El patrono de los domadores porteños

A San Felipe y Santiago, advocación que combina aun rey con un santo, le pedían los primeros jinetes
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24 de abril de 2004  

John Walter Maguire, autor del libro Loncagüé, historia de una estancia porteña, hizo una muy significativa contribución a nuestra historia rural con su investigación del "San Felipe y Santiago", patrono al que se encomendaban los domadores porteños. La doma de caballos siempre ha sido una profesión peligrosa: lo fue sobre todo en los principios de nuestra patria cuando no había remedio para tanta fractura y lesión interna como arriesgaba el que se hacía soltar desde la maroma sobre un potro redomón. Pero era una baquía indispensable para la supervivencia, puesto que sin caballo de guerra, sin caballos de montar o de cinchar, no había defensa, ni transporte, ni fuerza que aumentara la del hombre.

Sólo los mejores jinetes, los más valientes e inteligentes afrontaban esa tarea de quebrar la resistencia del animal salvaje y durante siglos el espectáculo de la doma fue justamente celebrado.

Maguire describe una escena a principios del siglo XX que podía haberse dado trescientos años antes: "En un potrero donde estaba el tambo se había colocado un palenque para atar al reservado (era un hermoso tostado, de mucha garra, que ya había basureado a varios domadores). El que lo iba a montar era Marcelino Vargas. Tres eran los apadrinadores y otros hombres de a pie ayudarían a tenerlo. Con un chiripá le taparon los ojos. Apenas Vargas se le sentó y les dijo «¡lárguenlo!ª, le sacaron el chiripá. El tostado, al ver tanta gente quedó algo así como sorprendido, miró después el campo, pegó un bufido terrible y se arrastró a corcovear. Vargas al principio lo iba contemplando sin exigirle demasiado. Fue entonces cuando el tostado empezó con sus viejas mañas. Comenzó con unos tiros bastante feos y a corcovear a vueltas. De pronto, en el aire, se hacía como un trompo para después seguir bellaqueando a sentadas. Pero no lo despegaba al jinete. Luego le iba guasqueando sobre uno y otro lado de los bastos. A cada nuevo tiro que le hacía el tostado, Vargas iba respondiendo con unos lonjazos que a dos tiempos le aplicaba en la tabla del pescuezo. En un corcovo, medio de costado que parecía que aquel animal iba a pegar con el costillar en el suelo, se estiró tanto que se pisó una oreja y entonces fue cuando se dio vuelta por sobre la cabeza. A pesar de ser ésta una caída terrible, a Vargas se lo vio salir de tal manera parado y caminando tan tranquilamente como si en aquel momento se hubiera levantado de una mecedora. Muy pocas veces se había visto una cosa igual. Aquélla fue una parada extraordinaria."

Gracias también a Maguire tenemos la nómina de los primeros domadores de Buenos Aires. Habían venido con Garay desde Asunción en su expedición fundadora. El puerto de Trinidad les resultó mucho más pobre en recursos que el de Asunción, y esos primeros pobladores pronto se encontraron en la miseria. Pero, de la primera fundación abandonada por la gente de Mendoza, habían quedado caballos sueltos que formaron enormes manadas.

Los pobladores elevaron un pedido al rey Felipe II para que les permitiera apropiarse de esa caballada sin dueño y obtenida la real licencia, con enorme riesgo dieron caza a los animales logrando, por fin, a través de yeguas apresadas, una reproducción que les proporcionó caballos de guerra y de trabajo. Fue ese su capital, su "refugio", como declaraban. El santo de su devoción no podía ser otro que un apóstol de a caballo. Pero junto al nombre de Santiago quisieron invocar también el de Felipe II, primer jinete de Europa, a cuya merced debían el haber podido adueñarse de los animales que con el tiempo harían su fortuna.

Pocas son las imágenes de "Felipe y Santiago", advocación que combina a un rey con un santo, pero Maguire tenía una, muy antigua, en su colección.

El caballo sigue siendo de un valor potencial muy grande en nuestro campo pero faltan ya quienes se dediquen a formarlo, pues los domadores son poco menos que raza extinta. ¿No será hora de apelar nuevamente al San Felipe y Santiago de nuestros primeros porteños?

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