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A todos los une una misma pasión: los caballos. Fuera de la cancha son amigos, pero dentro de ella no tienen reparo de pelear por ser el mejor. Ellos son Nicolás Ferrer, Francisco Cardeilhac, Diego Cornet, Cruz Juárez Peñalva y Simón Guevara, jugadores del deporte que volvió a ponerse de moda: el pato.
El pato, declarado deporte nacional en 1953, se practica en la Argentina desde siglo XVII. Tras años de decadencia, en el último tiempo comenzó a resurgir.
Córdoba es el lugar de nacimiento de los entrevistados, y la tierra donde se disputan partidos llenos de adrenalina.
Entre los "pateros" hay estudiantes y profesionales. Nicolás Ferrer, por ejemplo, es uno de los decanos, ya que empezó a jugar en 1982. Hoy juega para Santa Isabel, con Fernando Amuchástegui, Francisco Nores y Andrés Laxague.
Ferrer cuenta que él introdujo el deporte en su familia. "Cuando empecé a jugar nadie lo conocía. Al tiempo empezaron a jugar mis hermanos, mis cuñados y mis primos", rememora. Ferrer dice que se enamoró del pato a primera vista: "Cuando vi un torneo dije "esto es lo mío" y me puse a practicar, hasta que tuve el primer torneo.
La pasión parece ser cosa de familia entre los pateros. Cruz Juárez Peñalva dice que comenzó jugando por imitar a su padre, Horacio, y luego descubrió que su familia tenía una larga tradición en el juego. "Leyendo me enteré que dos tíos de mi papá, Benigno y Jorge Rodríguez Jurado, habían firmado la solicitud donde se pidió la autorización de la práctica del pato con las reglas actuales", recuerda Cruz, que se inició a los 13 años.
Simón Guevara, del equipo La Escondida B, es el más chico (16 años) pero de más largos antecedentes familiares. Su abuelo sigue andando a caballo. Y su padre, Daniel Guevara, fue uno de los responsables de rearmar los torneos en la provincia, junto con Nicolás Ferrer. "Hoy se está jugando con mejor nivel, ya que muchos de los que juegan son hijos de pateros que desde que nacieron tenían un pato en la mano", afirma Ferrer.
Dificultades de una pasión
En la lista de contras del deporte, el primer lugar lo ocupan los riesgos físicos. El pato es un deporte que requiere velocidad sobre el caballo, algo que puede provocar un mal trago. Como el que pasó recientemente Francisco Cardeilhac en Tucumán, al accidentarse gravemente y quedar internado en terapia intensiva una semana. A Cardeilhac, un veterinario de 27 años, la experiencia a través del equipo Causana (en el que juega con su hermano Gustavo y Luis y Diego Cornet) no lo salvó de quedar impedido de jugar hasta fin de año.
Además, mantener un hobby que implica muchas horas de práctica y gastos en caballos no es sencillo. Diego Cornet lo sabe bien. Este joven hace malabarismos para organizar sus estudios de agronomía, trabajar, y "patear" los fines de semana. "Te cuesta mucho compatibilizar con el resto de tu vida", dice.
Francisco coincide con él: "Tenemos problemas con nuestras novias porque nos vamos al campo, y con la plata, porque es caro, pero lo hacemos cueste lo que cueste". Ferrer y Guevara saben también de lo que hablan. Ferrer trabajó durante años de lunes a viernes en Buenos Aires, y aún así se las arregló para seguir jugando. Simón, como todavía cursa quinto año, solo puede practicar los fines de semana.
A la hora de hablar de los pro, los "pateros" se deshacen en argumentos. Dicen que en la cancha reafirmaron parentescos, desarrollaron amistades y compartieron infinidad de "terceros tiempos" regados de mate, asados a deshora y pan casero.
La adrenalina es otro ingrediente muy buscado. "Me gusta porque es un deporte aguerrido y quienes lo juegan tienen que demostrar su caballerosidad", dice Simón.
Entre los momentos memorables, todos mencionan una victoria en particular: la ganada a Gendarmería. "Era el mejor equipo y el que siempre nos daba palizas, y poco a poco nos fuimos acercando hasta que les ganamos", recordó Cardeillhac.
Los chicos se despiden, pero no por mucho tiempo. Este fin de semana se enfrentarán en el torneo que se realizará en el predio del AGEC, adonde, como reza la vieja copla, "con agilidad de centauros echarán el cuerpo hasta el suelo", porque el pato "es el juego de los gauchos, de ocho argentinos de fierro".






