
Oscar Faccioli / Productor
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En la empresa familiar que administro incorporamos un cultivo donde no teníamos un entrenamiento previo: el algodón.
En primer lugar se lo buscó como una opción productiva para generar mayor facturación por hectárea dentro de la empresa. También lo vimos viable técnicamente, pues su tecnología va en franco avance, como la tecnología de surcos estrechos, el riego complementario y el aporte genético a través de materiales resistentes a insectos y herbicidas.
Hoy el mayor enfoque está puesto en la forma más correcta de realizar el cultivo en surcos estrechos, combinando con la adaptación de las variedades Bt y Br, esta última con resistencia a insectos y a glifosato. Creemos que el éxito está en el manejo del cultivo, que se lo debe conducir de manera tal de que la maquinaria de cosecha pueda trabajar correctamente y, si es posible, escalonando fechas para descomprimir las cuestiones operativas.
En este contexto, observamos que el cultivo resultó importante desde el punto de vista de la diversificación empresarial, pero también para la rotación en los lotes (aunque no genere un efecto de cobertura para siembra directa), y su adaptabilidad a zonas marginales con menor régimen de precipitaciones, así como en suelos regulares (clase IV o similares).
De todos modos, observamos que también hubo que sortear inconvenientes, como la necesidad de equipamiento específico para cosecha y poscosecha.
En una sola campaña, el cultivo duplicó su producción, con perspectivas de seguir ese camino.
No obstante, hay otras cuestiones para mencionar sobre el cultivo, como la muy baja capacidad instalada para el desmote [proceso industrial de separación de la fibra de algodón y su semilla]. No menos importante es la situación de un mercado poco transparente y poco predecible.
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