
Desde la época de la colonia fueron un espectáculo que atrajo a todas las clases sociales; las prohibió Sarmiento
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Un propietario y criador de gallos de riña de Catamarca, informaba a sus conocidos y público en general que había resuelto desheredar a su hijo Juan Pedro por la sustracción de tres gallos "ganadores", a la vez que ofrecía una fuerte recompensa al que le diera noticias de "los gallos, del mal hijo y ladrón" (Diario Los Andes , Catamarca 1890).
Otra publicación de esa época ofrecía venta de entradas..."a los señores que quisieran asientos por temporada pueden solicitarlos con tiempo, pues la mayor parte de ellos están vendidos y se dan a precios cómodos" (Diario El Aspirante 1897).
Los aficionados a este juego concurrían ávidos no solo de presenciarlas peleas, sino también de apostar fuerte, mientras la policía brindaba con su presencia seguridad al parroquiano.
Esta diversión "gallera" venia desde la época colonial. En todas las provincias, pueblos del interior y en Buenos Aires se daba casi como un deporte, entretenimiento y negocio asistir, participar y organizar las riñas de gallos.
Los españoles que vinieron a América a poblar y establecerse desde los primeros tiempos (siglo XVI y XVII) trajeron al gallo, a la guitarra y al caballo; y la riña de gallos son tan antiguas como la primera disposición que tuvo el hombre para imaginarla. Ya en el siglo XVIII el entusiasmo por asistir al reñidero era común entre la gente de las mas diversas clases sociales.
Nos dice Ricardo M. Llanes en Canchas de Pelotas y Reñideros de Antaño (58 cuadernos de Buenos Aires) que personajes de influencia en lo social y lo político, así como militares de alta graduación se apegaron a la cría de soberbios gallináceos que representantes oficiosos se encargaban de entrenar y llevar al reñidero.
La historia nos certifica una pagina donde dice: "El gobernador de Córdoba, don Benigno Ocampo, falleció en un reñidero de esta ciudad".
Y en otra pagina: "El General Nazario Benavídez fue preso en un reñidero en San Juan y fue llevado a la cárcel donde fue asesinado el 23 de octubre de 1858 (Francisco L. Romay).
Las cuadreras alternaban con carreras de sortijas y riñas de gallos. Estas ultimas alcanzaron amplia popularidad, destacándose los reñideros del "Puerto Morales", "del Andaluz", "de Gandulfo", ubicado en Suarez y Vieytes un local que ocupó mas tarde el de Misia Paca, famoso por ser su dueña mujer relacionada con políticos influyentes que había convertido su rancho "en un comité".
Copiosa es la literatura que trata de los pormenores e incidencias de la riña de gallos. De ellas van a hablar Leopoldo Lugones en La Guerra Gaucha y Ricardo Güiraldes en Don Segundo Sombra . El tema del gallo aparece en el cancionero y refranero criollo, así surgen dichos como: "Es poco gallo para tanta gallina".
Siendo Domingo Faustino Sarmiento ministro de Educación de la Nación, dictó la ley 14.346 conocida como ley Sarmiento, que establecía 15 días de prisión a quien maltratara a animales, y prohibición de actividades recreativas como Corridas de Toros y Riñas de Gallos.





