogía
Tienen 13.000 hectáreas distribuidas en cuatro campos casi vecinos de la provincia de Córdoba, zona de la que no quieren correrse por amor al terruño, también porque desean seguir de cerca las actividades que desarrollan.
El establecimiento más grande está en Deán Funes. Ocupa una superficie de 10.000 hectáreas y se destinó a la cría de Bradford y Brangus. Otro de los campos se encuentra en la pintoresca localidad de Sinsacate. Dedicado a la agricultura, cuenta con 400 hectáreas equipadas con sistema de riego por aspersión y un feed-lot con capacidad para 2000 novillos de producción propia.
El tercer eslabón del conjunto está en Los Molles. Allí se encuentra el establecimiento La Rosada, un campo de escasas dimensiones reservado para confeccionar rollos y fardos que se emplean para dar de comer a los animales. Pero el lugar más particular del equipo es, sin duda, la Estancia La Paz de Ascochinga, un pintoresco pueblo cercano a Jesús María (entre uno y otro punto distan 14 kilómetros), rico en monumentos históricos del porte de la iglesia de las Catalinas e imponentes casonas coloniales que emergen con gracia entre la frondosa vegetación de la zona.
El casco de 1830, en el que solía descansar el ex presidente Roca recibiendo la visita de personajes como Sarmiento, Pellegrini, Avellaneda y Figueroa Alcorta, se transformó en un hotel con 17 habitaciones, canchas de tenis, polo, piscinas y demás comodidades.
Base operativa de la sociedad, los turistas que van a La Paz pueden observar y, en algunos casos, hasta participar de los trabajos agropecuarios: siembra, arreo, yerra, ordeño, inseminación y doma de potrillos.
"El salto de Ascochinga"
La vieja casona está rodeada por un parque de película. Diseñado por el paisajista francés Charles Thays, los jardines ocupan 80 hectáreas y poseen un lago de ocho hectáreas. El suelo del parque se riega con el agua proveniente de más de 10.000 metros de acequias que datan del tiempo de los jesuitas.
En la estancia, otrora parte de una de las tantas otorgadas a merced a los conquistadores -según los archivos- el gobernador Ramírez de Velasco entregó estas tierras, llamadas por los indios "manantial de Cao Cao", a Jerónimo Bustamante en 1589. Hasta los potreros son vistosos. Están recorridos por ríos y hay un barranco de más de veinte metros que inspiró a Lucio V. López a escribir el cuento "El salto de Ascochinga".
Con el cambio de rumbo, los Scarafía ni por casualidad temen el fracaso. "Queremos crecer apostando al riesgo. La idea es manejar los campos como una empresa y edificar la marca Estancia La Paz en diferentes segmentos", culmina el entrevistado.
A juzgar por la destreza que demostraron durante la conducción de la fábrica de galletitas LIA -facturaba 70 millones de pesos anuales-, los integrantes de esta familia, descendientes de italianos, también harán un buen negocio de la actividad rural.





