
La Universidad Nacional de Tucumán impulsa el desarrollo de esta actividad para llevarla a los pequeños productores.
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SAN MIGUEL DE TUCUMAN.- Una iniciativa para emprendimiento y desarrollo de unidades familiares o individuales está siendo analizada por el equipo de trabajo de la Cátedra de Granja de la Facultad de Agronomía y Zootecnia de la Universidad Nacional de Tucumán, dirigido por el ingeniero agrónomo Luis A. Pailhé. Contando con la financiación del Consejo de Investigaciones de esa casa de estudios, se busca proponer una alternativa nueva para la zona de Tucumán y de la región del noroeste argentino, susceptible de extenderse a otros lugares del país.
Mediante el desarrollo del proyecto se posibilitará el aprovechamiento de un recurso renovable (la morera), pudiendo producir una importante ocupación de mano de obra, actualmente sin actividad, con la consiguiente generación de ingresos y llegar a dársele al producto básico obtenido un máximo de valor agregado industrial.
El ingeniero Pailhé ha denominado su trabajo "El gusano de seda, una alternativa válida para miniproductores".
El trabajo comenzó en 1993, con el apoyo de un programa del Consejo de Investigaciones de la Universidad Nacional de Tucumán. Se introdujeron huevos de gusanos de seda para comenzar su cría, selección y multiplicación a los efectos de aprender técnicas de producción transferibles a futuros productores de materia prima (capullos). El grupo de trabajo presentó también el proyecto ante el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) para la producción de seda natural en Tucumán y el NOA, iniciativa en la que están interesadas las cooperativas de productores de caña de azúcar, agricultores minifundistas y otros grupos. Se interesó, asimismo, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) para que participe en la calificación y apoyo tecnológico por el intermedio de su sección textil.
Desde la fecha indicada se realizaron sucesivas crianzas de gusanos de seda en los laboratorios y otras dependencias de la facultad tucumana, empleándose huevos provenientes de Francia. Se buscó posibilitar que los técnicos adquieran experiencia en una actividad abandonada desde hace aproximadamente 40 años y recordar en algunos de ellos prácticas y conocimientos adquiridos durante su infancia, en la educación primaria.
El objetivo es reflotar una actividad productiva dejada de lado en el país, tratando de constituir miniunidades de capullos de gusanos de seda que constituya un emprendimiento rentable para productores de pequeñas propiedades, amas de casa, jóvenes de entre 15 y 20 años y cualquier interesado que pueda formar reducidas unidades de producción y que mediante su organización confluya con sus productos a un ente integrador horizontal para la transformación de la materia prima en tejidos de seda terminados. El momento -según el ingeniero Pailhé- no puede ser más oportuno, ya que existe una tendencia mundial a volver al uso del hilado de seda natural, dejando de lado las fibras artificiales.
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Un poco de historia
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La seda es una fibra natural que viene acompañando al hombre desde hace miles de años, que la empleó en su vestimenta y es la de mayor calidad existente en el mercado, donde hay una creciente demanda de productos biológicos. En el tercer milenio antes de la era cristiana, en China, según documentos encontrados, se practicaba el empleo de la seda natural.
En el año 140 a.C., coincidente con la construcción de la famosa ruta de seda, que tenía 6400 kilómetros de extensión, se introduce en Occidente, con el traslado en secreto de huevos de gusanos por los monjes coptos y además Marco Polo, en sus viajes al Oriente, también conoce la producción. En el siglo XIV, Génova, Florencia y otras ciudades italianas, que eran importantes centros de tejido de seda, proveen la producción a los distintos sectores sociales. Sucesivamente se fue conociendo el empleo del gusano en otros países. En la Argentina, el naturalista español Ramón María Termeyer, en 1760, trajo huevos de gusanos de seda que se utilizaron en Buenos Aires y Córdoba. Tomás Godoy Cruz, gobernador de Mendoza, en 1821, estimuló la crianza del insecto y Domingo Faustino Sarmiento, posteriormente, intentó implantar la cría del gusano de seda en San Juan.
Como dato significativo, debe señalarse que en Estados Unidos, en la década del 30, se registró el mayor consumo mundial, siendo Japón el de más provisión de la materia prima.
Durante la Segunda Guerra Mundial la producción de seda se destinó a la fabricación de paracaídas y productos no relacionados con la vida civil.
En la Universidad Nacional de Tucumán, hasta la década del 50, funcionó un laboratorio de sericultura, es decir, para la explotación comercial de los gusanos. Su desaparición responde a los menores costos y popularidad de las fibras artificiales, que prácticamente copan el mercado.
Expresa el ingeniero Pailhé que el ciclo evolutivo del gusano de seda dura alrededor de 60 días y conforme a los distintos períodos cumplidos a lo largo del año los insectos se clasifican en diferentes tipos de razas o grupos biológicos.
El nacimiento del gusano puede ser retardado mediante técnicas de estibado, hibernación e incubación, tarea que actualmente efectúa la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Tucumán, que es la encargada de asegurar la calidad genética, proveyendo líneas híbridas de alto rendimiento. En estos momentos no resulta conveniente que los productores realicen la multiplicación directa, debido a que el programa se encuentra en etapa de perfeccionamiento.
La activación de los huevos se produce a diferentes temperaturas, y la fecha de activación debe coincidir con el brote primaveral de las moreras -que abundan en la región- cuyas hojas sirven de alimento a las larvas. Durante la etapa larval, el gusano efectúa cuatro mudas de piel, separadas cada una por períodos de sueño. Ello se debe a que el insecto, por poseer exoesqueleto, debe cambiar la piel para poder crecer.
La cría del gusano se realiza bajo techo, en galpones acondicionados, ya que en su evolución debe observarse sumo cuidado. Una vez que nace, la larva es colocada en bandejas de cartón corrugado, libre de producto químico, o con entretejidos de caña hueca. Las bandejas se pueden acomodar en estanterías, para aprovechar mejor el espacio.
En 1993, en Brasil, el kilogramo de capullo fresco alcanzó un precio de acopio de 1,97 dólar.






