
Esta empresa, fundada en 1945, procesa 10.000 litros de leche diarios, que destina a la elaboración de quesos y dulces
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GONZALES CHAVES.- Llegar al kilómetro 240 de la ruta 3 y no tomarse el tiempo para conocer la fábrica de lácteos La Chavense, puede considerarse un sacrilegio. Significa perderse la oportunidad de degustar productos artesanales cuyo sabor transmite claramente que se ha puesto el alma para lograrlos.
La Chavense fue inaugurada el 13 de noviembre de 1945 por Ricardo Forel, inmigrante austríaco especialista en lechería, que adquirió el predio de 10 hectáreas. Aunque le habían asegurado provisión suficiente de leche para industrializar, su único proveedor era Aquilino Anselmín, que todos los días acarreaba la materia prima en Villalonga desde el paraje La Ema.
En 1962, Antonio Nicolás Jorge compró una parte de la firma y se integró en sociedad con Antonio Hermida, que entonces estaba trabajando en la empresa. Jorge, de ocho años, había emigrado con su familia a mediados de la década del 20 desde el pueblo de Siria llamado Rabah. Se desempeñaba como empleado ferroviario en Bahía Blanca, donde luego de su horario de trabajo, atendía un almacén de ramos generales con su esposa, María Elías Catub, también coterránea suya.
La vinculación de los Jorge con Chaves no era casual, pues María había vivido allí con sus padres e incluso había trabajado con María Esther Conde de Gonzales Chaves, esposa del fundador del distrito. Tanto es así, que cuando tuvo a su único hijo, Roberto Jorge, su parto fue asistido en la casa de los Chaves, vivienda que actualmente es el Museo Histórico Privado de la ciudad homónima.
La falta de capacidad en la zona para abastecer de leche a La Chavense seguía siendo un dolor de cabeza para sus propietarios. Se hacían esfuerzos en todo sentido para que la empresa prosperara. Se había habilitado la venta al por mayor y don Nicolás comercializaba simultáneamente verduras. Sin embargo, no era suficiente y debieron vender cinco hectáreas del predio original.
En 1970, Roberto, el hijo de Nicolás, que vivía cómodamente en Bahía Blanca y trabajaba como periodista y locutor en los medios de comunicación de esa ciudad, resolvió dejar todo para colaborar con su padre en la fábrica. Se había iniciado un proceso de reorganización, pero repentinamente falleció su padre. "Comenzaba otra etapa para nosotros, más unidos que nunca con mamá, luchadora incansable, fue obsesiva la tarea de llevar adelante la empresa", dijo Roberto Jorge.
Puso especial énfasis en lograr la provisión de materia prima. Primero formó varios tambos en la región, pero pronto su producción fue absorbida por grandes empresas lácteas. Entonces, se propuso armar sus propios tambos. Comenzó arrendando 300 hectáreas de campo en sociedad en 1975 y al cabo de 10 años se convirtió en propietario y fundó dos tambos. Los rodeos son de Holando Argentino y Jersey, con intenso cuidado en su sanidad, uno de los factores que inciden en la buena calidad del producto final.
Logrado el autoabastecimiento, Jorge resolvió diversificar la producción para no estar sujeto sólo a un producto. Además de dulce de leche, hacen quesos duros y blandos, crema, ricota, manteca, mozzarella y yogurt.
Decisión estratégica
Hoy, La Chavense procesa 10.000 litros diarios de leche y desde la década del 90 se tomó la decisión estratégica de mantener ese nivel de producción. "Nos dimos cuenta de que teníamos que fijarnos un techo como empresa familiar. No volvernos locos con la idea del crecimiento, sino con la idea de consolidación de una unidad productiva."
La producción se distribuye con transporte propio en Bahía Blanca y Mar del Plata y también se entrega a viajantes que distribuyen en toda la región sudoeste. Se instaló un salón de ventas llamado El Rincón de María, en homenaje a su madre, cuyo diseño al estilo viejo almacén combinado con el exquisito aroma que lo inunda delatan la oferta de productos elaborados naturalmente, sin conservantes.
Otro objetivo empresarial es cumplir una misión social. Para lograrlo, ha transformado el entorno en un museo donde hay más de 100 reliquias que permiten palpar el pasado productivo de la región. Se adoquinaron 200 metros de la calle de acceso con fondos propios y se colocaron arcos y forestación que completan el atractivo del lugar.
Para Jorge, la permanencia en un mercado con fuerte competencia, se debe a dos cosas fundamentales. Desde los propietarios hasta el personal, es buena gente y se caracteriza por su "voluntad, humildad, una cuota de inteligencia, pero sobre todo actitud". Con esta coincidencia básica, el emprendimiento funciona "como un reloj", lo que se traduce en la calidad de todos sus productos, carta de presentación por excelencia de Gonzales Chaves.






