Cuando el cielo de la pampa anuncia tormenta, el paisaje de la llanura adquiere un aspecto sobrecogedor
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La tormenta ya está sobre sus cabezas y comienza a oírse ese rumor imponente y sordo, semejante al que produce una disparada de yeguas en el campo", nos cuenta Benito Lynch en Los caranchos de la Florida. A su turno, Güiraldes describe en su relato: "La lluvia se precipitó interceptándonos el horizonte, los campos y hasta las cosas más cercanas. Los troperos se distribuyeron a lo largo de la novillada para cerrar de más cerca la marcha..."
Suele ser muy grande la impresión que causan la oscuridad amenazante del cielo, los refucilos en el fondo y luego la furiosa caída de los goterones, poco a poco transformados en lluvia interminable, cuando el que contempla está transitando a través de una llanura cuya desolación multiplica la instintiva tristeza que de suyo infunde semejante estado climático.
Lo hemos vuelto a contemplar desde una añosa galería que el agua salpicaba, pero en este caso ya las cosas eran distintas, pues no se presentaba en torno el desamparo originario, sino la protección anímica de la arboleda y de las casas complementarias.
De estas sensaciones puede hablar cualquiera que se haya asomado alguna vez a la campaña y, en rigor, es el que mejor puede hacerlo, pues es natural la conmoción extrema que un trance tal produce en puebleros sorprendidos, entre ellos tantos narradores y poetas que después porfiaron en querer transmitir la experiencia hasta con detalles, a partir del aviso que trajo el "olor a tierra mojada", inspiración mediante y con la utilización de algunas cuantas palabras perdidas, pero que aparecen si uno las busca, a modo de ropa vieja que vuelve a ser útil para una ocasión inusual, como le pasa al ceñido vocablo "aguacero", qué tanto dice y que, definitivamente, ya no se usa,
Llovía torrencialmente
En las narraciones de tono más popular, la gran lluvia no figura demasiado y cuando lo hace es sólo para dar paso al mate y a la torta frita, a la rueda en que se cuentan sucedidos -por ejemplo, del tipo de aquel anunciado por los octosílabos de "Llovía torrencialmente / y en la Estancia del Mojón..."-, más o menos vinculados con esas pequeñas pasiones que desatan los grandes dramas.
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