
Desde la localidad de Chequén, Carlos Crovetto Lamarca revierte las malas condiciones de su terreno mediante la siembra directa y una adecuada fertilización
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CHEQUEN, Chile (De un enviado especial).- Durante el cruce de la cordillera, las turbulencias de aire sin nubes, típicas de esa zona, hicieron bambolear al Boeing 767 hasta cerca del límite que provoca el susto en los pasajeros. En cambio, el vuelo paralelo a la costa del océano Pacífico, cumpliendo un trayecto de 429 kilómetros, desde Santiago hasta la sureña ciudad de Concepción, resultó impecable.
Cuarenta minutos adicionales en auto por los sinuosos caminos precordilleranos fueron luego necesarios para llegar hasta el establecimiento Chequén, de 400 hectáreas, propiedad de Carlos Crovetto Lamarca.
Animoso, vivaz y preciso en sus comentarios, dijo mientras señalaba dos lotes de maíz que dieron 170 quintales y que estaban sembrados prácticamente en la ladera de la montaña: "Ustedes están parados en los suelos más antiguos de América bajo situaciones de labranza convencional".
"Estos suelos son muy pobres, se trata de materiales arcillosos y con baja proporción de materia orgánica; a esto se adicionan las severas pendientes que dificultan la producción. En realidad, en esta zona, al suelo agrícola es necesario fabricarlo", comentó Crovetto.
Pese a sus experiencias en la Argentina, donde sus opiniones son muy tenidas en cuenta, paradójicamente en su país su ascendencia entre sus pares no tiene tanta correspondencia.
"Aquí, sólo el 20 por ciento de los 1000 o 1200 milímetros anuales de lluvia se dan en verano, cuando el tiempo es caluroso, seco y de noches frescas; ideal para el cultivo del maíz, a tal punto que se considera a Chile como el país de mayores rendimientos promedio del mundo, con 92 quintales por hectárea en un total de 100.000 hectáreas", completó.
Estrategia
Este productor tiene una prolífica historia de perseverancia e inteligencia para producir granos prácticamente en la roca. Pensando que tiene que alimentar a más de 60.000 gallinas ponedoras distribuidas en 6 galpones y que representan cerca del 90 por ciento de los ingresos del fundo -de esta forma se denomina a los establecimientos agrícolas en Chile-, Crovetto comenzó un plan estratégico de producción hace ya bastante más de una década.
Sabía que tenía que regar sus cultivos de maíz en verano y por eso construyó un "tranque" (represa) que comprende una superficie de 5 o 6 hectáreas y que alberga varios millones de litros de agua.
Conocía el valor de la recuperación de suelos de la zona y por ello implementó una producción de "cero labranza" (siembra directa) permanente y, como si los esfuerzos por hacer estas tareas fueran pocos, se empeñó en recuperar profundas cárcavas de terreno, rellenándolas con la ayuda de un "buldozer" (retroexcavadora), máquina autopropulsada que cuesta unos 300.000 dólares.
Abono
Las gallinas ponedoras desalojan de su tracto digestivo un volumen de deyecciones que llega a 750 toneladas anuales de guano y que se esparce sobre el terreno a razón de 10 toneladas por hectárea. El fétido olor que deja este rico aporte de nutrientes orgánicos puede percibirse en varias partes del fundo, pero no resulta suficiente para un buen cultivo de maíz.
Crovetto se despacha además con 350 unidades de nitrógeno, 150 de fósforo (bastante más que las dosis usuales en la Argentina) y 100-120 de potasio; todo esto configura un costo de producción de unos 60 quintales de maíz con una densidad de siembra de 90.000 plantas por hectárea a 70 centímetros entre hileras. Siembra además en invierno unas 130 hectáreas de trigo en directa que le pueden dar 60-70 y más quintales de rendimiento por hectárea.
También trabaja con la forestación y en este sentido nos cuenta: "Mi padre sembró estas 70 hectáreas de pino en 1945, en 1964 mi hermano las cortó y las explotó, luego, en 1970 compré el terreno, más tarde lo raleé y podé, y en 1991 vendí el renoval del bosque por un monto de 300.000 dólares. Hoy, el conjunto de árboles, continúa con una evolución normal y es uno de los soportes de conservación del suelo en estos terrenos naturales", agregó.
