
El argumento oficial es que el sobredimensionamiento actual le quita eficiencia; para la dirigencia agropecuaria, la entidad cumple una función que difícilmente pueda ser reemplazada
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El tema quedó instalado en la opinión pública desde septiembre último cuando el Ministerio de Economía anunció la intención de convocar a bancos de inversión para que presenten propuestas para la compra del Banco de la Nación Argentina (BNA).
Y a partir de allí, la noticia generó preocupación en el sector agropecuario que aún hoy perdura.
Es que la primera gran incógnita que despierta escepticismo es la siguiente: ¿podrá una institución privada cumplir con los compromisos que actualmente tiene el Nación con el campo?
Vale recordar que hoy la institución presta al agro 2300 millones de dólares. Representa el 35,3 por ciento de la financiación solicitada por el sector, mientras que la banca privada nacional en su conjunto, el 34,7 y toda la banca extranjera, el 9,4 por ciento.
La segunda gran pregunta es: ¿quién va a ocupar el vacío que dejarán en el interior si desaparecen las sucursales que la entidad tiene en los más lejanos confines de nuestra geografía? Como dato, son 48 las localidades en las que el Nación es el único banco.
El gran argumento esgrimido desde la órbita oficial es el sobredimensionamiento estructural de la entidad que conlleva, se asegura, a un funcionamiento ineficiente.
Según el viceministro de Economía, Carlos Rodríguez, tal como está hoy el BNA, sociedad del Estado, no es una inversión rentable aunque sí lo podría ser con otra estructura organizativa y propietaria y enfatizó que nadie habla de cerrar la institución.
En cambio, Javier González Fraga, director del Instituto Argentino de Mercados de Capitales, advierte dos peligros con la privatización, el cierre y la extranjerización, y propone que "al tratarse de una empresa pública la alternativa es convertirla en una sociedad anónima con mayoría estatal, donde se le pueda dar transparencia a su gestión".
Para el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Enrique Crotto, "éste no es el momento de privatizar el Nación, cuando el mundo está sufriendo bruscos cambios financieros y económicos".
Rodríguez, González Fraga y Crotto participaron del "primer gran debate" sobre este tema durante una mesa redonda organizada por La Nación cuyos principales tramos se transcriben a continuación.
-¿Conviene privatizar el Banco Nación?
Rodríguez: -Sí, sin duda algo positivo tiene el Banco Nación para la sociedad, lo que hay que discutir es si es la mejor opción la que estamos ejecutando. El tema no es privatizarlo o no, sino que funcione mejor.
Privatizarlo no quiere decir venderlo todo entero a un banco. Hay proyectos de regionalización. De todas maneras estamos en una etapa de estudio.
-¿Cuáles son los parámetros que indican que el BNA no está funcionando como debiera?
Rodríguez: -Comparado con los nuevos participantes del mercado financiero argentino, el BNA es un elefante adentro de una jaula de pajaritos, con una estructura que le permite competir basado en una serie de privilegios y en inversiones edilicias que se hicieron en el pasado con otro tipo de orientación.
Hoy los bancos no son más inversiones edilicias. Son servicios a los clientes con una cartera de préstamos que en el caso del Nación está en cumplimiento irregular en aproximadamente un poco más del doble del promedio de los bancos grandes.
La nueva dinámica del sistema financiero le está quitando competitividad al BNA y podemos llegar a quedar con una herencia negativa para las finanzas públicas. Los pasivos del Nación son garantizados por el Estado, por lo tanto, cualquier cosa que vaya mal con la entidad, el Estado debe responder.
Prueba de su falta de dinamismo es que toda inversión que tenga que hacer el Banco que supere el millón y medio de pesos tiene que ser tramitada por medio de una pila de formularios que comienza en la Subsecretaría de la Inversión Pública y termina en la Secretaría de Hacienda con la autorización del Ministerio de Economía. Este proceso puede llevar entre 6 y 7 meses.
-¿Da pérdidas el BNA?
