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Soy responsable de maíz de Nidera Semillas. El manejo agronómico del maíz es clave a la hora de explorar los potenciales que ofrece la genética. Es por esto que nosotros, y en conjunto con la red de distribuidores Red.In, hacemos mucho hincapié en ofrecer recomendaciones específicas para cada ambiente productivo.
Esto implica entender que el resultado de la campaña depende no solo del híbrido en cuestión, sino también de la interacción de este con una situación productiva y en un manejo determinado.
Entre las decisiones que el productor debe tomar para sacar el mejor provecho del maíz en un ambiente específico ocupa un rol especial el manejo de las densidades de siembra. Pero ¿qué es lo que hace que en maíz esta decisión sea más influyente en el rendimiento que en otros cultivos?
El maíz es una especie de baja plasticidad reproductiva, esto quiere decir que no tiene capacidad para compensar el rendimiento cuando nos quedamos "cortos" de plantas en el lote, a diferencia de otros cultivos como soja y trigo que compensan la falta de plantas con macollos o ramificaciones y, por lo tanto, el manejo de la densidad explica poco las variaciones en el rinde de estas especies.
El productor, al modificar la densidad de siembra en un lote determinado, lo que está haciendo es elevar o disminuir el área de la que dispone cada planta de maíz para utilizar los recursos del suelo y producir biomasa. Está determinando qué tan estresantes serán las condiciones a las que estará expuesto el cultivo durante su ciclo productivo. En este punto nos encontramos con una situación de compromiso: densidades bajas no son compensadas por el cultivo y densidades altas pueden comprometer la generación del rinde.
Por lo tanto, necesitamos conocer el rango de densidad óptima para cada híbrido. Si lo imaginamos gráficamente, un aumento de densidad conllevaría un aumento de rendimiento hasta un óptimo a partir del cual mayores densidades generarían una situación de estrés por la limitada disponibilidad de recursos, afectando la tasa de crecimiento por planta y ocasionando una caída del rinde. En cada ambiente productivo hay un rango de densidades que funcionan como óptimo para la especie y para cada híbrido en particular.
Si definimos a la Densidad Óptima Biológica (DOB) como aquella densidad de la cual obtenemos el mayor rinde, no sería extraño preguntarnos si esta densidad es la que nos hará maximizar nuestros ingresos. Se desprende así que existe una Densidad Óptima Económica (DOE) que tiene en cuenta el precio del grano y los costos directos del cultivo, y que puede coincidir o no con la DOB, según cómo varíen estos factores.
Por todo esto resulta indispensable conocer no solo el ambiente en el cual vamos a realizar el cultivo, sino también cómo reacciona cada híbrido frente a modificaciones en el ambiente que lo rodea. A partir de esto, desde la empresa desarrollamos para nuestra Red el A.D.N. (Asistente Dinámico Nidera), una herramienta de recomendación que trasciende al clásico recomendador del híbrido ideal en función del ambiente y la fecha de siembra. En este se incluye, además, la curva de respuesta a la densidad de cada híbrido disponible para los distintos ambientes, lo que permite la determinación para cada caso particular de ambas densidades (DOB y DOE).
Andrés Caggiano
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