El productor además posee ganadería en encierro, integrada por 91 vacas con terneros. Los machos no se castran y a esto en Chile lo llaman toretes. Estos se venden con 400 kilos a los 13 o 14 meses, sin que se les den sustancias hormonales artificiales.
Opinión argentina
"Este sistema de trabajo, aquí en Chequén, permite deducir que, si se utiliza el sistema de producción adecuado, se pueden lograr altas producciones en zonas ecológicas en donde las condiciones son nulas para la agricultura convencional. Resulta notable cómo se puede preservar la naturaleza y al mismo tiempo utilizar los recursos al servicio del ser humano", comentó Víctor Trucco, presidente de Aapresid y uno de los visitantes del establecimiento Chequén.
Para Rogelio Fogante, prestigioso técnico de nivel internacional y productor con sede en Marcos Juárez, "la producción de Crovetto permite pensar en todo lo que puede incrementarse aún la superficie agrícola argentina en zonas marginales y, además, prueba que, la producción con los rastrojos en superficie posibilitan transformar suelos sin aptitud agrícola en tierras aptas para cultivos rentables".
En opinión de Roberto Peiretti, productor y técnico de Cruz Alta, "la siembra directa es considerada como la respuesta más válida frente a los ecosistemas deteriorados, implica una nueva definición del hombre frente a su medio.
En busca de soluciones
En esa localidad trasandina se realizó la reunión anual de la Confederación de Asociaciones Americanas para la Producción Agrícola Sustentable (Caapas), entidad que cuenta con representantes de Venezuela, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Chile, la Argentina, Brasil y los Estados Unidos. Algunos especialistas consideran que Caapas, por albergar ideas de producción con altos rendimientos cuidando los ecosistemas, es la única institución ambientalista que puede dar soluciones concretas y aportar ideas renovadoras en la Ronda del GATT.
Cumpliendo con lo que determinan los estatutos, luego de 6 años de presidencia argentina, Caapas cambió de titular. El señor Manoel Pereira, productor del Brasil, reemplazó a Víctor Trucco, representante de nuestro país.
Conflictos
CHEQUEN, Chile (De un enviado especial).- Durante el cruce de la cordillera, las turbulencias de aire sin nubes, típicas de esa zona, hicieron bambolear al Boeing 767 hasta cerca del límite que provoca el susto en los pasajeros. En cambio, el vuelo paralelo a la costa del océano Pacífico, cumpliendo un trayecto de 429 kilómetros, desde Santiago hasta la sureña ciudad de Concepción, resultó impecable.
Cuarenta minutos adicionales en auto por los sinuosos caminos precordilleranos fueron luego necesarios para llegar hasta el establecimiento Chequén, de 400 hectáreas, propiedad de Carlos Crovetto Lamarca.
Animoso, vivaz y preciso en sus comentarios, dijo mientras señalaba dos lotes de maíz que dieron 170 quintales y que estaban sembrados prácticamente en la ladera de la montaña: "Ustedes están parados en los suelos más antiguos de América bajo situaciones de labranza convencional".
"Estos suelos son muy pobres, se trata de materiales arcillosos y con baja proporción de materia orgánica; a esto se adicionan las severas pendientes que dificultan la producción. En realidad, en esta zona, al suelo agrícola es necesario fabricarlo", comentó Crovetto.
Pese a sus experiencias en la Argentina, donde sus opiniones son muy tenidas en cuenta, paradójicamente en su país su ascendencia entre sus pares no tiene tanta correspondencia.
"Aquí, sólo el 20 por ciento de los 1000 o 1200 milímetros anuales de lluvia se dan en verano, cuando el tiempo es caluroso, seco y de noches frescas; ideal para el cultivo del maíz, a tal punto que se considera a Chile como el país de mayores rendimientos promedio del mundo, con 92 quintales por hectárea en un total de 100.000 hectáreas", completó.






