
Durante tres días, los visitantes disfrutaron de muestras de artesanías, jineteadas, musicales y el tradicional entrevero
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LOBERIA.- El final llegó, como no podía ser de otra manera, entre relinchos y corcoveos. El cordobés Orlando Orozco se quedó con el premio mayor de El Broche de Oro, la competencia de jinetes que el domingo último reunió a una multitud en el campo de doma. Y pide revancha con El Rico, el reservado al que no pudo vencer en la monta especial.
Con el emotivo cierre de esta exitosa XXIV Fiesta de las Tropillas y la Tradición llegó también el momento de pausa para una localidad que vivió las últimas cuatro semanas a pura celebración, ya que a mediados del mes último se conmemoró con un gran festival musical el 115º aniversario de su fundación.
El tradicional encuentro reunió aquí a una multitud durante el pasado fin de semana. Viernes, sábado y domingo se vivieron a puro folklore, asados y jineteadas que en esta edición lograron asistencias récord.
"Todos los visitantes destacaron la buena organización y la calidad de espectáculo que encontraron", dijo Guillermo Barbería, tesorero de la Agrupación Tradicionalista Gauchos de Lobería, entidad responsable de la puesta de esta fiesta.
Durante esas tres jornadas llegaron por las rutas miles de visitantes desde pueblos y ciudades del interior bonaerense e incluso grupos que se trasladaron desde provincias vecinas. Y los casi 15.000 loberenses los recibieron con brazos abiertos y sabrosos costillares al asador.
La primera de las tres jornadas estuvo reservada a las distintas expresiones artísticas vinculadas con el campo y la producción. Los artesanos deslumbraron con sus finos trabajos. Las piezas en platería que se exhibieron y vendieron eran verdaderas joyas. Y los organizadores rescatan esta faceta porque, insisten, ofrece la posibilidad de rescatar el patrimonio cultural de los pueblos.
En las primeras horas de la XXIV Fiesta de las Tropillas y la Tradición comenzaron a llegar las primeras delegaciones desde Lezama, Dolores, Tandil, Balcarce, Necochea, Rauch y General Madariaga. Ahí el encuentro empezó a ganar color y calor.
Una muestra fue la primera noche a pura música con cantores, grupos de danza y peñas de Lobería y la zona. Los aplausos se escucharon hasta la madrugada.
Uno de los platos fuertes del fin de semana se vivió el sábado. El predio de la Agrupación Tradicionalista de Gauchos de Lobería se colmó de tropillas y delegaciones invitadas. Y ese espectáculo se trasladó durante la tarde a las calles céntricas, donde se hizo el clásico desfile, del que participaron agrupaciones tradicionalistas de varios distritos.
Más tarde, en el escenario "Luis Domingo Berho", se disfrutó de duelos de payadores, elección de la "Flor del Pago" y un inolvidable recital de cierre a puro folklore a cargo de "Chaqueño" Palavecino.
La reina en esta oportunidad fue Milagros Triunfini. Y los "pimpollos", Mercedes Picco y Pamela Mendoza. Ellas serán embajadoras de Lobería en todo el país.
Duelo de jinetes
Los integrantes de Gauchos de Lobería sabían de qué hablaban cuando bautizaron "Broche de Oro" al desafío final que reunió a los 13 mejores jinetes y otros tantos reservados que derrochan bravura.
Esas montas llegaron luego del gran espectáculo del destacado entrevero de tropillas, que en esta oportunidad reunió en el campo de doma a más de medio millar de animales. "Este año participaron 35 tropillas", dijo Barbería a LA NACION.
La hora de la verdad para los jinetes llegó a media tarde. En la lista aparecían, entre otros, Juan Cruz García, de Vela; Martín Torcaso, de 9 de Julio; el local Mario Gauto; el bahiense Miguel Fabrizi, el tandilense Jorge Andraca, y el cordobés Orlando Orozco, que resultó ganador. García y Gauto quedaron en segundo y tercer lugar.
Pero Orozco, que ya había ganado los 7000 pesos que repartía el "Broche de Oro", fue por más gloria. En la monta especial lo esperaba un mano a mano con El Rico, un reservado que es propiedad del loberense Carlos Bovati. Las 8000 personas respiraron hondo hasta el inicio de la batalla. El tordillo, que bien pronto notó que tenía hinchada propia, necesitó unos pocos segundos para salir airoso del duro cruce. El Rico hizo valer su localía. Y su invicto sigue en pie.
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