
Se elevaron los costos de producción y los frigoríficos pagan precios más bajos
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¿Qué pasó con la cunicultura? Los que hasta no hace más de dos años optaban entusiastas por este rubro se encuentran hoy desengañados.
La cría de conejos ha dejado de ser una opción rentable. Los productores se encuentran con un panorama desalentador: el mercado interno es inexistente y el precio de los frigoríficos exportadores no alcanza para pagar ni la mitad de los alimentos que necesita el animal.
En algún momento pareció que iba a vivirse un "boom" de la cunicultura. De todo ello no ha quedado más que un nutrido tendal de productores frustrados que buscan azorados un nuevo horizonte o vuelven resignados a su actividad anterior.
Cuando se les pregunta por la causa de esta situación, no vacilan en su respuesta: los frigoríficos han dejado de comprar. Denuncian, asimismo, que lo que perjudicó a este rubro es "la gran concentración de los frigoríficos en la comercialización".
"Tengo tirada por ahí una jaula en la que invertí $ 100.000", comentó José Vilches, un ex cunicultor de Rosario. "¿Para qué seguir? -se preguntó-. El esfuerzo requerido es muy grande y el sideral gasto de los insumos no se condice ni de lejos con lo que uno recupera con la venta."
Como él hay muchos. Basta referir este dato: en toda la provincia de Santa Fe el número de cunicultores era 800. Ahora sólo hay 100.
El negocio principal de Vilches era la carne, pero también era criador de razas con aptitud peletera. En ambos casos, afirmó, la rentabilidad llegó a ser nula.
"Nos salvaría -agregó- el consumo interno, pero para ello se necesitaría una política de promoción que hoy no asoma por ninguna parte."
El conejo es en Europa un elemento infaltable del menú. Todo lo contrario de la Argentina, donde, según comenta Vilches, por cada 100 pollos sólo se vende un conejo.
José Rabitti, presidente de la Asociación Santafesina de Productores de Conejos, en Totoras, localidad de Santa Fe, dio, por su parte, una explicación del fenómeno. Lo atribuye a "una política de improvisación e imprevisión, ya que se estimuló a todo el mundo a criar conejo como un negocio de alta rentabilidad sin decirnos que ésta iba a depender de la voluntad de seis propietarios de frigoríficos que deciden cuándo y cómo comprar".
En su localidad, Totoras, había más de 80 pequeños industriales criadores; hoy quedan sólo dos. "En esta zona, contó, se creó un sistema de licitación y se llegó a vender 12.000 conejos mensuales de criadores de 33 localidades alrededor de Totoras; así se llegó a vender a 4,55 pesos el kilo vivo con un costo de alimento de $ 9,80 la bolsa. Hoy se está pagando $ 3,20 el kilo vivo y la bolsa de alimento cuesta $ 27. Hay que tener en cuenta que en el costo del conejo el 60% corresponde al alimento", añadió Rabitti.
Objetivo: el consumo interno
Los frigoríficos no aceptan cargar con la culpa que les endilgan los criadores. Para Manuel Pérez Diamante, del frigorífico Conecar SA, de la ciudad de Las Varillas, en el este de la provincia de Córdoba, la cuestión es muy simple: "El precio de la carne de conejo cayó a nivel internacional, y la consecuencia de ello es que a nosotros, al vender a menor valor, no nos queda más remedio que comprar a menor valor".
Agregó que las perspectivas de la cunicultura argentina sufrieron ya un golpe con el reingreso de China en el mercado de conejos, algo que para la Argentina resultó negativo, como también el aumento del arancel a la Unión Europea de 2,4% a 6,9% desde el 1º de enero de 2006. China sigue con la misma tasa, 2,4 por ciento.
No satisfechos con esta explicación, los criadores siguen achacando la crisis a la concentración de los frigoríficos en la comercialización, en tanto muchos ponen su esperanza en la activación del mercado interno.
Entre éstos se encuentra Edgardo Hartenstein, presidente de la Asociación de Cunicultores del Sur de Buenos Aires, de Florencio Varela. "Podemos -propuso- tomar ejemplos de países en un nivel de desarrollo más elevado que el nuestro respecto de la industria cunícula, como España, que en los últimos diez años ha logrado llevar el consumo interno de 0,350 kilos de carne de conejo consumido por habitante por año a más de 3,500 kilogramos, gracias al trabajo en conjunto de productores y a la participación en asociaciones referidas al tema."
El consumo local, por ahora, es reducido. Según estimaciones de la Secretaría de Agricultura, ronda los 100 gramos/cápita /año. Para muchos la consigna es dejar de ver al conejo sólo como mascota y empezar a atender a las nada escasas virtudes de su carne.





