
Eberardo Hoepke asegura que las coníferas pueden adaptarse a las extremas condiciones de la región
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SAN MARTIN DE LOS ANDES, Neuquén (De una enviada especial).- El viento se escurre entre los árboles y en ese recorrido va perdiendo fuerza.
Las hileras de pinos trepan sin dificultad hasta los 1700 metros, pues las raíces se afianzan incluso entre las rocas.
En un pequeño predio situado en la base de las laderas precordilleranas, el riego alimenta a miles de plantines que, tres años más tarde, tapizarán el valle.
Este marco natural es obra de Eberardo Hoepke, forestador que llegó desde Alemania en busca de un lugar donde afincarse. Con 100 francos y una moto recorrió el país. Y sólo se detuvo cuando, frente al Lácar y la montaña boscosa, descubrió que debía quedarse. Y se convirtió en pionero.
Durante 17 años administró la Estancia Quechuquina, en la margen oeste del lago. Allí instaló un vivero forestal y organizó la explotación industrial de los bosques nativos e implantados, "en una época en que nadie sabía sobre manejo de estos recursos".
La fortaleza que exigía la Patagonia vieja a los intrépidos que buscaban integrarse al paisaje se evidencia en un detalle: "Para llegar al campo había que andar cuatro horas a caballo o dos horas en barco. No había caminos ni vehículos".
Pero en 1978 se vendían 22 mil hectáreas "en las que sólo había dos gauchitos y veinte caballos. Eran campos sin ningún valor, totalmente erosionados".
Hoepke se conectó con cinco alemanes interesados en la zona, los convenció de la oportunidad de la inversión. "Los atrajo la posibilidad de ver el resultado más ligero que en Europa. Allá planta el abuelo para el nieto , en cambio aquí se puede disfrutar de la propia obra", explica.
Durante veinte años él impulsó un ambicioso plan forestal para esas propiedades. Hoy 8000 ha de coníferas son el resultado de su iniciativa. Desde la ruta se observa esa "colonia" de casi 9 millones de pinos.
"Empezamos a plantar en la pura arena. Eran faldeos pelados por el viento. Hubo que hacer casitas para afincar a la gente, construir la escuelita y el obrador, trazar caminos... Cada uno de los dueños aportó algo en beneficio de la comunidad que se gestaba", relata Hoepke.
A partir de las pérdidas que sufrieron al principio, se decidió crear un vivero propio, estrategia que al mismo tiempo les permitiría financiar parte del trabajo.
Hoy, a los 65 años, Hoepke sólo está a cargo de la producción y la venta de plantines para uno de los establecimientos. Allí se obtienen alrededor de 800 mil por año, pero el objetivo es elevar el número hasta 1.500.000.
Las variedades de pinos elegidas son ponderosa, contorta murayana y oregón, por su adaptación a la zona y su calidad para el aserrado.
Hoepke insiste en la necesidad de un adecuado manejo del bosque para lograr un rápido crecimiento en diámetro y en altura. Subraya que, por cuestiones de mercado, es imprescindible una buena poda para obtener madera sin nudos. Aporta un dato para confirmarlo: "En Estados Unidos, el m3 de madera con nudos vale US$ 65 mientras que sin nudos se cotiza a US$ 771".
Por ahora la principal actividad es la plantación, los raleos y la poda, pero se proyecta la instalación de un aserradero en Junín de los Andes.
"Los cinco vecinos procesarían la materia prima en forma conjunta. Al principio harán tablones para interiores, pues ese mercado se extiende hasta Bahía Blanca. Pero habiendo materia prima las posibilidades comerciales son muy amplias", cuenta.
Al mismo tiempo Hoepke asesora a una empresa petrolera, que proyecta plantar 1000 ha de pinos por año en la zona.
Proyección a futuro
"Lo que quise toda mi vida fue pintar puntos verdes en distintos lugares de la enorme estepa patagónica para que los jóvenes puedan decir: "Si acá crecieron cien árboles, podrían crecer cien mil". Mi objetivo fue hacer ensayos para demostrar la aptitud de la región pensando en los que siguen, porque yo no veré todos los resultados", explica Hoepke.
Sus conclusiones sientan las bases para el futuro desarrollo forestal. Pero más allá de sus conocimientos técnicos, su ardiente vocación enciende a cualquiera que lo escuche.
"Yo nunca pude estudiar, pero siempre me gustó observar, pensar, hacer ensayos y hablar con la gente que sabe", advierte con humildad. Acto seguido destaca el aporte de los Larminat, que "durante tres generaciones se dedicaron a ensayar plantaciones con semillas de toda clase de plantas y de cualquier procedencia. Ellos demostraron lo que anda y lo que no".
Su prédica es contundente: "Los bosques nativos no pueden conquistar el desierto patagónico. Tenemos que recurrir a especies que sobrevivan en condiciones extremas. Hoy sabemos que los pinos son pioneros en la estepa, porque desarrollan una raíz pivotante que encuentra los nutrientes y el agua acumulados en las profundidades", apunta con tono pedagógico.
Y su explicación llega tan lejos como sus objetivos. Tras frenar el azote del viento y mantener húmedo el suelo, surgen las condiciones para el crecimiento de las latifoliadas.
