
Al norte de Junín de los Andes, este productor multiplicó los mallines mediante el uso de canales de riego, que retienen los escurrimientos pluviales, y de cañerías que distribuyen el caudal de vertientes de altura; así transformó un establecimiento lanero en un campo para la cría de vacunos
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CATAN LIL, Neuquén.- Lee la topografía con la precisión de un geólogo y diagnostica los efectos de la erosión con eruditas observaciones sobre la estructura del suelo y la cobertura vegetal.
Sobre la base del seguimiento de los cambios provocados durante décadas por el manejo ganadero y de la incidencia de los predadores (zorros y pumas) en la decreciente productividad, Miguel Anz buscó revertir la crítica situación con una estrategia de bajo costo.
Con el objetivo de multiplicar la superficie de mallines y lograr una disponibilidad forrajera ideal para vacunos, buscó asesoramiento en el INTA e instrumentó un sistema de canales para retener el agua de lluvia e instaló cañerías para repartir el caudal de vertientes de altura.
Gracias a este trabajo, la estancia Los Remolinos, de 28.000 ha al norte de Junín de los Andes, pasó de la tradicional producción ovina a la cría y recría de vacunos.
"Hicimos pruebas con caudales muy chicos. Pensamos que iban a rendir muy poco pero, a medida que regábamos, más agua teníamos. ¡Ibamos reteniendo la humedad!"
Con el riego temporario se multiplicó la superficie de mallines. Se pasó de un 3 a un 18 por ciento. "No creo que el crecimiento tenga fin porque las posibilidades de retener el agua son ilimitadas", advierte Anz.
Los resultados evidencian que el cambio es factible "cuando no se subestiman pequeños caudales de agua y cuando se aprovecha la capacidad de absorción de las mesetas basálticas". Con esta filosofía, el productor irriga durante el invierno más de 5000 hectáreas.
¿Cuál es el mérito de este sistema?
En primer lugar, detener la desertización. Las cárcavas que se formaron en las laderas sobrepastoreadas hoy están protegidas del viento y del agua por pasturas de alto valor forrajero. Además, la estructura del suelo se enriquece de materia orgánica y multiplica su capacidad de absorción.
En segundo lugar, conservar la humedad hasta los meses de mayor temperatura, cuando el ciclo vegetativo de las especies forrajeras demanda mayor cantidad de agua.
"Si se logra mantener suficiente nivel de humedad ahora, aunque deje de llover, estoy seguro de que el suelo es una esponja cargada de agua", comenta Anz.
En tercer lugar, permite una progresión sucesiva de especies. "Se mueren las más arbustivas y se expanden las gramíneas, tanto naturales como implantadas."
Anz reconoce que las especies que mejor se adaptan son trébol blanco, ray grass y festuca. Sin embargo, "las nativas son más nutritivas. Llevamos registros de peso y en los mallines naturales alcanzamos un promedio superior a 1,6 kilo de aumento diario en los últimos días de verano. Además, logramos entorar vaquillonas a los 14/15 meses, como en los mejores campos de la pampa húmeda; así alcanzamos un 20% de reposición", comenta el administrador.
Sobre la base de estos resultados, Anz insiste:"No estamos en zonas marginales, sólo requieren un manejo diferente".
A partir de pequeños cauces naturales -con sólo un tractor y un arado zanjador-, Anz traza derivaciones que simulan la espina dorsal de un pez. "Son canales que no transportan más de 10 litros por segundo y su caudal varía según la época del año", explica Anz.
Por otra parte, extendió caños que llevan agua a pampas secas donde no hay vertientes ni cauces por los que fluya el agua de lluvia.
"Los suelos tienen un horizonte medio arcilloso que impide que el agua escurra hacia abajo, por eso avanza hacia los costados", argumenta Anz.
En la zona, el régimen de lluvias es de 400 milímetros anuales, pero "lo importante no es lo que cae, sino lo que queda". Anz cuenta que donde observa que el agua se escapa hace un dique y un canal porque, subraya, "una hectárea regada rinde diez veces más".
Las curvas de nivel que dibuja en el terreno tienen una caída del 1 por mil. Este trabajo, "que no es mérito de uno solo", requiere, después, la disciplina del mantenimiento.
"Esto supone un costo mínimo. Una vez que se tiene la maquinaria sólo hace falta mano de obra. Cuando no había plata para hacer alambrados o mejorar los puestos, lo más económico fue hacer canales. Al tratarse de bajos volúmenes de agua no fue necesario hacer grandes obras de captación ni compuertas. El sistema provocó una genuina multiplicación de la producción y no hicieron falta subsidios", evalúa Anz.
En números
La estancia Los Remolinos dispone de 23.000 ha de estepa y 5000 ha de cordillera. Las obras de riego se concentran en las laderas de las mesetas basálticas que bajan hasta los 700 metros de altura y se usan como invernada.
Una serie de datos permite advertir la dimensión del establecimiento: la existencia es de 1870 cabezas; la carga es de 15 ha por animal; el peso promedio de la hacienda es de 381 kilos, y los kilos vivos por ha ascienden a 25,45. Los novillos se engordan hasta el año y medio hasta un promedio de 320 kilos y se venden en Bariloche, Neuquén, San Martín de los Andes y Zapala.
Anz acota argumentos elementales: "Para ganar un kilo de carne se necesita un mínimo de 5000 litros de agua porque para obtener 10 kilos de materia seca se debe contar con un mínimo de 500 litros de agua. Conclusión: para lograr un novillo de 400 kilos harían falta 2 millones de litros de agua".
Aquí "transformar un kilo de carne a base de pasto cuesta $ 0,30, en cambio, a base de granos cuesta un mínimo de $ 0,80".
Según el administrador la conversión a base de cereales no es eficiente. "No deja ningún margen de rentabilidad ante los vaivenes del mercado", apunta Anz.
Por el momento, la suplementación estratégica está fuera de sus planes, pero no la descarta definitivamente. Sí se opone categóricamente al feed lot.
Evaluación
La obra de Anz evidencia la productividad que ofrece la región cuando se interpreta el lenguaje de la naturaleza y se organiza el manejo en concordancia con sus ritmos.
Al bajar por esas laderas irrigadas y observar el contraste de la vegetación, resuenan las prioridades que defiende el productor: "retener el agua en el campo el mayor tiempo posible y asignar la carga animal adecuada a cada lote".
Su esfuerzo constante y su aguda interpretación agronómica de los resultados muestran lo que puede la pasión cuando está al servicio de la productividad.
Si se tiene en cuenta la crítica situación que atraviesa la producción extensiva de ovinos en esta región, que los técnicos sólo consideran económicamente viable una empresa con 6000 cabezas como mínimo y que menos del 10% de los productores cuenta con ese número, el giro que produjo Anz en la estancia Los Remolinos es un ejemplo para los que hoy priorizan las tradiciones productivas pero arriesgan su supervivencia.
Anz advierte que "los subsidios, como estrategia para apuntalar los cambios en el sector agropecuario de la Patagonia, generan situaciones ficticias y la comodidad, que es enemiga de las innovaciones necesarias".
Por eso considera que la disminución de la presión impositiva sería una ayuda ideal para permitir el genuino crecimiento de los productores chicos, porque "hay que ordeñar la vaca cuando está gorda, no cuando está flaca".





