
Esta estancia centenaria de 4300 hectáreas también sufre el problema de las inundaciones
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Por la ruta 12, poco antes de llegar a Ceibas, en el sur de Entre Ríos, aparecen cubiertos por la vegetación los muros centenarios de La Azotea, estancia que perteneció a uno de los lugartenientes de Urquiza.
En la época en que no se había construido Brazo Largo y los viajes duraban varias horas, divisar la arboleda y los bañados con numerosas aves y las edificaciones del casco principal, constituían un hito en el camino al norte de Entre Ríos.
Jorge Fanelli recuerda esos tiempos y con una sonrisa orgullosa comenta que La Azotea siempre ha tenido fuerte presencia en la zona delPredelta y en la población de Ceibas.
"Las tierras pasaron a mi abuelo, Joaquín Comas Meller, que era médico; posteriormente las heredó mi madre y por subdivisión me tocó a mi la estancia, que cuenta con 4300 hectáreas", dijo.
El casco, de gruesos muros y ladrillos a la cal, data de 1868 y conserva edificaciones en perfecto estado, verjas, aljibes de estilo colonial y está rodeado de árboles añosos.
Las periódicas inundaciones, el tenor de los suelos arcillosos o de excesivo drenaje, la escasez de pasturas en invierno, conforman un panorama complejo que obliga a los productores a adaptar constantemente técnicas de manejo y prácticas agropecuarias.
El tema no es ajeno a Fanelli, que señala las dificultades para hacer rentable su campo, donde practica cría e invernada con estas condiciones ambientales. "Cuando vienen las crecientes tengo que salir con toda la hacienda y venderla, porque es muy difícil conseguir pastajes en otros campos y los precios de cotización siempre son más bajos."
Ingenio
Las labores en el campo no son sencillas por la irregularidad del terreno y debe aguzar el ingenio. "En los albardones es difícil entrar con maquinaria; por lo tanto, tengo que esperar que llueva y cuando la tierra está floja, siembro al voleo distintas pasturas: cebadilla criolla, lotus, melilotus y después hago pasar una tropa, obteniendo una pradera que me da muy buenos resultados", comentó.
En las partes bajas crecen gramíneas higrófilas de elevada productividad en primavera y otoño. "En verano, la receptividad es alta -dos animales por hectárea-, pero con las heladas al plantel que no se vendió sólo puedo darle una ración de mantenimiento, que no es suficiente; la hacienda pierde peso y debo tenerla más tiempo en el campo, con el costo que eso significa."
Fanelli, que es técnico agropecuario, trabaja con Brangus y Braford provenientes de la cabaña Vaca Cuá, estancia correntina propiedad de su hermana, y desarrollados en La Azotea con éxito.
"Como la ganadería es la única actividad posible, tratamos de hacerla de la mejor manera. Sería interesante -sugiere- que los productores de la región nos uniéramos porque la carne que obtenemos es orgánica, debido a que los animales se alimentan con pasturas naturales. Es una forma de abrir mercados y salir a exportar."
Como complemento, este productor organiza actividades turísticas y, junto a la gente de Ceibas, apoya el proyecto de elevar a la población a la categoría de municipio, que le daría impulso a la zona, por la importancia que tiene como sitio donde convergen las vías de comunicaciones, donde La Azotea también cumple un papel destacado por su presencia y la posibilidad laboral en las actividades que lleva adelante.






