
Por Martín Rodríguez Otaño
1 minuto de lectura'
Siempre tuve debilidad por el trabajo de los artesanos, cualquiera que sea su especialidad. Un soguero o un platero traslucen su amor por el oficio.
El tambo también requiere un trabajo artesanal. Ningún productor agropecuario tendría un establecimiento lechero si no amara lo que hace. Hay que enfrentar mucho sacrificio para volcarse a ese rubro con la única finalidad de ganar dinero, aunque, en la actual coyuntura, mejor ni hablar de este tema. Cuando hablo de tamberos siempre hago la distinción entre un improvisado al que suele llamarse "pasavacas" y un tambero en serio, un tambero con mayúscula, un tambero artesano.
Confieso que siento pena cuando en los megatambos este hombre ya no conoce a cada una de sus vacas. No puedo dejar de recordar con un poco de nostalgia cuando las vacas eran "bautizadas" por quien las ordeñaba. Había un conocimiento cabal de cada animal y, al mismo tiempo, un dejo de picardía en los nombres que se buscaban. En todos los tambos abundaban los nombres de mujer: la Susana, La Martita, La Estercita. También otros relacionados con alguna característica del animal: la regalona o la mimosa y hasta otros menos poéticos, como la pateadora o la guampuda.
Avance tecnológico v. perfil de tambero tradicional
Los tiempos han cambiado. Hoy, las vacas tienen un número y sólo unas pocas ostentan un nombre. La caravana va cediendo paso a paso a otros sistemas más modernos de identificación. Y se habla de código de barras, de transponders y de muchas otras formas más eficientes que los nombres. Cuando hay que elegir un tambero, si bien el manejo de PC suele ser condición, también se eligen personas que quieran a "sus" vacas, que les importen, que las traten con cariño y las miren con el detenimiento propio de la gente de campo.
A pesar de los avances tecnológicos, se sigue buscando gente que trabaje en forma artesanal, porque más allá de la catarata de conocimientos de los últimos años y que las vacas de hoy den más leche que las de antes, la esencia del trabajo no cambia. Para este puesto se necesita el cariño de los artesanos y eso permanece inalterable en el tiempo.
El autor es director de AgroStaff - Recursos Humanos para el agro.





