
La tradición afirma que en esta cueva se podía negociar con Mandinga casi cualquier don a cambio del alma
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Muchos hemos crecido dudando del significado de la frase quod natura non dat Salamanca non prestat : lo que la naturaleza no da Salamanca no presta.
Este dicho define una verdad irrefutable: los que nacieron con pocas luces y escasa viveza, no cambiarán sus dones por mucho que se esmeren en acudir a la Universidad de Salamanca en busca de cultura y educación. Esta frase explica otra verdad, más colorida pero igual de cierta. Lo que Dios no nos dio al nacer, no podrá obtenerse entregando el alma al diablo a cambio del bien deseado.
En las provincias del Norte era muy sabido que el terrible intercambio se llevaba a cabo en La Salamanca.
Con este nombre se denomina allí a una cueva muy bien escondida. Solamente los iniciados en las malas artes de la brujería son capaces de encontrarla. Las versiones de quienes dicen haber estado allí son muchas, y el relato original se va diluyendo a medida que pasa de boca en boca.
Nadie puede mentir que estuvo allí, para darse aires de corajudo, es muy fácil detectar al impostor. El que entró en La Salamanca, al salir ya no proyecta sombra. El diablo la toma como prenda.
Los sábados por la noche se reúnen brujos, hechiceros, alquimistas, magos y alguno que otro ambicioso que quiere obtener de Zúpay (el diablo, que debe acentuarse así, porque todas las palabras quechuas son graves) aquello que desea....talento, fortuna, amor, juventud, destreza, poder.... sabiendo que va a tener que pagar.
Antes que nada hay que sortear la tenebrosa entrada, un laberinto guardado por bestias infernales como el basilisco, una serpiente con ocho patas y cabeza de gallo que convierte en piedra todo lo que mira, arañas enormes, un chivo que despide un olor nauseabundo de fuerza descomunal que con sus topetazos impide que salga el que ya entró.
Desde allí un cuervo con pico de facón y ensordecedores graznidos guía al novato hasta las entrañas de La Salamanca.
Allí lo espera Mandinga, lo somete a pruebas como escupir un crucifijo y razgar el manto de la virgen y renegar de todos los principios de honor.
El pacto se firma con sangre a la luz de lámparas alimentadas por wira (sebo) humano, y se estipula con fecha y hora el momento de la entrega del alma.
A partir de ese momento el iniciado puede unirse al desaforado Tinku (jolgorio) que organizan los Calcus (brujos) entre carcajadas y gritos los diablos, las diablas y los diversos entenados celebran sus ritos lujuriosos y sangrientos.
Al amanecer el iniciado puede salir, ya dotado del bien requerido. Eso sí, no hay que olvidarse que en los pactos con el maligno, solamente él sale ganando. Basta recordar el último contrapunto de Santos Vega.
Desde los casos famosos de la literatura y las leyendas populares hasta las historias escuchadas en pulperías, fogones y corrillos varios, hay algo seguro: los tratos con Juan Sin Ropa siempre terminan mal, incluso en la vida terrenal.
El origen castizo de La Salamanca está en las cuevas cercanas a la universidad del mismo nombre. Allí, los estudiosos se reunían a discutir y estudiar ramas del conocimiento consideradas heréticas.
Pasó mucho tiempo desde el medioevo. Sin embargo, un aura misteriosa y maligna se cierne sobre estos lugares.
En suma, puede que La Salamanca preste algo, pero a la hora de pagar, el pobre ambicioso verá que no hizo un buen negocio.




