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Así dice la canción: "La vaca es un animal todo forrado de cuero". Justamente eso es lo que el ganadero produce. Lo comercializa enviándolo a los mercados o directo a las plantas industriales, dejando su precio en manos de las necesidades, las posibilidades y el ocasional humor de los operadores de la demanda. No imponemos ni fijamos su valor. Nada sabemos qué pasa después con la carne, las menudencias y su forro.
Obviamente es indiscutible desde cualquier ángulo que se lo mire, que en un mercado ofrecido los precios bajan y en uno demandado la tendencia es alcista.
El condicionamiento ideológico del Gobierno les ha cegado al entendimiento una realidad inobjetable: "El productor no es formador del precio de la carne ni del ganado". Posiblemente la facilidad de encontrar un chivo expiatorio le resulte más conveniente a la hora de enfrentar una medida de fuerza del sector agropecuario, contundente y exitosa, justificada a la luz de las intervenciones distorsivas de los mercados, donde un diálogo de sordos amerita la ausencia de una política que al menos otorgue los lineamientos básicos para el crecimiento y desarrollo en un horizonte de previsibilidad.
Como toda respuesta, la intención de enfrentar al campo con la opinión pública difundiendo verdades a medias y falsas inducciones, se corresponde con una actitud inconveniente, propio de un accionar que denota inmadurez y capricho. Adjudicarle al ganadero la culpabilidad de lo que gana un jubilado y el presunto deseo de dolarizar su plato de carne, no constituye solamente una falacia de orden mayúsculo, es a la vez una maniobra poco feliz, o muy desgraciada si se prefiere.
Sería interesante tener presente que la demonizada exportación, en realidad jamás pagó más caro un animal para ese destino que lo pagado por quienes operan con destino al consumo interno. Animales livianos como terneros, vaquillas y novillitos para consumo doméstico, siempre tuvieron un precio por kilo vivo más alto que los novillos pesados de exportación. Tradicionalmente sólo el 20 por ciento de la producción tuvo ese destino.
La exportación
Sentados en la tranquilidad de estar abastecidos, el negocio de la exportación se definía con el mandato otorgado por el precio en el mercado interno menos un diez por ciento. Errónea interpretación subyace que algún sector pretenda entonces, dolarizar el plato de carne de los argentinos, más inexacto aún responsabilizar al ganadero.
Hoy con un cambio de paradigmas por el aumento del precio mundial de la carne junto a la presencia de nuevos actores en el país del negocio exportador muestran un nuevo escenario. Un cambio potencial en un escenario virtual ya que las exportaciones están limitadas y los mercados intervenidos.
Cuando medidas del Gobierno producen la reacción de aquellos damnificados por las mismas, se pone en marcha el remanido camino de formar una comisión donde las propuestas de solución sucumben ante la intransigencia de quienes nada están dispuestos a reconocer aunque se demuestre lo contrario (por jemplo, el límite de peso en faena, no baja del precio en góndola, etcétera), donde el diálogo de sordos conduce a promesas asumidas en un ámbito de complacencia, que de antemano se sabe, después no se podrán cumplir. Que la dirigencia del campo acepte por ejemplo para conformar, integrar una suerte de comisión fiscalizadora de los precios de los 12 cortes populares de carne en góndola, es por decirlo elegantemente un poema, o mejor un verso solo entendible a la luz de la impotencia y la desesperanza.
Cómo podrían las entidades del agro asegurar la remisión de un determinado número de cabezas a un mercado, siendo que la oferta se compone de la sumatoria de decisiones individuales que nadie puede arrogarse la potestad de manejar?, ¿otro verso? En todo caso puede hacerse lo contrario, como ha sido demostrado y exitosamente cumplido, pedir bajo forma de protesta la suspensión de los envíos.
Contar con cortes de carne a precios populares para el mercado interno es perfectamente factible. Uruguay y Brasil ya lo hicieron. Es un acuerdo que deberá impulsar el Gobierno con la industria y los supermercados. La exportación liberada puede contribuir ampliamente a estos objetivos subsidiando cortes desde una venta del resto del canal a mayor precio en el mercado internacional.
Increíblemente el periodismo nos sigue preguntando si vamos a hacer subir o bajar el precio de la carne, como si nosotros pudiésemos manejar esa variable. La oferta de carne de hoy es el resultado de incentivos recibidos en la ganadería de ayer (mínimo 3 años) cuando los indicadores orientaban a invertir y retener para aumentar la producción.
¿Con las medidas que imperan en el presente cómo será la oferta de mañana? Ese será el problema para las elecciones de los políticos de mañana. Nosotros sólo podremos hacer lo mismo de siempre, entregar de lo que quede del stock y de su productividad, un animal todo forrado de cuero.El autor es vicepresidente de la Sociedad Rural de Rosario y prosecretario de Carsfe.
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