
Fanega, manojo y leguas son todavía términos comunes
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PARANA.- El uso del kilo, el metro y el litro parece desplazar al resto de las unidades, pero el campo entrerriano es un muestrario de viejos sistemas de medidas que se resisten a caer en el olvido y conviven.
Las maneras suelen ser arbitrarias, y no siempre creativas, como las de Bellocchio, un agricultor de Gualeguaychú, que alambraba un potrero con sus hermanos y alguien le preguntó, en un grito, cuánto faltaba para alcanzar un esquinero: un pisón, una pala, una tenaza, una cuarta, cuatro dedos y aire, respondió el gringo, con precisión milimétrica.
La cuarta varía según la mano del hombre, y es el espacio que media ente el pulgar y el meñique extendidos. El jeme es más corto, entre el pulgar y el índice. Y menor aún los dedos puestos a la par: dos dedos, tres dedos, cuatro dedos. Cuando sobran milímetros, es aire.
Más largo es el paso, muy usual, como ocurre en el fútbol para marcar el punto del penal, y un poco más larga aún la brazada, que se mide de punta a punta de los dedos con los brazos extendidos. "¿De cuántas brazadas quiere el lazo?", pregunta el artesano. La yapa del lazo (el tramo que da a la argolla, y que más se gasta), mide una brazada y media según algunos baqueanos. Un horno de carbón de leña se hacía en un círculo de 18 brazadas de circunferencia, recuerda el Gaucho Quitilo, oriundo de Feliciano.
Difícilmente un campesino se refiera a kilómetros. Para señalar la estancia el paisano indicará la tercera tranquera, frente a los silos, o calculará una legua y media. No faltará el uso del caballo: un galope; medida usada en el pasado para mensurar las propiedades extensas.
La legua es una unidad itineraria de longitud utilizada en España. Su valor varía entre los 4000 y los 5600 metros, depende del país. En Entre Ríos es una medida de uso común en la población rural, y equivale a 5 kilómetros. Quienes manejan esta unidad también se refieren a longitudes intermedias: legua y pico, media legua, legua y media; casi dos leguas...
"De Corrales a Tranquera cuántas leguas quedarán, dicen que son once leguas, nunca las pude contar", dice una milonga que entona Alfredo Zitarrosa. Los registros históricos muestran que las estancias grandes se solían medir en leguas cuadradas.
Muchos tamberos suman el volumen de leche no por litros, sino por tacho (50 litros), como miden el combustible por tambor (200 litros), y el aceite o la grasa por lata (5 o 20 litros).
Y así los isleros del Paraná venden un mazo (manojo) de paja de techar, que puede ser un mazo flaco o gordo y los albañiles calculan las proporciones de cal y arena por balde.
Entre el productor y el camionero suelen entenderse bien si uno explica que cargó dos tolvas, porque se supone que ambos conocen de qué tolva se trata (5, 10 o 15 toneladas). Hay muchos ejemplos como éste, que hablan de sistemas restringidos a pocos, pero bien usuales.
El buen manejo de los números servía a veces para sacar tajada. En el intercambio entre arrendatario y propietario se usó durante décadas la bolsa como unidad de medida. Tantas bolsas para el colono, tantas para el dueño del campo, sin pesarlas. Algunos productores reconocen que, ante algún descuido, las bolsas chicas iban para un lado.
La fanega es una unidad de capacidad para áridos (granos, legumbres, etc.) y equivale a 55 litros y medio. Su valor depende de la región, porque sirve para hablar de la porción de granos que entra en el recipiente. En el campo entrerriano una fanega es una medida de peso y equivale a 100 kilos, como el quintal.
La arroba es la unidad de masa, cuyo valor también depende de la región, equivale a 11,5 kg. Es también una unidad de capacidad para líquidos, y su valor más extendido es 16,1 litros. En Entre Ríos la arroba es muy usada, sobre todo en las carnicerías: "La ternerita pesó seis arrobas la media res", dice el paisano y también en los granos: "Deme media arroba de maíz para las gallinas", o sea 5 kilos.
Cuentan en San José, colonia de franceses, que una de las administraciones municipales decidió imponer patentes a los vehículos que circulaban, y estipuló una tasa para los de dos ruedas y otra para los de cuatro. No se previno el Concejo de la inventiva de Yuyón Bouet, que fabricó una tricicleta y al que fue imposible aplicarle la ley.






