
En Aapresid, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) presentó su estrategia a 2030, donde buscará financiar proyectos de agricultura familiar, infraestructura rural, riego, innovación y adaptación al cambio climático en América Latina
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ROSARIO.- En un contexto donde el acceso al financiamiento aparece como uno de los principales desafíos para impulsar la producción agropecuaria en América Latina, el banco de desarrollo CAF decidió redoblar su apuesta por el sector. Durante el Congreso de Aapresid presentó la Estrategia de Prosperidad Agropecuaria, un programa que compromete una inversión de aproximadamente US$8500 millones hasta 2030, una cifra que duplica todo el financiamiento histórico que el organismo destinó al agro regional y que busca fortalecer la seguridad alimentaria, la infraestructura rural y la adopción de sistemas productivos más resilientes.
El anuncio fue realizado por Christian Asinelli, vicepresidente corporativo de Programación Estratégica de CAF, durante el panel “Financiar el agro: cómo el apoyo internacional llega al productor”, donde compartió el escenario con representantes del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
La estrategia, presentada originalmente en marzo de 2025 en la oficina regional de la FAO para América Latina y el Caribe, en Santiago de Chile, prevé una meta intermedia de US$5500 millones para 2026 y apunta a financiar proyectos vinculados con la agricultura familiar, la seguridad alimentaria, la infraestructura rural y la adaptación al cambio climático.

Entre sus principales objetivos figuran incorporar al menos 55.000 hectáreas con sistemas de riego para la agricultura familiar y beneficiar a 10 millones de personas mediante iniciativas relacionadas con la seguridad alimentaria hacia el final de la década.
Durante su exposición, Asinelli explicó que la decisión de ampliar el financiamiento al valor ahora considerado responde al papel estratégico que ocupa el agro latinoamericano en la producción mundial de alimentos.
Recordó que América Latina y el Caribe alimenta actualmente a 1300 millones de personas, concentra el 18,4% de las exportaciones agrícolas mundiales, genera alrededor de US$238.000 millones anuales en exportaciones netas de alimentos, alberga la mitad de la biodiversidad del planeta y posee cerca del 30% de las reservas de agua dulce renovable.

Además señaló que el sector agropecuario representa alrededor del 7% del producto bruto regional y genera empleo para más de la mitad de la población que vive en áreas rurales. Pese a ese potencial, sostuvo que el principal desafío ya no pasa por conseguir más recursos financieros: “El problema del financiamiento agropecuario ya no es de volumen: es de arquitectura”.
Según explicó, hoy existen recursos provenientes de organismos multilaterales, fondos climáticos y capital privado interesados en invertir en el agro, pero esos recursos encuentran dificultades para llegar hasta el productor: “Hay recursos multilaterales, hay fondos verdes y hay capital privado interesado, pero todo eso se pierde en el último tramo, que es justamente donde está el pequeño y el mediano productor”.
Para Asinelli, el desafío de los próximos años será construir una mayor articulación entre los organismos internacionales, los gobiernos nacionales y provinciales y el sistema financiero para evitar superposiciones y facilitar el acceso al crédito. “La tarea de los próximos años es dejar de superponernos entre organismos, articular mucho mejor con los gobiernos nacionales y con los provinciales, y construir los intermediarios financieros que hoy no existen”, afirmó.

Asinelli sostuvo que una de las mayores oportunidades para mejorar la productividad regional está en el desarrollo de infraestructura para riego. Según explicó, América Latina y el Caribe tiene un potencial estimado de alrededor de 100 millones de hectáreas bajo riego, aunque actualmente utiliza menos de 30 millones.
Recordó que, a nivel mundial, los sistemas de riego representan apenas el 20% de la superficie agrícola, pero generan cerca del 40% de la producción, por lo que consideró que existe un amplio margen para incrementar la productividad mediante inversiones en infraestructura hídrica.
Otro de los puntos donde el organismo observa un importante potencial de crecimiento es la investigación y el desarrollo. Asinelli advirtió que, pese al peso que tiene la región en la producción mundial de alimentos, la inversión destinada a innovación continúa siendo muy baja. “América Latina y el Caribe alimenta a 1300 millones de personas con el 2% de la inversión mundial en investigación y desarrollo. Esa desproporción es, al mismo tiempo, nuestro mérito y nuestro techo, y es la razón por la que decidimos duplicar la apuesta al sector”, afirmó.
El ejecutivo recordó que la agricultura familiar ocupa un lugar central dentro de la estrategia del organismo. Señaló que representa el 81% de las unidades productivas de la región y produce aproximadamente la mitad de los alimentos, aunque continúa siendo el segmento con mayores dificultades para acceder tanto al financiamiento como a la tierra.
La Argentina
Al referirse a la Argentina, Asinelli repasó algunos de los proyectos que CAF ya financia en el país. Entre ellos mencionó un programa de restauración de ecosistemas en siete áreas protegidas nacionales, desarrollado junto al Fondo para el Medio Ambiente Mundial, con una inversión de US$50 millones. También destacó las iniciativas destinadas a la gestión y conservación de los bosques nativos de la selva misionera, que benefician directamente a 25.000 personas, entre pequeños y medianos productores rurales y comunidades indígenas.
Además, recordó que el organismo participa del Plan de Acciones Estratégicas para los ecosistemas de la Cuenca del Plata, que involucra también a Bolivia, Paraguay, Brasil y Uruguay, y de un proyecto de adaptación climática para seis cadenas de valor agrícolas del Norte Grande argentino.
A esa cartera se suman otros programas que actualmente se encuentran en proceso de formalización, entre ellos el fortalecimiento de tres cuencas hídricas del Nordeste y un plan de resiliencia comunitaria destinado a poblaciones rurales de zonas áridas de ocho provincias del NOA y Cuyo.
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