Rodríguez: -En este momento no está requiriendo financiamiento del Estado, pero no nos olvidemos de que tiene toda una infraestructura edilicia y un patrimonio que ha sido confiado a su administración para que produzca.
Hay ciertas cosas que son ganancias contables, como por ejemplo la refinanciación a los deudores, a quienes se les presta dinero porque pagan los intereses, que se consideran como ganancias.
Hace poco se refinanciaron 1500 millones de dólares de cartera agropecuaria y uno se pregunta: ¿son deudas cobrables o se refinanció porque no se podía cobrar un centavo?
Que me digan que el BNA tiene un patrimonio de 1900 millones de pesos y ganó 140 millones el último año no me convence demasiado. No es argumento suficiente para decir que ese dinero estuvo bien invertido y que cumple con su función social.
Por eso he sugerido la realización de una auditoría externa, independiente y privada para ver cuáles son el verdadero patrimonio, ganancias y funciones de la entidad.
Enrique Crotto: -En mi opinión éste no es el momento de privatizar el BNA. Quizá lo sea en 4 o 5 años. Si mañana sale esta privatización estoy seguro de que nadie del sistema bancario local podrá comprarlo. ¿Qué pasaría si la institución va a manos de dignísimos banqueros de Hong Kong, Shangai, u otros? ¿Qué pueden saber ellos de lo que ocurre en el campo argentino?
Hoy el BNA ofrece la tasa más baja en plaza al productor. Nadie puede discutir que actualmente para siembra o para reposición o retención de vientres es la entidad que presta más barato. Y éste es un motivo para querer que siga así.
El otro tema es el de la emergencia agropecuaria. El Nación es el único que las contempla, con la excepción del Banco Provincia, en Buenos Aires.
Rodríguez: -Creo que éste es precisamente el momento. La economía está creciendo al 8 por ciento, la cosecha es la más alta de la historia y la tasa de inflación es cero.
Lo que les estoy diciendo es que el BNA es deuda externa. No esperemos una crisis para privatizarlo, porque no va a valer nada.
Crotto: -No me refiero al momento de la economía. No creo que sea el momento del sistema bancario ni argentino, ni mundial. Me parece que no están dados los cambios que necesita el sistema para que el Nación deje de actuar como lo viene haciendo. Sin esta institución, el 50 por ciento de los productores agropecuarios se queda sin ningún tipo de asistencia.
Falta de información
González Fraga: -Estoy en contra de la privatización porque te lleva al cierre a la extranjerización, cosas de las cuales me opongo, porque parto de la base de que no hay ningún grupo nacional capaz de comprar el BNA.
Si uno toma la estructura de préstamos por actividades, por ejemplo, en lechería, la institución participa con el 55 por ciento de la asistencia, y la banca extranjera con el 4 por ciento.
¿Esto quiere decir que los tambos están quebrados? No, de ninguna manera. Significa que la información que dispone el sistema financiero en general sobre esta actividades es pobre, imperfecta e incompleta. Y esto es algo que la teoría económica reconoce como un factor de intervención estatal.
Por otro lado estoy de acuerdo con lo que dijo Rodríguez y creo que hay que subrayarlo: no es que hay que prestar a quienes no pueden devolver, a los pobres, a los que rinden menos. No. Yo confío en un sistema capitalista donde se van depurando los clientes.
Lo que sí creo es que en la estructura financiera hay muchas imperfecciones y creo que la banca extranjera, con todo lo que aporta de bueno a una economía, también aporta un desconocimiento de los riesgos.
-¿Qué va pasar con la oferta crediticia del Nación al agro?
Rodríguez: -Si bien la gama de clientes va mucho más allá de lo que la gente piensa, es cierto que esta entidad se especializa más que otros en temas agropecuarios.
Ahora bien, si el BNA le presta a sectores que después no pagan y hay que refinanciarlos continuamente es muy fácil darse cuenta de lo que va a ocurrir. Lo primero que se tiene que separar es la cartera buena de la mala.
Y si la cartera agropecuaria es una cartera buena y paga regularmente a tasa competitiva en el mercado, quien quiera que sea el que compre el Nación le va a interesar mantenerla.
