El Sur anhela vientos de cambio

Según el dirigente rural, el principal objetivo es engordar la hacienda en la provincia y así atender el consumo local; su gestión más importante apunta a recuperar el status de libre de aftosa sin vacunación para Neuquén
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28 de febrero de 2004  

JUNIN DE LOS ANDES.- La historia fue escrita de puño y letra por su abuelo materno, y después, por su padre, en el diario de la estancia Mamuil Malal. Allí, al pie del volcán Lanín, iniciaron un establecimiento ganadero desde 1892. Más de 100 años después, Andino Grahn continúa la tradición de llevar registro de la marcha de la estancia y, por añadidura, de la vida familiar. Nació en 1934, y condujo la Sociedad Rural del Neuquén durante más de 15 años, como presidente y vicepresidente de la entidad. Asumió el gremialismo agropecuario como una forma de compromiso social, dado su gran conocimiento de la región.

Se educó en el Colegio Lasalle y cursó Veterinaria durante cuatro años, hasta que en una temporada de polo resultó herido y la convalecencia en el campo apresuró la decisión de dedicarse de lleno a la ganadería. Don Andino recuerda que en 1957 ganó la triple corona con Juan Carlos Harriott padre e hijo, y con Enrique Alberdi. En esa época los caballos de polo criados en Mamuil Malal se exportaban a España, Francia y Estados Unidos.

Pero vamos al origen de la historia. Su abuelo, Constantino Enchelmayer, trajo las primeras tropas de vacunos desde Bahía Blanca, en varios viajes, que demoraban más de tres meses. Fue tal el esfuerzo de esos arreos que murió diez días después de llegar a la estancia. En esa época tenían una importante cantidad de ovejas y tropa de carros, en la que transportaban la lana hasta Zapala.

El padre de Andino, el sueco Bertil Grahn, llegó a la zona en 1921, con 26 años. Tres años después se casó con Elly Enchelmayer, con quien tuvo tres hijos. Ese año empezó a criar Hereford hasta llegar a los puros por cruza. Organizó un criadero de zorros plateados importados de Canadá y abandonó el negocio al terminar la Segunda Guerra Mundial (en Europa habían liquidado los rodeos por falta de comida para los animales y los precios de las pieles cayeron en picada).

La segunda aventura fue criar ovejas Karakul, originarias de Asia Central, con aptitud peletera. Según cuenta Andino, desde 1946 hasta 1970 el Astrakhan valía lo mismo que una vaca gorda. Después, la moda desestimó el producto y su padre vendió el plantel.

-¿Cómo era la comercialización de hacienda entonces?

-En esa época vendían toda la hacienda vacuna en Chile, porque dada la escasa población de la provincia el consumo era bajísimo, y además el transporte era complicado. Más tarde, cuando el país vecino obtuvo el status de libre de aftosa sin vacunación, hubo que buscar otro destino para las carnes, y muchos de los ganaderos del norte de Neuquén compraron campos en Buenos Aires para engordar sus rodeos.

Cuando Andino tomó las riendas del establecimiento la situación había cambiado radicalmente. Por la gran afluencia turística convenía terminar la hacienda allí, por lo que alquilaron campos de invernada y después empezaron a construir canales que retuvieran el agua en los valles para así aumentar la capacidad forrajera de la estancia. Hasta hace pocos años la cría de caballos fue también una actividad importante en Mamuil Malal. Hoy, don Andino y su hijo mayor se dedican a la cría de vacunos Hereford y ovejas Hampshire Down.

Durante una recorrida por su campo, Grahn se refiere a la dureza de los inviernos, a la disparidad forrajera en los campos, a la oferta estacional de carnes, a la liquidación de los planteles ovinos, al desarrollo forestal y al impulso del turismo de estancias.

-¿Qué limitaciones tiene la producción en la provincia y cómo deberían resolverse?

-Tenemos dos grandes problemas. Por un lado, no alcanzamos a engordar la cantidad de hacienda que hace falta para satisfacer el consumo local. Sin embargo, con los incentivos que ofrece el gobierno provincial, muchos estamos engordando los terneros acá, vamos mejorando los campos con riego y apotrerando más. En algunos lugares como la Cuesta del Agrio, Las Lajas, y Picún Luefú, estudian qué posibilidades habría de hacer encierres y suplementar con alfalfa y grano.

Por otra parte, perdimos el status de libre de aftosa sin vacunación al establecerse una barrera sanitaria interna que va por Cutral Có, Añelo y Picún Leufú, para permitir la entrada de hacienda en pie, de manera tal que pudieran abastecerse dos frigoríficos y con esa producción, cubrir la demanda de carne en la provincia. Ahora pretendemos dejar de vacunar la hacienda comprendida en esa zona y recuperar el status sanitario original. Con el Senasa y el gobierno de Neuquén estamos estudiando la forma de mantener en actividad esas plantas de faena y abastecer la demanda durante la época que nosotros no producimos.

-¿Los campos pueden soportar una mayor carga animal?

-En general, estamos con el máximo de carga. En los campos de cordillera nos limita mucho el invierno. Sin embargo, con canales de riego, con buenas pasturas, y apotrerando más, indudablemente se puede mejorar la capacidad forrajera. La ayuda económica no cubre la inversión total, pero impulsa las mejoras. En los campos ovejeros malos, en cambio, es difícil de aumentar la capacidad forrajera. Ahí precisás, a lo mejor, entre 12 y 15 ha por vaca.

Dada la disparidad de la oferta forrajera, de altitud, temperaturas y lluvias, no será simple lograr una mayor producción de carne sin forzar el ambiente. Este es uno de los temas que se analizan en la Sociedad Rural del Neuquén.

El perfil

Hombre de familia

Bertil Andino Grahn se casó con María Josefina Sempere en 1961, con quien tuvo cuatro hijos: Bertil y Juan Cruz trabajan en los campos de Junín de los Andes y La Pampa, Josefina María y María Gabriela están vinculadas con el agro pampeano. Los nietos son la quinta generación en Patagonia.

Dirigente rural

Condujo la Sociedad Rural del Neuquén en varios períodos durante 15 años. Su padre también había liderado la entidad gremial.

Un paisaje sin ovejas

JUNIN DE LOS ANDES (Enviada especial).- A diferencia del resto de la Patagonia, en Neuquén la ganadería ovina tiende a extinguirse. "En los años muy malos, cuando la lana no valía nada y el cordero no se podía exportar, la mayoría de los ganaderos liquidó sus majadas y las cambió por vacas. Los pocos establecimientos que quedaron con ovejas sufren la presión de los depredadores y del robo de ganado", dice Grahn.

El cultivo de bosques fue otro de los cambios en la zona. "Desde hace 35 años -explica- los ganaderos empezaron a invertir en bosques, alentados por el apoyo económico que otorga la Nación. En los últimos años, la provincia sostuvo este desarrollo haciéndose cargo del subsidio que el Gobierno había dejado de pagar, y ahora, mediante un subsidio para poda y raleo." Uno de los problemas de la región es la convivencia de los campos fiscales con los campos de propiedad. En los primeros, grandes rodeos de ovejas, vacas y chivos pastan en un paisaje abierto hasta que por alguna contingencia (seca o fuertes nevadas) pasan a las estancias en busca de alimento.

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