
Las corridas y las cabañas para toros de lidia fueron un atractivo en la colonia
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El 25 de junio de 1801 el alarife Francisco Cañete -el mismo que levantó la Pirámide de Mayo- con su hermano Carlos, comenzó la construcción de la Plaza de Toros en el Retiro. El 26 de enero de 1801 estaba finalizada la obra. De forma octogonal, tenía capacidad para 10.000 espectadores, y algunos palcos con sombra, otros no; lo mismo que las graderías, y también “oficiales” para el virrey, el Cabildo, la Real Audiencia, que eran adornados especialmente cuando esos funcionarios los ocupaban. Buenos Aires tenía una plaza de la que se podía jactar.
La calle del Empedrado (hoy Florida) aunque por pocas cuadras era el camino que transitaba casi una cuarta parte de la población para llegar a la Plaza, a presenciar el espectáculo taurino. Para acceder abonaban desde 4 pesos los palcos, a 2 reales la entrada común.
En el Telégrafo Mercantil se anunció por primera vez para el 14 de octubre una corrida, en celebración del cumpleaños de Fernando, el príncipe de Asturias. Los toros "que son los más acreditados de estos países" eran de la estancia de don Victorino Cheves (Luján). El que llegaran de esa zona respondía a que se criaban toros criollos más ariscos y bravos, los que en general eran animales sumamente ágiles, como los de la estancia de don Juan Pablo Méndez, que por años los supo proveer para las corridas en esa Villa, en la que a falta de un lugar adecuado se corrían frente al Cabildo, cuyos balcones hacían de palco oficial.
El 1º de noviembre el periódico dio a conocer el resultado de la corrida anterior, que dejó líquidos 790 pesos, avisando que el miércoles 4 se lidiarían 12 toros "en celebridad de los días de nuestro rey". El jueves 12 de noviembre cumpleaños del rey Carlos IV, se festejó con una corrida de toros, que fue a buscarlos al Rincón del Noario, Mariano Ponce, porque "siempre han salido buenos".
La corrida del día 23 de noviembre dejó 1280 pesos en entradas, contra un gasto de 389 pesos, y una utilidad de 891 pesos. La inmediata próxima fue el 9 de diciembre en celebración del cumpleaños de la reina María Luisa, para lo que se despachó a Mariano Ponce, pagándole 5 pesos en vez de 4 como se acostumbraba, "porque con ese estímulo se elija el mejor ganado". El periódico suponía que saldría a picar Mariano Aramburu.
El lunes 28 de diciembre de 1801 se lidiaron 11 toros, habiendo ofrecido el que los ha de conducir del Rincón de Noario (seguramente Ponce) "poner el mayor esmero en que sean de la mejor calidad. Se procurará aumentar la diversión con unos dominguillos que agraden al público".
Januario Fernández do Eijo, natural de Santiago de Foz, en Lugo, España, llegó con 19 años al Río de la Plata en 1739, se afincó en Buenos Aires y se casó con María Ignacia de Echeverría, lo que lo llevó a ser a ser uno de los estancieros más adinerados y prestigiosos. A la muerte de su suegro heredó el Rincón de Todos los Santos, en Magdalena, unas 100 leguas que llamaron "Noario" por su nombre; "Viedma" y ""Villoldo".
A su muerte en 1791, la mayor de sus hijas Manuela Josefa, casada con Francisco Piñeyro heredó el Rincón de Noario. Se denominaban así a los campos limitados por el mar, ríos, arroyos. Encajonados en esos lugares los animales dejaban de algún modo de estar sueltos y era más fácil su recolección. En ese "Rincón" pastaban 70.000 vacunos, 15.000 ovejas, 2500 caballos, 14.000 yeguas y potrillos y 1000 bueyes; muchos señuelos, bueyes mansos y adiestrados, destinados a atraer el ganado arisco.
De allí, salieron paisanos como Pancho Díaz; Flores que alcanzó notoriedad con sus bromas y sin duda los mejores ejemplares con los que porteños gozaron del arte taurino. El recinto ubicado en la Plaza San Martín, en 1819 fue demolido para dar lugar a los cuarteles del Retiro.