La síntesis de su pensamiento es contundente: "Venciendo la erosión, producimos fuentes de trabajo para la región, maderas para el país y oxígeno para el mundo".
Pero Hoepke busca otra imagen para destacar la productividad del bosque. "En las dos o tres hectáreas que hacen falta para alimentar una oveja se pueden plantar ¡entre dos y tres mil árboles!" Su objetivo es conquistar el desierto extendiendo la masa boscosa hasta donde llueve 300 milímetros por año.
"En lugares muy marginales -subraya- hay plantaciones que ya esparcen sus semillas. Y el viento las propaga entre las fisuras de la tierra y las rocas, justo donde no pudimos plantar porque la pala no penetraba."
Lejos de la especulación, el testimonio se basa en su trayectoria como asesor de la Corporación Forestal Neuquina (Corfone). Las plantaciones que lograron en Abra Ancha, Palitue, Alicurá y Zapala son avales suficientes de su postura.
Hoepke advierte que en la meseta central patagónica la limitación hídrica podría superarse con obras de riego, aprovechando el caudal de ríos y arroyos. Refiere como ejemplo las experiencias desarrolladas en Israel.
"Es necesario pensar en un manejo adecuado para cada lugar y contar con gente que ame este trabajo. Ahí radica el éxito. Es cuestión de dar el puntapié inicial. El desafío es convencer que plantar bosques es posible."
Trayectoria
Eberardo Hoepke fue, al mismo tiempo, gestor, realizador y testigo de proyectos forestales. Hoy mira la montaña y repasa los años de trabajo, desde los inviernos en que subía a las laderas nevadas cargando la pala y los baldes repletos de pinitos hasta la labor en el vivero y los primeros raleos...
Se detiene para escuchar al viento entre el follaje que vio crecer. Y su observación del mundo natural es tan profunda que parece advertir "una trama secreta".
Hoepke señala el contraste entre los cambios milenarios del paisaje y los que rápidamente provoca el hombre. Augura "un futuro cada vez más amplio para la forestación".
Cuando hurga en las causas de su vocación, dice que ya su bisabuelo era forestador. Pero enseguida reconoce que no sólo se trata de una cuestión de sangre. Señala la "conciencia forestal" que desarrolló en su país de origen.
"Yo fui aprendiz en una finca que pertenecía a la misma familia desde 1532. Allí se palpaba un fuerte amor por la tierra. Cuando una de las hijas estaba a punto de casarse, decidieron cortar un roble, que había plantado el abuelo, para financiar la boda. Lo que me impresionó es que, sin decir palabra, enseguida plantaron tres robles nuevos en el mismo sitio."
Aprender de la experiencia
SAN MARTIN DE LOS ANDES, Neuquén (De una enviada especial).- ¿Cómo encarar el desarrollo forestal? La polémica que genera la pregunta refleja que todavía hay mucho por investigar y por aprender.
Miguel Anz, reconocido productor de Catán Lil, provincia del Neuquén, advierte el peligro de forestar en gran escala en zonas de potencial turístico y del impacto ambiental que deviene de los monocultivos de coníferas.
"Nadie viaja cientos o miles de kilómetros para ver uniformes y monótonos bosques de pinos, que son iguales en todas partes de mundo y que siempre están del mismo color. La industria forestal no es compatible con la zona turística y debe estar alejada de la misma. Cuando las plantaciones son jóvenes se ven lindas, pero cuando comienzan a cosecharse, hay rollizos desparramados, cargaderos, aserraderos, tráfico de camiones...", explica en la revista Presencia, editada por el INTA Bariloche.
Anz insiste en que la propagación natural de los pinos introducidos compite ventajosamente con las especies autóctonas. "En Bahía Manzano,Villa la Angostura, bajo los centenarios bosques de coihue se observa una alfombra de pino oregón y ningún renuevo del nativo", apunta. El desafío, según Anz, es lograr "bosques más variados y paisajísticos". La clave es copiar a la naturaleza lo más posible. Arturo Kölliker Frers, ingeniero agrónomo de Forestar Bariloche SA, explica, en la misma publicación, que las coníferas "están mucho mejor preparadas para oficiar de pioneras y colonizadoras de sitios alterados (por inadecuados manejos agropastoriles), ventosos y secos".
La incorporación de coníferas, a su juicio, es una alternativa que permite diversificar fuentes de producción e ingresos, enriquecer ecosistemas y crear condiciones que a futuro permitan el aprovechamiento de mayor variedad de especies.
Eberardo Hoepke muestra fotografías que reflejan la evolución de los bosques cultivados en diferentes tipos de terreno. Y la secuencia temporal evidencia que sólo algunas variedades de pinos transforman lugares desérticos, donde apenas llueve 300 milímetros por año. Allí las tierras ociosas por pérdida de receptividad ganadera terminan convirtiéndose en un tapiz verde.
Esas imágenes que integran el álbum familiar son una muestra de lo que puede hacerse cuando un fuerte compromiso con la naturaleza inspira el trabajo. En este sentido, los pioneros de la forestación comparten una visión a largo plazo, la preocupación por el desarrollo social y la necesidad de superar los conocimientos actuales en beneficio de los que siguen.





