
Christian Lagier, un apasionado por la restauración de estos coches
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El mundo comenzó a tomar movimiento cuando la humanidad comprendió la importancia de la rueda. A partir de entonces, hombres, ruedas y caballos emprendieron juntos el desarrollo de las naciones.
Christian Lagier es sutil observador de esta complementación. Pero lejos de parecerse a un carrero criollo, este porteño (con acento europeo, al estilo de Jacques Cousteau) recorrió caminos bonaerenses en busca de carruajes para restaurar y exportar.
"Ahí viene el francés", comentaban cuando Lagier pasaba frente a un boliche, tratando de reconocer la entrada de la estancia donde hallaría un grupo de coches antiguos.
"A los 12 años fui a vivir a Francia y luego a Suiza. Una década más tarde, recibí el diploma de la escuela de Saumur, que me habilitaba para dar clases de equitación en diversas escuelas europeas. En los años 80 volví a la Argentina y con Guillermo Egaña fundamos un taller de restauración de carruajes, a 25 kilómetros de San Miguel del Monte, en Buenos Aires. Gracias a un acuerdo con la municipalidad, enseñamos a los chicos de edad escolar los diferentes oficios vinculados con esta especialidad", señala Lagier.
El negocio marchaba bien, durante una década se exportaron desde Monte berlinas, breaks, vis a vis, victorias, ducs, coupés y phaetons, a Alemania, Brasil y los Estados Unidos.
En los años 90 el negocio se agotó. Los carros dejaron de correr, los operarios del taller comenzaron a llevarse "a las patadas" y Lagier tuvo que vender sus existencias. Sin embargo, "el francés" volvió a barajar. "Aún conservaba un as. Sólo esperaba una buena mano", sostiene Lagier.
Entonces decidió administrar un campo en Santiago del Estero dedicado al desmonte, a la producción de carbón y a la fabricación de ladrillos.Tiempo después Lagier volvió a Buenos Aires y ocupó la gerencia de la Cámara Suizo Argentina. Pero el hombre extrañaba su mundo.
Poco a poco, Lagier tomó distancia de la City, los celulares y la agenda electrónica para ocuparse de organizar el Primer Campeonato de Maniobrabilidad de Carruajes, que tuvo lugar en el predio de la Sociedad Rural Argentina.
Después abrió un taller de restauración y fabricación en Morón y, junto al platero José María Cuenca, organizó remates de "cosas de campo". Lagier se acostumbró a bajar el martillo en esos clásicos encuentros, que tenían por escenario Mataderos y el Campo Argentino de Polo.
"A este país llegaron muchos carruajes desde Francia e Inglaterra -explica Lagier-. Sobre todo, entre 1850 y 1900. La marca del fabricante estaba grabada en los ejes y en las tazas; estas últimas eran cambiadas por la marca de la empresa importadora. Muchos coches eran construidos por carpinteros de origen alemán, suizo, polaco o ruso. De estas corrientes étnicas derivan muchos de sus nombres, como la "chata rusa" o las "americanas".
La pasión de Lagier lo impulsó a participar de la fundación del Club Argentino del Carruaje y a escribir el "Manual del Atalaje".
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