
En el campo se registra una menor tasa de promoción y mayores índices de abandono interanual y de sobreedad; a pesar de ello existen proyectos que permitirían superar estos resultados
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H ay chicos que para llegar a la escuela caminan 10 kilómetros de tierra, otros que tienen que atravesar montes y cuestas, y otros que se acercan desde los suburbios de las grandes ciudades, donde se desdibuja la frontera entre lo rural y lo urbano. Hay docentes itinerantes que recorren el interior de las provincias para asegurar que algunos chicos cursen el 8° y 9° grado de la Educación General Básica y así completen los diez años de escolaridad obligatoria. Hay maestros que coordinan en un mismo salón a alumnos de diferentes edades, ciclos y niveles. Hay otros que motorizan proyectos comunitarios o promueven el vínculo con la universidad y con las empresas de la región. Esta suma de voluntades caracteriza hoy a la educación en zonas rurales. Sin embargo, a pesar del esfuerzo, según el Ministerio de Educación de la Nación, las escuelas de campo registran una menor tasa de promoción respecto del total nacional e índices mayores en lo que se refiere a abandono interanual y sobreedad (ingreso tardío en la escuela). Esto se debe, entre otras razones, a la distancia que hay que vencer para llegar a muchas escuelas, a la escasa oferta educativa en el nivel inicial y al hecho de que muchos chicos faltan a clase mientras participan en labores estacionales como la cosecha o porque tienen que hacerse cargo de sus hermanos en ausencia de los padres. En un alto porcentaje los chicos que asisten a las escuelas rurales pertenecen a los sectores más pobres de cada zona.
A estas dificultades se suman la falta de capacitación docente en lo que se refiere a ruralidad y al trabajo en plurigrados, las deficiencias de infraestructura, tanto precariedad o deterioro de las instalaciones como ausencia de servicios básicos, y la escasez de material didáctico.
Los resultados educativos reflejan inevitablemente este cúmulo de factores adversos y la falta de políticas articuladas en materia de educación, salud, infraestructura y desarrollo social, admite Claudia Jacinto, socióloga dedicada a temas de educación e inserción de los jóvenes en el mercado laboral. Según un relevamiento del Ministerio de Educación de la Nación la tasa de promoción es menor en ámbitos rurales para todos los ciclos y niveles: en el caso de EGB3 el índice apenas supera 66 % -contra un 84,3% a nivel país- y se acerca al 75% en el caso del Polimodal -frente a casi 81% del total nacional-.
La tasa de abandono interanual (porcentaje de alumnos que no se matriculan en el año lectivo siguiente) es más alta en las áreas rurales que en el resto del país: alcanza el 11,62 por ciento en EGB1 y EGB2 -contra el 2,27 por ciento a nivel nacional- y el 28,3% en EGB3, frente al 8% del total país.
Lugar de referencia
A pesar de las desventajas a las que intentan sobreponerse maestros y alumnos en el campo, la escuela sigue siendo un lugar de referencia para la comunidad a la que pertenece (de hecho, en muchos casos es la única institución oficial en la zona o donde se asegura un plato de comida diaria para los chicos). Esa valoración favorece la búsqueda de soluciones desde la misma escuela, tanto para optimizar la calidad de los aprendizajes como para impulsar el desarrollo económico y social de la comunidad.
Lo cierto es que la diversidad de situaciones, geográficas, económicas, de composición poblacional, hace inviable una respuesta única a las dificultades de la enseñanza en el medio rural. El mapa educativo de Santa Fe, por ejemplo, incluye escuelas aisladas, escuelas de poblados chicos y otras en la periferia de ciudades como Rosario, Venado Tuerto y Rufino.
Según explica Claudia Chamudis, de la Red Federal de Formación Docente, en el norte de Santa Fe la pérdida de matrícula es constante debido a la migración de las familias afectadas por el desempleo tras la expansión de la soja y la mecanización de los procesos productivos. "En el Norte tenemos muchos poblados en riesgo de desaparición", lamenta Chamudis, que dirigirá un curso para formar a los docentes en las áreas curriculares de 8° y 9° grado de EGB, en esa provincia. En el Sur, en cambio, por la extensión de los cordones suburbanos va cambiando la población escolar: se agregan chicos que no viven en el campo, cuyos padres dependen de planes sociales o se dedican al cirujeo.
A pesar de estas particularidades, existen proyectos que intentan la superación del aislamiento mediante el intercambio con otras escuelas, el fortalecimiento de la vinculación de lo educativo con lo productivo, el énfasis en la formación docente mediante la distribución gratuita de cuadernillos y la oferta de cursos a distancia así como una trayectoria escolar completa con profesores viajeros. Claro que la posibilidad de poner en práctica estas alternativas depende de la capacidad de gestión de los gobiernos provinciales y de los actores locales, y de la asignación de presupuesto.