Crotto: -Si vos decís (refiriéndose a Rodríguez) que el Banco tiene a todos los morosos del país, entonces no vale nada.
Rodríguez: -No digo que valga o no valga, tiene refinanciaciones significativas. Me parece perfecto que defendiendo al productor agropecuario defiendas al Banco que más se especializa en eso. Pero no te olvides de que yo tengo que defender al ciudadano argentino, que es quien respalda a la institución.
Crotto: -¿Cuándo se tuvo que sacrificar plata de la población argentina para pagar los desaguisados del BNA?
González Fraga: -El tema de los deudores es exactamente al revés de como lo mencionó Rodríguez. Hay muchos deudores que pagan a la banca privada porque rápidamente le ejecutan la garantía y no le pagan al Nación porque son los que tardan mucho en cobrar. Lo que el BNA consideraba incobrables era en realidad una cantidad de deudores que tenían una buena calificación en el resto de las entidades bancarias y esto perjudica a las estadísticas del Banco.
Adhiero a la preocupación del Gobierno por el Nación, la aplaudo. Pero creo que la idea de la privatización puede estar encandilada por el éxito de otras en empresas que no tenían una función pública. Pero sí creo que el BNA tiene una función pública como lo tienen una cantidad de instituciones similares o equivalentes en los países más privatistas de la Tierra.
En el tequila, por ejemplo, la entidad dio asistencia a una gran cantidad de entidades, casi como lo hizo el Banco Central. Hoy hay otros mecanismos, pero yo, si fuera gobierno, no me quedo sin un instrumento rápido y eficaz como el BNA.
Sin el Nación en el tequila hubiera caído el sistema financiero o la convertibilidad, porque el Central no tenía más posibilidad de asistir al sistema y no se sabe qué hubiera ocurrido.
Acá no tenemos que pelear privatistas contra no privatistas. Debemos decir si a los argentinos, en estas circunstancias, nos conviene o no mantener este tema.
Conclusiones
Rodríguez: Creo que la conclusión es no ideologizar el debate. El presidente fue sabio al decir que el tema va a ser estudiado y debe hacerse sobre la base de las funciones que nos importan que tenga el Banco Nación. Si todas las funciones que tenga esta entidad son compatibles con la actividad privada creo que el modelo económico argentino lo vende mañana mismo y cuánto más valga, mejor. Ese es mi criterio. Ahora, si hay funciones que no son delegables y que tienen valor social, creo que éste es el momento para empezar a discutir abiertamente sobre cuáles son e identificarlas y ver cuál es el tipo de apoyo sostenible y ver si el Nación, con su estructura presente, es el mejor instrumento o si hay otro.
González Fraga: -La alternativa a la privatización es un Banco Nación como sociedad anónima con mayoría estatal donde se tienda a evitar el clientelismo político que ha perjudicado mucho a la entidad, se le pueda dar un management más privado y se tomen las decisiones con rapidez.
Pero si la idea de privatizarlo es conseguir los mismos objetivos de forma más eficiente, estamos de acuerdo. Ocurre que me parece imposible.
Crotto: -Insisto que hoy no es el momento, pero eso no quiere decir que demuestren con un estudio bien hecho que es posible y nosotros lo vamos a aplaudir. Creo que hoy la banca privada no está preparada para absorberla. Pero no me niego a discutirlo y estudiarlo.
Sucursales en los distintos confines
Aproximadamente el 10 por ciento de las sucursales del Banco de la Nación Argentina están emplazadas en localidades en donde no existe otra entidad crediticia. De las 540 sucursales que tiene la entidad, según el viceministro de Economía, Carlos Rodríguez, 40 son exclusivas.
Para Javier González Fraga, en cambio, esa cifra es de 48. Pero más allá de esa diferencia, que aparece como poco significativa, se manejan metodologías de análisis distintas.
El estudio realizado por Rodríguez toma como referencia los códigos postales. "Esto no quiere decir que el banco tenga una sucursal en todas las zonas donde llegue el correo", aclaró.
