En 2018 la industria láctea operó al 48% de su capacidad, por debajo del 62% del resto de la alimentación

El sector industrial hizo inversiones para procesar más de 16.000 millones de litros, contra los 10.000 millones actuales
El sector industrial hizo inversiones para procesar más de 16.000 millones de litros, contra los 10.000 millones actuales
Gabriela Origlia
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20 de marzo de 2019  • 17:47

CÓRDOBA.- La industria láctea operó al 48% de su capacidad instalada en 2018, por debajo del resto de las industrias de alimentación, que lo hizo al 62%.

La baja utilización deriva en altos costos fijos. La competitividad de la cadena se reduce y por ende el problema afecta a todos los eslabones, según el planteo que hizo el economista del Ieral Juan Manuel Garzón.

El experto explicó a LA NACION que, desde hace tiempo, el uso de la capacidad instalada de la industria láctea es bajo, por lo que hay que pensar en un problema "estructural". Es una industria sobredimensionada que invirtió para una producción de leche cruda que hoy está por debajo.

En la Argentina se producen, promedio, 10.000 millones de litros de leche cruda por año lo que implica un volumen más bajo que el que requerirían las empresas para garantizar una ocupación de capacidad instalada más razonable (se hicieron inversiones para más de 16.000 millones de litros).

Garzón admitió que, incluso el uso promedio de la industria de alimentos, es bajo pero lo vincula con la recesión que atraviesa el país. "Una diferencia de 14 puntos con la láctea implica mayores costos porque se planifica el negocio para una determinada utilización y, si eso no resulta, cuesta más diluir los costos fijos".

En la actividad el bajo uso de la capacidad no es tanto por caída de consumo sino por una cuestión estructural
En la actividad el bajo uso de la capacidad no es tanto por caída de consumo sino por una cuestión estructural Fuente: Archivo

Hay rubros que no se pueden achicar. Es posible comprar menos leche cruda, pero hay otros costos fijos que terminan impactando y golpean la competitividad de toda la cadena, según precisó. "No es un problema que quede en la industria; lo trasladará a los tamberos o a los consumidores", describió el economista.

La impresión de Garzón es que no hay una cuestión coyuntural que explique el alto nivel de capacidad ociosa, como podría ser la caída del consumo. "Va más allá y, en la actualidad, se combina con otros factores", afirmó.

Planteó que la suba de los lácteos se puede explicar por la caída de producción de leche cruda en el verano -"la combinación de calor y agua es un problema para los tambos"- y advirtió que es un "reacomodamiento" de precios similar al que se produjo en la carne vacuna. "Las gaseosas en estos dos meses subieron más que los lácteos", graficó.

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