Para seguir el caso de Santa Fe, desde 1998 se organizó una red de profesores que recorre unas 800 escuelas para dar clases a los chicos que necesitan completar el último ciclo de EGB, lo que permitió aumentar la cobertura escolar. Desde hace tres años los maestros y profesores involucrados en este proyecto ponderan juntos los logros de los alumnos. También hay maestros itinerantes para cubrir formalmente el preescolar (en el medio rural es común que los chicos de hasta cinco años asistan a la escuela con sus hermanos, en calidad de oyentes, y que el maestro, que no fue formado en educación inicial, deba hacerse cargo de su cuidado).
Según comenta Guillermo Golzman, del área de Educación Rural del Ministerio de Educación de la Nación, uno de los objetivos al 2010 es superar el aislamiento de las escuelas generando agrupamientos que faciliten la capacitación de los docentes y enriquezcan el trabajo de los alumnos. A las escuelas más aisladas también se espera poder asegurarles la provisión de energía, que permitiría, entre otras cosas, el acceso a la información donde no llegan ni los diarios ni las radios.
Además, se tiene en cuenta que a partir de los 13 años los chicos suelen dejar la escuela, independientemente del ciclo que cursen, por lo que para los alumnos con sobreedad se promoverán alternativas que, aún en el marco de los plurigrados, les permitan completar la EGB2 en menos de tres años. Otra prioridad es generar condiciones para que los jóvenes completen la EGB3 en la zona en la que viven (para evitar el desarraigo y la dificultad de adaptación a las zonas urbanas). Y en el caso del Polimodal, asegurar competencias que favorezcan la inserción laboral.
Soluciones para las necesidades del medio
La inversión pública en el campo, una deuda pendiente
Si bien la insuficiente inversión pública no puede suplirse con voluntarismo ni con eficientes gestiones aisladas, hay casos que vale la pena destacar, como un ejemplo de lo que puede lograrse desde la conducción de un establecimiento educativo. Tal es el caso de la Escuela Agropecuaria de Tres Arroyos (EATA), que si bien es de gestión privada, ofrece respuestas a las limitaciones de la educación pública y del medio social. La EATA articula con 26 escuelas rurales de la región para que los chicos que terminan 7° grado puedan completar la EGB y ofrece becas para los que quieran continuar allí el Polimodal. El establecimiento impulsa un proyecto para consolidar la retención escolar de estos jóvenes a través de la alfabetización tecnológica (en áreas como el tambo, hidroponia, cultivo de hongos y producción de biodiesel), que será financiado por la Fundación YPF. El objetivo es desarrollar competencias laborales básicas para facilitar la inserción en el medio. Al mismo tiempo, la EATA creó un Instituto de Estudios Superiores que ofrece carreras de formación docente y técnica.
Por su parte, la Federación de Institutos Agrotécnicos Privados (Fediap), apuesta a trabajar en forma mancomunada con los productores y sus entidades gremiales, las empresas y los municipios tanto para mejorar la calidad educativa como para generar proyectos de desarrollo en el medio rural. En Fediap buscan formar a los alumnos de tal manera que se conviertan en agentes de cambio en sus lugares de origen.
Ahora bien, si tenemos en cuenta el heterogéneo mapa escolar antes descripto, cabe preguntarse por qué razón la inversión pública en el área rural no equipara la contribución del sector agropecuario a la economía nacional. Según un informe del Banco Mundial sobre el aporte del campo al desarrollo, en la Argentina la agricultura representa un 4,6% del producto bruto interno (PBI), pero cuando se analiza la actividad desde una perspectiva mayor y se incluyen los productos elaborados a base de materias primas de origen agropecuario (granos, pescados y madera), el impacto del sector llega al 32,2% del PBI.
El estudio advierte además, que la población rural es casi un 45% del total -casi 4 veces más que la cifra oficial-, cuando se mide según el criterio de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos, que tiene en cuenta una densidad poblacional menor a 150 habitantes por km2 y más de una hora de viaje a las principales áreas urbanas.
Según los economistas del Banco Mundial el problema no radica sólo en la baja inversión en las zonas rurales sino en la composición del gasto, fuertemente orientado a subsidiar grupos de productores en vez de destinarse a la provisión de bienes públicos como caminos, redes de servicios, atención primaria de la salud, educación, protección ambiental y programas dirigidos a la lucha contra la pobreza. "La mayoría de los países de la región no ha logrado ofrecer una combinación adecuada de políticas públicas en el campo como sería deseable tanto desde una perspectiva de reducción de la pobreza como de crecimiento", señala Guillermo Perry, autor del informe.
Estadísticas
- Según datos del Ministerio de Educación, existen unas 17.017 unidades educativas de Escuela General Básica ubicadas en áreas rurales, que representan el 43,6% del total país en ese nivel educativo. En el NOA y en el NEA esa cifra sube al 73 por ciento.
- El 14% de los chicos que cursan los dos primeros ciclos de EGB lo hace en áreas rurales, mientras que los que asisten a EGB3 y Polimodal representan el 8% de la matrícula nacional.
- El 30% de las unidades educativas EGB1 y EGB2 -unas 3400- cuenta con un solo maestro.
- La tasa de sobreedad en el ámbito rural alcanzó el 45,10% en la EGB3 y el 41,55% en el Polimodal. Estos índices superan los nacionales en casi un 15% y un 5%, respectivamente.
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