Sin embargo, advirtió que "si el correo no va a un lugar, no corresponde que el Banco Nación tenga allí una sucursal, eso es obvio. No podemos poner una sucursal en la casa de cada argentino", ejemplificó. El criterio de González Fraga se basa directamente en un listado de localidades, entre ellas, Coronel Granada (Buenos Aires), Colonia Castelli (Chaco), Alto Río Senguer (Chubut), Calchín (Córdoba), San Luis del Palmar (Corrientes), Lucas González (Entre Ríos), Ibarreta (Formosa), Perico (Jujuy), Aimogasta (La Rioja), Rosario de Lerma (Salta), Barreal (San Juan) y Melincué (Santa Fe), por nombrar algunas de las más alejadas.
Importancia del riesgo y de la información
Cuando la información no está disponible para todos se justifica una intervención estatal, es la opinión de Javier González Fraga.
El director del Instituto Argentino de Mercados de Capitales dijo dijo que "nos vamos a sorprender, pero en los Estados Unidos, que tienen una economía abierta y competitiva hace muchos años, el 25 por ciento del total de préstamos está asignado por agencias gubernamentales o con garantía oficial, porque se entiende también que allí hay imperfecciones de mercado que justifica que el gobierno tenga que intervenir, por intermedio de agencias y no de bancos, para que el dinero llegue hasta el destinatario".
La evaluación que hizo González Fraga desde el punto de vista de un banquero -y a propósito recordó que en esto ha trabajado muchos años- es totalmente subjetiva del riesgo y depende de la información que tenga. "Por ejemplo -señaló-, imaginemos una reunión de directorio del City Bank en Park Avenue para analizar el otorgamiento de un crédito a la pizzería de la vuelta. "Esto puede prosperar. Pero en cambio, si la solicitud viene de otra pizzería, de la misma cadena comercial, con igual tecnología, pero ubicada a 10.000 kilómetros de allí seguramente no se aprueba. ¿Por qué? Porque la desconocen. Y esto tiene relación directa con el riesgo."
Según el economista, tenemos que entender que en el negocio crediticio no siempre la tasa de interés o el riesgo está asociado a la eficiencia y a la rentabilidad, sino que lo está con el conocimiento o el desconocimiento.
"Entonces -advirtió González Fraga-, tenemos que tener mucho cuidado con el cierre o con la extranjerización del Banco de la Nación Argentina (BNA), porque llevaría al cierre.
La extranjerización
"Veamos lo que pasó con la privatización y toda la transformación de la banca provincial en los últimos tres años: se cerraron 180 sucursales y eso que casi ninguna fue extranjerizada. Pero qué pasaría si éste fuese el caso. Ya se está sintiendo en las bancos recientemente extranjerizados que no todos tienen más rentabilidad que el BNA ni son un paradigma de eficiencia", agregó.
"Tenemos que tener mucho cuidado porque es una entidad que tiene 107 años y que quizá estuvo mal manejada en los últimos 20, 30, o 40. Sí es cierto que hay que repensarla, que tiene que alejarse de los grandes edificios y de sucursales de no menos de 20 personas para tener sucursales de 4 personas, cajeros automáticos y probablemente abrir 500 sucursales más", subrayó el especialista.
Al referirse a la presencia del Nación en el interior, González Fraga dijo que si uno toma pueblos donde no hay ningún banco en la Argentina -como se informa en la primera página-, en un pueblo de Brasil, equivalente en dimensiones o en distancias, sí los hay. "En ese país -precisó- funcionan varios bancos con más de mil sucursales y acá nos asombramos con un banco que tiene algo más de 500."
El economista opinó que esta situación es sumamente importante por objetivos que tienen relación con lo económico, pero que también se vinculan con aspectos sociales y políticos, como lo es la integración nacional.
Por otra parte, para González Fraga el Nación es el único banco que tiene una relación de préstamos que demuestra que capta mucho más en los centros financieros y presta mucho más en el resto del país.
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