
Pululaban matasanos legos por falta de médicos rurales
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CASTELLI.- Hay cosas que parecen muy sencillas y que, sin embargo, le cuesta a la gente entenderlas: las curanderas, más que reflejar la credulidad de los paisanos o el atraso de una época, eran un indicio elocuente de la escasez o ausencia de médicos.
Es cierto que suplían a éstos con un despliegue de curiosos rituales, a veces con el sacrificio de animales o la incesto de brebajes hechos con hierbas de la zona, y que, también, para desacreditarla se las motejaba de brujas, lo que ellas tomaban muy en serio porque lo consideraban la corroboración pública de que, en efecto, sus trabajos estaban relacionados con las artes del mal.
En verdad, no fue fácil para la ciencia hacerse un lugar entre gente que, por generaciones, había encargado a "las curanderas" el remedio de todos sus pesares. Tanto la asistencia a parturientas como la cura de empachos o las uniones de parejas, nada les fue ajeno a quienes hoy se han reducido a los acotados ámbitos del "mal de ojo" o de la limpieza de edificios.
En otro nivel muy distinto, los nombres de Pancho Sierra o Madre María son recordados todavía con veneración debido a milagrosas curaciones que se les atribuyen y que los han elevado casi a la categoría de santos. Eso sucede en todos lados, pero mucho más en el campo. Y en las zonas rurales no sólo se trata de curar humanos, pues asimismo corren mentas de curadores de animales o de sembradíos. Aunque cueste creerlo, todavía hoy circula la fama de curadores que con sólo mencionarlas el pelaje de un vacuno o yeguarizo aguantado conseguirían sanarlo en cuestión de horas, y si esto ocurre el animal no volverá a infectarse. Por otra parte, es sabido que hasta no hace demasiado, la presencia de la langosta en los sembrados era combatida mediante un recuento ceremonioso y escondido de surcos y cabeceras: realizado el procedimiento oportunamente, se creía que los cultivos se salvarían de esa plaga, cuya magnitud solía ser entonces catastrófica.
Lo religioso sólo acepta el milagro por obra directa de un ser superior y rechaza todo tipo de acciones terrenas que traten de provocarlos; por oposición, quienes practican las ciencias ocultas se adjudican poderes de mediación capaces de suscitarlos a su antojo; unos y otros actúan convencidos de que están en caminos mensajes que muy bien pueden recibir ellos, lo que daría testimonio del misterio de la fe.
Estas cuestiones no son patrimonio exclusivo de las áreas rurales, pues también en las grandes ciudades proliferan las medicinas alternativas, la astrología y otros asuntos similares, atacados por muchos, pero tambien aceptados por bastantes... Ahora, como se ha creído en el campo, no: ni en el de hoy ni en la ciudad se cree de igual. Porque se creía por pura convicción, por tradición, por costumbre ancestral, no por ansiedad ni para hallarle atajos a la vida.
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