
Los problemas económicos que arrastró la última cosecha y la volatilidad de los mercados, que no terminan de afirmar los precios agrícolas, dejaron en una incómoda posición a las empresas proveedoras, los distribuidores y las entidades financieras, lo que provocó una caída en la compra de insumos; las nuevas estrategias son innovar en comercialización y ser prudente en los gastos
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En pleno desarrollo de la campaña de la gruesa, fuertes factores económicos están limitando la financiación de la compra de insumos, donde se registró una baja en todos los rubros y un importante retraso en las adquisiciones de productos.
La caída fue entre el 10 y el 50 por ciento respecto del año anterior, según se trate de semillas, el sector menos castigado, o de maquinarias, las más afectadas por la crisis económica.
El arrastre de deudas de la campaña anterior y la incertidumbre que generan los mercados, con la volatilidad de las cotizaciones, que impiden afirmar los precios agrícolas, contuvieron a los proveedores y entidades financieras.
Los préstamos se otorgan con una estricta selección y las empresas recurren a nuevas estrategias de comercialización para no perder más terrenos en el negocio del campo.
El sector comienza la campaña de la gruesa, la más importante del país, con un pasivo que supera los 10.000 millones de pesos, entre deudas bancarias y privadas. Sólo en los cultivos básicos (maíz, soja y girasol) se invierten más de 2100 millones de dólares.
Sin embargo, pese a los ajustes, el área sembrada prácticamente será la misma respecto del año anterior, con una caída en la del girasol y un aumento en maíz y soja.
Competencia y precios
Esta "competencia" de las empresas tuvo su lado positivo y su costado negativo para el productor, porque generó una reducción en el precio de algunos productos, como semillas y agroquímicos, pero también cerró las puertas a muchos que desde el año anterior no pudieron cumplir con sus obligaciones de la última campaña.
Esto explica la caída en la venta de semillas de los criaderos y al mismo tiempo se advierte una mayor utilización de los semillas producidas en el mismo establecimiento, en especial con la soja. Además, la producción se autorreguló para no sumar más deudas.
La utilización de la siembra directa es una alternativa, no sólo para proteger la tierra, sino también para ahorrar costos. Un trabajo de Mario Arbolave, director de Márgenes Agropecuarios, muestra una reducción de casi un 10 por ciento en los gastos con la soja aplicando siembra directa respecto del sistema convencional de siembra.
Estrategia y decisiones
La estrategia para mantener el nivel de rentabilidad de la cosecha con una menor inversión es mejorar el sistema de comercialización y ser prudente con los gastos.
En este rumbo, por ejemplo, está Oscar Guerrini, que tiene su explotación en Hughes (Santa Fe). Este productor, que como muchos sintió el coletazo de la baja en el precio de los commodities, acaba de instalar un silo y una secadora y dice que aprovechará esta infraestructura para diferenciar calidades de trigo, hacer identificación de granos y cosechar con más humedad para vender en forma directa.
Las empresas también se mueven para seducir a sus clientes y mantenerlos hasta que "la tormenta se calme".
Por intermedio de la Asociación de Cámaras de Tecnología Agropecuaria (ACTA) o en forma independiente se trabaja en nuevas alternativas para amortiguar los efectos de la cesación de pago o las consecuencias de una mala cosecha.
Para Carlos Salvador, presidente de Agrevo Argentina y de ACTA, "hay dos factores que influyen en las decisiones de los productores: uno psicológico y uno productivo. En el primer caso -señaló- incluyo la incertidumbre que genera toda elección presidencial y que automáticamente retrae el ánimo del productor, porque no sabe con certeza cuáles serán las medidas que se aplicarán con el nuevo gobierno. Hoy, ya casi se conocen las líneas políticas de los principales candidatos y este efecto está desapareciendo".
El empresario mencionó como impacto productivo el clima y los precios de los productos.
Salvador tiene una carpeta llena de propuestas para buscar alternativas de financiación para los productores.
Desde hace más de tres meses están negociando con el Banco de la Nación el otorgamiento de préstamos, a través deACTA, para financiar la compra de insumos, y aunque un proyecto ya fue desechado por la entidad oficial, ACTA volvió a insistir con una propuesta nueva.
"El nuevo proyecto garantiza la cobertura del riesgo en todas las etapas de la producción. En la siembra con un seguro multiriesgo; en la cosecha, con la prenda del cultivo; en la comercialización, con la utilización de opciones para asegurar el precio, y en el acopio con el sistema de warrant", explicó Salvador.
Estas ideas ya forman parte de una nuevo expediente de negociación con el Nación y Salvador se mostró confiado en salir adelante con el proyecto.
En el caso particular de Agrevo, el empresario explicó que sumaron un sistema adicional para operar en la ventas de insumos. "Hacemos sociedad en forma individual o a través de grupo de productores. Nosotros proveemos los insumos, el productor pone la tierra y a la cosecha lo cobramos", sostuvo Salvador.
Estas alternativas de financiación apuntan al mediano y gran productor, que tienen respaldo financiero y pueden hacer frente con mayor fuerza a las crisis económicas.
La realidad es muy distinta para el pequeño productor, en especial los que tienen sus explotaciones en regiones alejadas de la pampa húmeda y que proyectan aumentar la capacidad productiva de sus tierras.
Números de la campaña
Una señal fueron los préstamos con tasas subsidiadas que otorgó el Gobierno como medida de apoyo al campo y, en especial, para esta campaña de la gruesa. La Secretaría de Agricultura podía licitar hasta 800 millones de dólares con una bonificación del 3 por ciento. Pero los bancos sólo tomaron poco más de la mitad de ese valor: 500 millones.
Aún cuesta forjar el concepto de asociación para comprar en mejores condiciones de financiamiento. Esto provoca apresuramiento y mal uso de las herramientas crediticia.
"Se están utilizando círculos marginales de financiación que van a terminar con los productores, porque se están pagando entre el 3 y el 5 por ciento mensual y este esquema productivo esa tasa no te deja rentabilidad", comentó Eduardo Buzzi, secretario de la Federación Agraria Argentina.
Ernesto Ambrosetti, economista en jefe del Instituto de Estudios de Económicos de la Sociedad Rural Argentina, analizó para La Nación el panorama económico que afronta el campo en estos tiempos de crisis.
"De los 2100 millones que se invierte en la campaña, los bancos financian aproximadamente un 38 por ciento; las empresas un 32/33 por ciento y el resto lo aporta el productor. La soja es el cultivo que más capital lleva, con 1200 millones de dólares", explicó el economista.
Como todos los analistas, Ambrosetti espera una reducción en la facturación en este año, "porque además de comprar menos, el productor también utilizó semilla propia, en especial en soja y trigo".
Carlos Salvador tiene expectativa de mejoramiento para el corto plazo. Superado el período de las elecciones presidenciales y si el mercado sostiene en alza los valores de los granos, el productor se largará en las últimas semanas a comprar con mayor interés. "Desde hace unos 20 días vemos un ritmo más movido en las compras", señaló.






